Archidiócesis de Madrid, sobre el aborto: «La ley no puede elevar a derecho un mal»

Archidiócesis de Madrid, sobre el aborto: «La ley no puede elevar a derecho un mal»

Plantear el aborto «no como un mal o un mal menor» sino «como un bien digno de tutela constitucional» es un «ejercicio de malabarismo moral», denuncia un manifiesto de la Delegación de Familia y Vida

María Martínez López
El arzobispo de Madrid saluda a embarazadas durante la presentación de niños a la Virgen con motivo de la Presentación del Señor. Foto: Archimadrid.
El arzobispo de Madrid saluda a embarazadas durante la presentación de niños a la Virgen con motivo de la Presentación del Señor. Foto: Archimadrid.

«Todas aquellas reformas legales que hagan más vulnerable la vida naciente presentan una grave objeción ética y no debería apoyarse». Así concluye el manifiesto hecho público este miércoles por la Delegación Episcopal de Familia y Vida de la archidiócesis de Madrid «ante la propuesta de reforma constitucional para incluir el derecho al aborto». 

El manifiesto se ha divulgado este 25 de marzo, cuando la Iglesia celebra la Jornada por la Vida. También se leerá públicamente en la Misa que, por este motivo, tendrá lugar a las 19:00 horas en la catedral de la Almudena.

El texto comienza recordando que según datos del Ministerio de Sanidad de 2024, se registraron en España 106.173 abortos, unos 3.000 más que en 2023. «Solo el 21% se hicieron en centros públicos, lo que muestra el peso del sector privado en esta actividad».

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, en la rueda de prensa que anunció la reforma el 14 de octubre de 2025. Foto: EFE / Mariscal.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, en la rueda de prensa que anunció la reforma el 14 de octubre de 2025. Foto: EFE / Mariscal.

«Consideramos que el aborto es siempre una tragedia. Supone una situación indeseable para la mujer y la eliminación del curso de una vida humana distinta de ella». La delegación reconoce que «existen, sin duda, razones dramáticas que explican que algunas mujeres no deseen continuar su embarazo». Sin embargo, «preocupa la progresiva normalización de algo que debiera considerarse excepcional». 

A los autores del texto también les «inquieta la anestesia social ante un acto invasivo y cruento sobre el cuerpo de la mujer, que alberga una vida humana en desarrollo». Y lamentan que «se olvida con frecuencia que la vida es un don inviolable».

¿Qué dice el manifiesto sobre el «derecho» al aborto?

En este contexto, el manifiesto subraya que la reforma de la Constitución anunciada por el Gobierno para incluir el acceso al aborto como un derecho «plantea el aborto no como un mal o un mal menor» sino «como un bien digno de tutela constitucional». Esto supone un «ejercicio de malabarismo moral». 

En esta línea, el documento afirma más adelante que «los cristianos no deseamos criminalizar el aborto. La ley humana puede renunciar al castigo, pero no puede declarar bueno y elevar a derecho lo que constituye un mal, aunque entre en conflicto con otras realidades».

Asimismo, sostiene que «el aborto no puede convertirse en un derecho —menos aún en un derecho fundamental— sin violentar el propio concepto de derecho». Este, explica, «se orienta a la satisfacción de necesidades y no a suprimirlas. Tampoco es un acto banal. Los derechos se vinculan siempre a bienes que favorecen el crecimiento y el desarrollo de la vida humana».

Madres durante la Misa por la Jornada por la Vida del año pasado. Foto: Archimadrid.
Madres durante la Misa por la Jornada por la Vida del año pasado. Foto: Archimadrid.

Frente a este planteamiento, se señalan tres cuestiones. La primera de ellas es «la ausencia de estudios suficientes sobre las razones que llevan a algunas mujeres a acudir al aborto». Dado que este es un «acto agresivo sobre la vida y sobre el cuerpo de la mujer», estos estudios deberían tener «el fin de tratar de revertirlas». 

El texto insiste en que en el aborto hay una «alteridad», se da «la existencia de otro ser humano». Por ello, recalca «la necesidad de ayudar removiendo las causas sociales, culturales, económicas que llevan a muchas mujeres a renunciar a continuar su embarazo».

Mercantilización del cuerpo

Por otro lado, el manifiesto apunta al «peligro de mercantilización del cuerpo de la mujer desde una perspectiva propietarista». Con medidas como la reforma constitucional, existe «el riesgo de consolidar una industria del aborto concebida como negocio».

En último lugar, y analizando el contenido concreto de la reforma constitucional anunciada por el Ejecutivo, se critica el «fraude procedimental». Se ha decidido «tramitar esta cuestión mediante la reforma del artículo 43 de la Constitución», sobre deberes prestacionales, y no modificando el artículo 15. «De este modo se elude la deliberación y el debate parlamentario propios de una democracia de alta intensidad, así como las mayorías cualificadas exigidas por la propia Constitución». 

A la vista de esto, el manifiesto concluye que «la propuesta de reforma constitucional constituye, a nuestro juicio, un serio retroceso» en la protección de la «vida de los más frágiles y vulnerables en todas las etapas y circunstancias». Y añade que «en el fondo y en el procedimiento, debilita los valores constitucionales y la calidad deliberativa de la democracia. La vida es un don inviolable que debe ser protegido siempre por las normas», remacha.

Asimismo, en el manifiesto, la Delegación Episcopal de Familia y Vida se suma al mensaje de los obispos de la subcomisión homóloga de la Conferencia Episcopal Española. «Apostamos por la “alianza social para la esperanza” a la que nos invitan los obispos», aseguran. 

Además, matizan que con este pronunciamiento «no estamos contra nadie, sino a favor de cuidar y acoger toda vida. Nuestras convicciones nos llevan a proteger siempre la vida de los más frágiles y vulnerables en todas las etapas y circunstancias de su vida, integrando bioética y moral social, política y económica».

Otros mensajes clave
  • «Nuestra palabra es positiva y constructiva: creemos en el profundo valor de toda vida humana, portadora de una dignidad infinita».
  • «No existe gradualidad en el valor moral de la vida humana». A lo largo de toda su existencia, antes y después del nacimiento, no hay «cambios de naturaleza». «El embrión humano posee desde el inicio la dignidad propia de la persona y su valor no depende del proyecto familiar, la condición social, la formación cultural ni el grado de desarrollo físico».
  • Los cristianos «deseamos defender la vida y la dignidad de la mujer y también la del embrión y feto humanos, buscando caminos de mejora y humanización. Nuestro camino no es el de la confrontación sino el del diálogo».
  • «En una sociedad plural reconocemos la dificultad de un coloquio profundo y sosegado sobre estos temas, que tenga en cuenta la evidencia científica y los dramas concretos que viven muchas mujeres. Los cristianos no podemos dejar de sostener nuestras convicciones y valores», pues su postura es «sostenible desde la ética civil mínima. Apostamos por la tolerancia y el diálogo, pero también prevenimos contra el riesgo del relativismo moral».
  • «No cabe desarrollo y promoción dignos cuando se ningunea la consideración de otra vida humana, aunque sea intrauterina».