Andrés David Forero: «Mi historia de amor con Dios no acaba con la enfermedad» - Alfa y Omega

Andrés David Forero: «Mi historia de amor con Dios no acaba con la enfermedad»

Este joven colombiano recibe nuestra llamada días después de celebrar su ordenación sacerdotal y una hora de su tercera sesión de quimio. «Dios no me prometió vivir sin enfermedades, me prometió su amor», dice

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Andrés David Forero
El joven sacerdote durante la celebración de su primera Misa, hace unos días. Foto cedida por Andrés David Forero.

—Acaba de celebrar su primera Misa como sacerdote, unos días después de recibir la ordenación. ¡Enhorabuena!
—El de la ordenación fue un día muy especial, porque lo esperaba desde que era muy niño. Fue un momento de amor, una caricia de Dios que me decía: «Estoy aquí». Mi primera Misa la celebré en la parroquia de San Alonso Rodríguez, en Palma de Mallorca, donde tras venir de Colombia me acogieron los hermanos de la Renovación Carismática. Crecí en este ambiente en mi país y quise compartir con ellos este momento tan especial.

—Me han dicho que anda un poco flojo de salud.
—Sí, hace un mes y medio me diagnosticaron un linfoma, un cáncer que se extiende por todo el sistema linfático. Llevaba ya varios meses un poco enfermo, y tras la Misa de la última Nochebuena me sentí realmente mal. Ahora lo vamos combatiendo y en un rato tengo que entrar en mi tercera sesión de quimioterapia, de las seis que me van a dar.

—¿Cómo está llevando la quimio?
—Sorprendentemente, muy tranquilo. Los médicos me dicen que están haciendo todo lo posible para que sea curable. Estamos enfocados, tanto ellos como yo, en que sea así. Esa es la esperanza que tenemos.

Andrés David Forero
Foto cedida por Andrés David Forero.

—Todo esto le ha venido siendo ya diácono. ¿Cómo surgió su vocación?
—Yo vengo de una familia colombiana muy católica, con la fe muy arraigada. Mis hermanos y yo íbamos de niños todos los días a Misa. Teníamos un trato asiduo con sacerdotes cercanos; eso me hizo preguntarme en el instituto qué quería Dios de mí. Empecé a estudiar Filosofía en la universidad de los padres eudistas y, en la Jornada Mundial de la Juventud del año 2019, en Panamá, le pedí a Dios que me mostrara mi camino.

—¿Y cómo acabó en Mallorca?
—Es la providencia de Dios. En mi vida apareció de repente este lugar que yo no conocía ni sabía que existía. Leyendo en las redes sociales vi que había seminarios muy vacíos, como el seminario de Mallorca, que entonces tenía pocas vocaciones. Entonces le dije al Señor: «Si tú quieres que yo sea sacerdote, llévame donde más me necesiten».

—¿Y qué pasó después?
—Me puse en contacto con el seminario y vine en junio para conocerlo. En septiembre ya estaba empezando el curso. Todo fue muy rápido, muy providencial. Dios nos mueve siempre.

—En esta manera de ver su historia bajo la mirada de Dios, ¿cómo encaja su enfermedad?
—Como un reto, porque Dios siempre nos desafía en el buen sentido. Hace unos días en la Misa leímos la escena de Jesús en la barca con los discípulos. Allí Él les pide hacer algo diferente: tirar la red a la derecha, en lugar de a la izquierda, como estaban haciendo. A mí Dios me ha pedido en este momento, con la enfermedad, tirar la red a la derecha: hacer otra cosa diferente, vivir el ministerio y mi vida de otra manera, porque Él quiere seguir teniendo el lugar primero que le corresponde en mi vida.

Andrés David Forero
Foto cedida por Andrés David Forero.

—Eso suena difícil.
—No quiero romantizar estos momentos porque son difíciles de asumir, pero si a Dios lo amamos en la alegría, ¿por qué no lo podemos amar en el dolor? Si Él murió por nosotros en la cruz, ¿por qué no podemos compartir con Él la cruz? Si creemos que Él es el Dios del amor, también en el dolor se le puede amar. Son reflexiones que he hecho a lo largo de ese tiempo. Yo no me he sentido abandonado por Él, a pesar de que a veces me haya preguntado por qué a mí. Dios no me prometió vivir sin enfermedades, me prometió su amor.

—Muchos sufren por sus dolencias o por las de alguien cercano. ¿Qué les diría desde su experiencia?
—Tenemos que agudizar el oído y la vista para no ir a Dios solo para que nos sane. Mi historia de amor con el Señor no acaba con la enfermedad. Yo he visto a Dios en el cuidado de mi familia y también en todos los seminaristas y sacerdotes que han dormido a mi lado en el hospital cada día de mi convalecencia. Estos son gestos de amor que vienen solamente de Dios. Agudizar el oído y la vista es descubrir en los demás este amor que nos sostiene.

La enfermedad nos saca de nosotros mismos, no nos la esperamos. Pero también nos permite dar lo mejor de nosotros. Algo que le he pedido al Señor es que nunca reniegue de Él, aunque no comprenda, aunque no vea claro lo que va a venir. Dios nos ama y está continuamente en medio de nosotros.