Andrea Riccardi: «El espíritu de Asís preparó el terreno al documento sobre la fraternidad humana» - Alfa y Omega

Andrea Riccardi: «El espíritu de Asís preparó el terreno al documento sobre la fraternidad humana»

«Cada encuentro [de Sant’Egidio] es un encuentro de oración, y da fruto, con el tiempo». Andrea Riccardi, fundador de esta comunidad católica, invita a tener paciencia para conocer lo que habrá salido del Encuentro Internacional Paz sin Fronteras, clausurado este martes en Madrid. Cita por ejemplo las conversaciones que continúan para desarrollar los acuerdos de paz en la República Centroafricana, o cómo un líder musulmán de Pakistán está intentando reproducir el espíritu de Asís en su país para evitar conflictos entre religiones

María Martínez López
Foto: Archimadrid/José Luis Bonaño

«Cada encuentro [de Sant’Egidio] es un encuentro de oración, y da fruto, con el tiempo». Andrea Riccardi, fundador de esta comunidad católica, invita a tener paciencia para conocer lo que habrá salido del Encuentro Internacional Paz sin Fronteras, clausurado este martes en Madrid. Cita por ejemplo las conversaciones que continúan para desarrollar los acuerdos de paz en la República Centroafricana, o cómo un líder musulmán de Pakistán está intentando reproducir el espíritu de Asís en su país para evitar conflictos entre religiones

Este encuentro de Madrid ha resultado muy intenso, pero en realidad las mesas redondas solo ocupaban una parte limitada de las jornadas. ¿Qué papel juega en estos encuentros lo que sucede entre bambalinas? ¿Qué posibilidades ofrece, por ejemplo, eventos como la cena del lunes en el Ministerio de Exteriores?

Y no solo en el Ministerio de Exteriores. Estos días se han celebrado muchas cenas y muchos encuentros. Un día y medio de mesas redondas es importante porque es importante hablar juntos, y eso nos acerca. Pero aquí la sensación que ha habido es la de un pueblo de líderes, hombres y mujeres, una caravana de humanistas que se va reencontrando en muchos lugares del mundo. He estado en Pakistán, y he sabido que cada vez que un líder musulmán importante de este país participa en uno de estos encuentros, al volver a su país reúne a los líderes de todas las religiones. Y me contaba que en algún momento fuerte de tensión entre los musulmanes y los cristianos él ha intervenido. El espíritu de Asís sigue circulando.

En esos momentos de encuentro informal, ¿ha habido alguna cuestión candente, tratada con más frecuencia o interés?

Son cuestiones de todo tipo. Algunas tienen que ver con las relaciones entre religiones, el ecumenismo; otras situaciones políticas. En este ámbito, por ejemplo, dada la presencia del presidente de la República Centroafricana, Faustin-Archange Touadéra, hemos hablado mucho con él del desarrollo de su país, y del desarrollo de la paz. Esto me parece importante. Cada encuentro es un encuentro de oración y da fruto, con el tiempo.

El presidente de Sant’Egidio, Marco Impagliazzo, ha revelado en este encuentro que la Comunidad jugó un papel en hacer posible el documento sobre la fraternidad humana firmado por el Papa y el imán de Al Azhar en Abu Dabi. ¿Cómo fue esto?

El documento está muy ligado al Papa y su relación personal con el imán, Ahmed  al Tayyeb. Nosotros hemos tenido un papel en el sentido de que el espíritu de Asís preparó el terreno. Hemos ido tejiendo una relación muy estrecha con Al Tayyeb, porque ha participado en nuestros encuentros y se fue dando cuenta de la realidad del mundo cristiano.

Este documento sobre la fraternidad ha estado muy presente en todo el encuentro. Lo que se ha dicho es que seguramente es un faro para las elites culturales y religiosas pero todavía inaccesible a las bases. ¿Cómo hacerlo llegar a los pueblos?

El documento de Abu Dabi no está aislado, es el fruto de una historia larga del diálogo en el espíritu de Asís que comenzó en 1986. No es un hongo que surja ahora y que tengamos que hacer llegar a la gente. Estoy convencido de que viene de lejos. De hecho nació en dos encuentros interreligiosos, en El Cairo y en Abu Dabi, que son encuentros que tienen las características del espíritu de Asís.

El discurso que dice que se lee poco y se pregunta cómo hacerlo llegar es verdad. Pero la paz, el diálogo, no son solo algo para los académicos, para las elites, para tratar en grandes hoteles. Son algo que afectan a la vida cotidiana, a los niños de religiones diferentes y a sus familias en los barrios y en los colegios. En este sentido, como bien dice el documento, el diálogo sirve para vivir juntos.

¿Ha cambiado la forma en la que los políticos miran y se relacionan con las religiones ante los nuevos desafíos a los que se enfrenta el mundo entero?

Creo que en general ha cambiado, pero depende de los países. Es cierto que en España, por ejemplo, existe una herencia de extrañeza entre el mundo laico y el mundo católico, de contraposición que no es solo la de la Guerra Civil sino también otra más reciente. Y creo que figuras como el cardenal Osoro están haciendo mucho para reconstruir una relación de cordialidad y diálogo que en [Italia] es más común.

Foto: EFE/Mariscal

¿Ha sido posible aquí en Madrid establecer contactos que permitan desbloquear la puesta en marcha de los corredores humanitarios en España, o que España se sume a la propuesta de un corredor humanitario europeo?

Hemos hablado de esto. Pienso que el discurso de los corredores humanitarios para los sirios que están en el Líbano es un discurso justo, decisivo, que debe afectar a España como ya lo hace con Italia, Francia y Bélgica. Pero después debemos pensar en los corredores humanitarios para las 150.000 personas prisioneras en condiciones inhumanas en Libia. Es una vergüenza que Europa se desentienda de lo que sucede no muy lejos de sus costas.

¿Cómo se liman las asperezas entre esta diplomacia discreta de Sant’Egidio y los canales oficiales del Vaticano?

Este es un mito que se repite. Antes de venir aquí he hablado por teléfono por monseñor Paul Gallagher, [secretario de Relaciones con los Estados del Vaticano], de algunos problemas.

Ya en el mensaje que envió el Papa Francisco al encuentro se habla del 30º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Pero estos primeros 20 años del siglo XXI ha habido otros tantos muros nuevos. ¿Qué ha sucedido? ¿Hemos ido para atrás?

1989 fue un gran sueño de paz. Se esperaba una gran paz, una paz sin fronteras, extendida, cuando cayó el Muro. Y tal vez existió la ocasión para ello. Ahí comenzó la globalización. Pero la globalización no ha significado paz. Ha sido una globalización prevalentemente económica, que ha aportado bienestar en algunas partes del mundo pero no una verdadera unificación política y espiritual. Más bien la globalización ha hecho crecer el miedo. Y hoy todos tenemos miedo unos de otros. Los muros nacen del miedo, son una reacción de autodefensa. Pero son una simplificación. Porque hoy el mundo no se puede dividir con muros. El cielo nos une. La Amazonia que arde nos afecta a todos. Las cuestiones de los migrantes no puede resolverlas un único país. Hoy es necesaria una política global. Y no hay paz si nos recluimos dentro de muros. También porque la guerra de mi vecino se convierte un poco en mi propia guerra. Es lo que ha ocurrido en Siria. La guerra allí, con el flujo de refugiados, ha creado una cantidad de problemas increíbles a los países vecinos: a Europa, a Turquía, a Jordania. Es decir, que la guerra nos afecta a todos.

El Papa, y también usted en la inauguración, citaba la cuestión de la defensa del medio ambiente. Nuestra casa común se quema, y estamos muy cerca del comienzo del Sínodo sobre la Amazonía. ¿Cómo defender la humanidad y su hogar?

La encíclica Laudato si no ha sido un documento que ha pasado como tantos otros documentos de la Iglesia o del mismo Papa. La cuestión ecológica hoy responde a una necesidad que sentimos todos. Al principio parecía algo que preocupaba solo a las elites o a la gente más implicada, a los verdes. Pero hoy la realidad es muy diferente, porque hoy, incluso en países como los nuestros en los que estamos bien, todos nos damos cuenta de que hace más calor, de que hay problemas con el agua. Y en otras muchas partes del mundo la gente debe abandonar su país por motivos medioambientales. Para mí, la sensibilidad ecológica está hoy mucho más difundida. Enlaza también con el diálogo religioso porque todas las religiones hablan de la tierra como el lugar de la vida del hombre y del destino común de los pueblos. De hecho, aquí en Madrid hemos hablado mucho de la cuestión ecológica y de su dimensión espiritual. La dimensión espiritual, la política, la social, no están aisladas, sino que están estrechamente ligadas.

María Martínez López/Radio Vaticano