Andrea Riccardi: «Las instituciones han perdido su alma» - Alfa y Omega

Andrea Riccardi: «Las instituciones han perdido su alma»

El presidente de la Comunidad de Sant’ Egidio es un promotor del diálogo entre culturas y religiones. Con él desgranamos las claves de la encíclica

Victoria Isabel Cardiel C.
Riccardi y su comunidad han sido mediadores en conflictos internacionales. Intervino también en la presentación de la encíclica. Foto: CNS

¿Con qué mensaje de Fratelli tutti se queda?
–El mensaje principal es que no podemos renunciar al sueño de un mundo fraterno. El Papa advierte que la guerra es el presente, y que corre el riesgo de ser el futuro. Nosotros vemos los conflictos por televisión, anestesiados, como si fueran un videojuego que no nos concierne. Solo nos llegan a afectar si los refugiados vienen hasta donde estamos nosotros. El Papa, en cambio, expresa: «Toda guerra deja al mundo peor que antes». Esta encíclica es un paso importante para la paz. Por eso hay que pensar como una opción realista, como dijo don Luigi Sturzo en 1929, que la guerra, como medio de protección, debe ser abolida como ha pasado con la esclavitud.

¿Estarán a la altura las instituciones internacionales?
–El multilateralismo vive una crisis. Las instituciones internacionales, como la ONU, han perdido su alma. Y aquí está la paradoja. El mundo global ha unificado la economía, los transportes, la comunicación… pero no hay un horizonte común. Todo está fragmentado; las distintas opiniones responden a intereses particulares que buscan el propio beneficio. Es cierto que las instituciones tienen la tarea de despertar esta «arquitectura de la paz». Pero nosotros, la gente común, no podemos ser espectadores. Tenemos que ser portadores de paz.

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?
–Los movimientos por la paz se han debilitado. Hemos cedido a la guerra amparándonos en excusas supuestamente humanitarias, defensivas o preventivas, acudiendo incluso a la manipulación de la información.El Papa propone frente a esta indiferencia una mirada de fraternidad, incluso en lo que sucede lejos. Y va más allá, porque señala que, ante la lógica del conflicto, debemos ser guardianes de la paz.