Amalia ya no tendrá que sufrir más violencia en su trabajo
La regularización extraordinaria de migrantes tendrá un impacto directo en la vida de medio millón de personas. Entre ellas, Amalia o Yenifer, que llevan años tratando de abrirse paso en España. «Ha sido demasiado duro»
Si nos referimos a la regularización extraordinaria de migrantes tan solo a través del número de personas que se podrán acoger a ella —500.000—, o utilizamos alguno de los adjetivos —por ejemplo, masiva— que estos días pueblan numerosos artículos, corremos el riesgo de deshumanizar una realidad que afecta a personas concretas. Son seres humanos con rostro, con nombre y apellidos, con una historia concreta que, en muchas ocasiones, está marcada por el dolor. Como la de Yenifer, que tuvo que abandonar con tan solo 19 años su Honduras natal, y la casa familiar, por culpa de los continuos atracos que sufría a la vuelta de la universidad. O la de Amalia, que define los primeros meses que pasó en España como «demasiado duros».
Esta peruana tuvo que trabajar mucho. «Muchísimo», matiza. «Hubo temporadas en las que eché 16 e incluso 18 horas». Además, se desempeñó en un puesto que no tiene nada que ver con lo que había estudiado en Perú. «Soy psicóloga», explica, pero «aquí hice cosas que nunca había hecho en mi país». Limpiar, cuidar niños y, en la actualidad, servir copas y cafés. Es muy diferente a lo que estaba acostumbrada. «Trabajaba para el Estado en el área de violencia contra las mujeres. Estaba muy involucrada», asegura, sin poder aportar más datos por cuestión de seguridad. Su implicación le terminó pasando factura: «Empecé a sufrir violencia por parte de los mismos hombres que agredían a sus mujeres». Y a pesar de que «denuncié los hechos a la Policía, la violencia continuaba y tuve que terminar por marchar del país». Amalia llegó a España en agosto de 2024. Su primera decisión fue ponerse a estudiar. El coste de los cursos, sin embargo, se convirtió en un obstáculo insalvable para ella. También, al poco de llegar, solicitó asilo, así que le dieron la conocida como «tarjeta roja» y se pudo poner a trabajar legalmente. Este documento de identificación provisional certifica que un extranjero ha solicitado protección internacional y su solicitud ha sido admitida a trámite. Permite residir legalmente y, tras seis meses, trabajar en España mientras se espera la resolución final, que suele demorarse entre uno y dos años.
A priori se trataba de una buena noticia. Pero en mayo de 2025, cuando entró en vigor la modificación del reglamento de extranjería, se convirtió en una trampa. El cambio establecía que a los solicitantes de protección internacional que se les denegara su solicitud perderían la autorización de residencia y trabajo y, además, deberían esperar dos años más —viviendo ilegalmente— para solicitar la regularización por arraigo social. Anteriormente, a quienes pedían asilo les contaba el tiempo de residencia desde su llegada; por lo que, si su solicitud no era tomada en consideración, casi de inmediato podían acogerse al arraigo social. «Con la modificación del reglamento, me quedé en un limbo que me angustiaba», reconoce Amalia en entrevista con Alfa y Omega. «No quería pasar» de nuevo «por todo lo que pasé nada más llegar a España. Porque antes te hablaba de las horas de trabajo, pero es que también hubo mucha gente que se aprovechó de mí al no tener papeles», denuncia.
En este contexto, cuando se anunció el pasado lunes 26 de enero que el Gobierno iba a aprobar la regularización extraordinaria de migrantes a través de un real decreto, Amalia no pudo contener su alegría. Ya no habría más violencia ni más precariedad; y «ojalá que sirva también para que me pueda dedicar a lo que he estudiado». Con la regularización, además, ve cumplidas sus plegarias. «Siempre rezaba y en mi oración le decía a Dios que confiaba en que Él me tenía preparado algo mejor. Ahora es el momento», expresa convencida. «De hecho, hace poco me pude traer a mi hija y ahora le han aprobado ya su estancia» a través del arraigo socioformativo.
Siete años en España
En el caso de Yenifer —la hondureña que abandonó su casa con 19 años— el anuncio de la regularización la sorprendió poco después de haber pagado los 1.525 euros que le costó el curso con el que iba a poder solicitar la regularización por arraigo socioformativo; un proceso del que ha desistido a la espera de la regularización extraordinaria. «Me ha dicho la abogada que va a ser un camino mucho más rápido». A lo que no está dispuesta a renunciar Yenifer es a labrarse un futuro en España —lleva peleando por ello demasiado tiempo—, así que está convencida de seguir adelante con la formación, que ella misma se ha costeado, en el ámbito sociosanitario. «He trabajado mucho para reunir ese dinero y, aunque pueda entrar en la regularización extraordinaria, creo que es bueno seguir formándome», dice con una madurez que ella misma asegura que le faltaba cuando llegó a España en 2019. «Era muy niña. Muy inexperta. Pero he ido aprendiendo a desenvolverme con los años». En total lleva siete, lo cual hace entendible su decisión de priorizar la opción más rápida para legalizar su situación.
Durante todo este tiempo, le ha dado tiempo a pedir asilo político, a renunciar a él, a pedir la regularización por arraigo social y a ver denegado este proceso «porque la persona que me daba empleo tenía deudas con Hacienda». Se trata de un camino que Yenifer ha compatibilizado con el cuidado de personas mayores y, en la actualidad, con limpiar casas por horas.
Sector doméstico
Precisamente, el sector doméstico es uno de los que más se espera que cambie tras la regularización, al ser de los ámbitos que a más gente ha empleado de forma irregular. «Date cuenta que la inspección de trabajo no actúa aquí de oficio. Nunca va el inspector a tu casa a no ser que haya una denuncia, y todo eso ha dado lugar a muchos abusos», asegura la abogada Eva Navarrete, que es miembro de la Asociación Profesional de Abogados de Extranjería de Madrid.
Ahora «toda esa economía va a salir a flote» gracias a la regularización. «Va a ser interesante ver qué efectos tiene». «Desde luego, va a dignificar el trabajo de las empleadas; supondrá mejores sueldos y más derechos». Por otro lado, «también va a encarecer mucho la contratación de estas personas. Los empleadores tendrán que afrontar un gasto grande y me imagino que habrá gente que no lo podrá pagar».
Permiso de un año
La pérdida del trabajo de algunas empleadas del hogar que vaticina Navarrete abre otra cuestión, no menor, a la que España se tendrá que enfrentar dentro de un año. «La regularización, salvo algunos casos, otorga un permiso de residencia y trabajo temporal de un año». A partir de entonces, «los beneficiarios podrán incorporarse a las figuras ordinarias de regularización previstas en el reglamento de extranjería». Es decir, quienes quieran renovar su permiso tendrán que presentar un contrato de trabajo. De lo contrario, perderían sus papeles y tendrían que volver a iniciar el proceso desde el comienzo, concluye Eva Navarrete, a la que estos días se le ha multiplicado el trabajo.
Distintos partidos han intentado en las últimas semanas adueñarse del éxito de la aprobación de la regularización extraordinaria de migrantes. «Podemos ha conseguido un acuerdo con el Partido Socialista para que el Gobierno [lo] apruebe de inmediato», anunció el lunes 26 de enero su eurodiputada Irene Montero. Un día después la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, anunció la aprobación en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. «Cuando la realidad social va por delante de la burocracia, el Estado responsable es el que actúa para ordenarla, no el que mira hacia otro lado», añadió la también ministra de Migraciones sacando pecho. Lo cierto, sin embargo, es que la idea no partió de Podemos ni del PSOE. El autor de la iniciativa legislativa popular para la regularización que consta en el Congreso de los Diputados es Augustin Ndour (del partido Por Un Mundo Más Justo) y el coordinador es Jorge Serrano (ex coordinador general del mismo partido y director de la Fundación para la Ciudadanía Global). Estas dos organizaciones iniciaron el proceso, al que después se sumaron 1.000 organizaciones sociales, muchas de ellas religiosas.
Fuentes conocedoras del proceso de negociación de esta iniciativa creen que la maniobra política hay que verla más a largo plazo. «Uno de los grandes descréditos de este Gobierno es no haber podido aprobar los presupuestos generales del Estado (PGE), y con el real decreto del otro día Sánchez ha sentado las bases de la negociación que podría aprobarlos». La trama sería así: «Junts condicionaba su apoyo a la regularización extraordinaria a que se transfirieran las competencias en materia de migración. Lo expresó en la enmienda que presentó en la Comisión de Migraciones en septiembre de 2024». Por otro lado, el Gobierno solo podía aprobar los PGE con el apoyo de todos sus socios, incluido Junts. «El problema es que el partido catalanista negoció su voto a favor de los presupuestos de nuevo a cambio de que el Ejecutivo transfiriera a Cataluña las citadas competencias»; una concesión que se llevó al Pleno del Congreso en octubre. El resultado fue 177 noes a que se transfirieran las competencias frente a 173 síes. Podemos, PP y VOX votaron en contra. De esta forma, España se quedó sin presupuestos; Cataluña, sin el control de la inmigración y, los migrantes, sin la ILP. Con la aprobación de la regularización por real decreto, «Sánchez ha permitido a Podemos apuntarse el tanto a cambio de que el partido de Montero y Belarra se abriera a negociar la transferencia de competencias migratorias a Cataluña». Si este segundo acuerdo llega a fraguarse, tanto Podemos como Junts no tendrían ya «ningún impedimento» político para votar a favor de los presupuestos, «el gran objetivo del Gobierno». Con la maniobra se aprueban las tres cuestiones que se estaban bloqueando entre sí: regularización, cesión de competencias a Cataluña y presupuestos.
Hay más. Al rédito político y económico, el Gobierno quiere sumar el electoral. «Cuando se empiecen a organizar debates el año que viene, Sánchez se va a poder presentar habiendo dado un paso de gigante a nivel macroeconómico, que además es uno de los puntos que lleva por bandera el principal partido de la oposición», dicen las fuentes consultadas. «Con esta medida va a haber un incremento sustancial del PIB. Serán unos 7.200 millones de euros extra, si hacemos un cálculo rápido». Esto «se presentará como uno de los años de mayor crecimiento económico de la historia reciente de España». El experto consultado también habla del aumento significativo de las cotizaciones a la Seguridad Social, de la mejora de los datos del paro, del impacto positivo en la recaudación por IRPF y, por último, de la disminución del déficit presupuestario, todo por la afloración de una parte importante de la economía informal. En definitiva, todo un triplete que se puede apuntar el Gobierno.