Antonio, en cuidados paliativos: «Tiene que venir algo bueno; si no, la vida sería una gaita» - Alfa y Omega

Antonio, en cuidados paliativos: «Tiene que venir algo bueno; si no, la vida sería una gaita»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Antonio en su habitación de la Fundación Hospitalarias Madrid.
Antonio en su habitación de la Fundación Hospitalarias Madrid. Foto: j. L. V. D.-M.

A sus 85 años, Antonio nos espera sentado en su habitación, en una planta reservada para enfermos que reciben cuidados paliativos. Sabe desde hace días que le van a hacer una entrevista, así que cuando entramos apaga el televisor y comenzamos a hablar. Lo hacemos comenzando por su Atleti. Es uno de los anawin, los que solo tienen a Dios, y sabe mucho de esperanza.

—Me han dicho que tiene algo en los pulmones…
—No me puedo levantar. Con decirte que en un mes no he salido del hospital y de la habitación… Veo lo que hay por la ventana. Me gustaría darme una vuelta y ver esto.

—¿Cuánto tiempo lleva así?
—Muchos años. Ya cuando la pandemia me encontraba mal.

—¿A qué se ha dedicado? ¿Qué ha hecho en la vida?
—Siempre he trabajado en el sector de la óptica. Con 14 o 15 años lo hacía con un representante, yo le llevaba el maletín con las muestras. Luego, cuando se murió el jefe, mi hermano y yo montamos una óptica en Madrid. Era el año 1965. Y ahí he estado siempre.

—¿Hasta cuándo?
—Hasta hace poco. El negocio lo empezó a llevar un sobrino y yo iba por las mañanas ahí y me entretenía un rato. No despachaba, pero a lo mejor hacía algún arreglo. Pero eso se terminó. Sabes por qué, ¿no? Por el tabaco.

—¿Ha fumado mucho en su vida?
—Bueno, una media de un paquete diario. He hablado con amigos y con gente mayor que yo que aseguran haber fumado tres al día. Yo no tanto, pero al final me ha hecho esta pena.

—Aparte de la óptica y del Atleti, ¿qué aficiones ha tenido en su vida?
—No tuve familia ni me casé. De joven montaba en bicicleta con los amiguetes. A lo mejor nos íbamos a la sierra, subíamos por Navacerrada y bajábamos por Cotos. Pero luego vino la mili y dejé lo de los pedales. Del Atleti soy… ¡porque soy del Atleti!, pero he ido pocas veces al campo.

—¿Y los días que libraba?
—Los domingos iba a pescar a los pantanos de Entrepeñas y Buendía. A veces pescaba algo y a veces no.

—¿Y ahora a qué dedica el día?
—Para pensar no tengo tiempo. Por el día pongo la tele y la estoy mirando: una película, un partido de fútbol, lo que sea. Por la noche apago la televisión y enciendo la radio.

—¿Le gusta la radio?
—Bueno, me acompaña. Me gustan más las conversaciones que la música. La escucho hasta que me quedo dormido. Así no pienso, porque si pienso… Lo que tengo no tiene arreglo, no voy a poder estar como yo quiera.

—Cuando mira atrás a sus 85 años de vida y piensa en todo lo que ha experimentado, ¿qué le pasa por la cabeza?
—Lo primero, me arrepiento de haber fumado. Si no lo hubiera hecho ahora estaría bien, podría andar. Porque yo he cogido el coche hasta después de la pandemia.

—¿Es usted creyente, Antonio?
—Sí, creo en Dios. Lo que pasa es que no iba a Misa, solo lo hacía de vez en cuando. Pero pienso en Dios todos los días, rezo lo que tengo que rezar. En lo que va a venir no quiero pensar.

—¿Podría ser algo bueno?
—Hombre, supongo que tiene que ser algo bueno, porque si no, la vida es una gaita. Si todo el mundo pensara que después no hay nada, entonces todo el mundo podía ser malo. En cambio, si soy bueno, voy a estar bien; y si soy malo, lo voy a pasar mal. Entonces, pues a ser bueno, que no cuesta ningún trabajo.

—¿Hay algo que se haya quedado sin poder hacer en su vida?
—No, porque las pocas cosas que he podido querer las he tenido. De pequeño, con 10 o 12 años, me regalaron unos patines. Luego me regalaron una bicicleta y después de la mili tuve una moto. Y luego he tenido varios coches. ¿Qué más voy a querer? ¿Un avión?