Ante la reapertura de la catedral de San Elías, en Alepo: «Es la prueba de que todavía estamos en Siria»

Después de difíciles trabajos de reconstrucción, la catedral maronita de San Elías –en la ciudad siria de Alepo–, destruida durante la guerra por varios morteros, se consagrará oficialmente el próximo lunes 20 de julio

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Foto: AFP PHOTO / George Ourfalian

Después de difíciles trabajos de reconstrucción, la catedral maronita de San Elías –en la ciudad siria de Alepo–, destruida durante la guerra por varios morteros, se consagrará oficialmente el próximo lunes 20 de julio

«La restauración y reapertura de la catedral tienen un significado simbólico. Es un mensaje para los cristianos de Alepo y del mundo entero; es la prueba de que todavía estamos en Siria. Nuestras voces continuarán alabando a Dios en este lugar, a pesar de todas las dificultades», declaró monseñor Joseph Tobij, arzobispo maronita de Alepo, a la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada –ACN.

Construida en 1873 y renovada en 1914, la catedral de san Elías registró entre 2012 y 2016, al menos tres fuertes ataques con misiles y numerosos incidentes menores. Los daños más graves ocurrieron en 2013, cuando los yihadistas irrumpieron en esa parte de la ciudad y trataron de destruir toda señal cristiana.

Tras permanecer en ruinas durante cuatro años, la catedral pudo abrir de nuevo sus puertas en la Navidad de 2016, después de que esa parte de la ciudad quedara liberada de los rebeldes. «Decidimos enviar un mensaje de esperanza de que el Hijo de Dios estaba encarnado y todavía está con nosotros. El momento, durante la celebración eucarística ceremonial, en que el niño Jesús fue colocado en el pesebre hecho de las ruinas del techo derrumbado fue muy conmovedor, ya que todos los que estábamos allí llorábamos y reíamos al mismo tiempo», recuerda el arzobispo en la entrevista de ACN.

De los 1,5 millones de cristianos que vivían en el país antes de la guerra, se calcula que queda un tercio. En Alepo las cifras son similares; según Ayuda a la Iglesia Necesitada, había unos 180.000 cristianos antes de la guerra, de los que se calcula que han quedado alrededor de de 30.000. La catedral acogerá a la comunidad cristiana maronita, que realiza una gran labor social de ayuda humanitaria en la ciudad. «Nuestro deseo es quedarnos, no solo porque nacimos aquí o porque no nos queda otra solución, sino porque es nuestra misión». «Somos una familia y mi intención era renovar la casa común que nos une y nos acoge», concluyó monseñor Tobij.

Alfa y Omega / ACN