Algunas ONG pakistaníes discriminan a los cristianos. Ellos responden con generosidad

La entidad caritativa Saylani Welfare International Trust ha sido acusada por varios afectados de no entregar ayuda a cristianos e hindúes afectados por el confinamiento ante el coronavirus. No ha sido una discriminación generalizada, pero pone de manifiesto el ambiente proclive a ella existente en el país

María Martínez López
Foto: Farooq Naeem

La entidad caritativa Saylani Welfare International Trust ha sido acusada por varios afectados de no entregar ayuda a cristianos e hindúes afectados por el confinamiento ante el coronavirus. No ha sido una discriminación generalizada, pero pone de manifiesto el ambiente proclive a ella existente en el país

Una de las características de la pandemia de COVID-19 a nivel global es que en cada lugar está poniendo de manifiesto o acentuando sus problemas previos. Está ocurriendo en todo el mundo con la precariedad laboral. Pero también en otros con la discriminación religiosa. Así ha ocurrido en Pakistán. El caso que más eco ha encontrado es el de la organización Saylani Welfare International Trust, que trabaja en el área de Korangi en Karachi repartiendo ayuda a los necesitados.

Como confirmó el parlamentario católico Anthony Naveed a la agencia Fides, un grupo de mujeres que estaban haciendo cola para recibir alimentos en un reparto fueron invitadas a marcharse por ser cristianas e hindúes. Según otras versiones, las mujeres fueron expulsadas al negarse a recitar una oración musulmana.

Otras personas, como el cristiano Faruk Masih, residente en el mismo barrio, aseguraron en declaraciones recogidas por AsiaNews que los voluntarios que repartían vales para recoger la comida pasaron de largo por sus casas. Al reclamárselas, argumentaron que la limosna que manda el Islam, o zakat¸ está destinada solo a ayudar a los musulmanes.

Desde Islamabad Rubina Bhatti, directora de la ONG Youth Development Association (YDA), que fomenta la educación en los barrios pobres cristianos, explica a Alfa y Omega que «ha habido unos pocos incidentes similares en otras áreas, de los que han informado activistas de los derechos humanos». Shireen Aslam, del Comité de Distrito para los Derechos Humanos de Attock, en el Punjab, fue uno de los que informaron de ellos.

El Gobierno atiende a todos

En todo caso, parece que en este caso no se trata de una discriminación organizada, ni por parte de las entidades ni de la Administración. «Los dirigentes de Saylani Trust –explica Bhatti– negaron que esa sea la política de la organización. Dijeron que podían ser casos de negligencia por parte de los repartidores».

Khalil Tharir, abogado católico y presidente del Comité Permanente para los Derechos Humanos en el Parlamento del Punjab, aseguraba a Fides que «el Gobierno no está discriminando. Aunque los procedimientos pueden ser lentos, no se diferencia por credos o etnias. Con todo, es posible que las personas que llevan a cabo directamente el reparto hayan actuado de forma discriminatoria». Por ello, pedía que las autoridades «tomen medidas rigurosas y controlen» que no se repitan estos hechos.

Incidentes que han encontrado eco internacional. «Son acciones reprochables», denunciaba Anurima Bhargava, miembro de la Comisión Internacional de Libertad Religiosa de Estados Unidos (USCIRF por sus siglas en inglés), en un comunicado hecho público el 13 de abril. «La ayuda alimentaria no debe negarse por la fe de alguien». Por este motivo, desde la comisión se exhortaba a Pakistán a «asegurarse de que [los alimentos] que distribuyen las organizaciones se compartan de forma igual con hindúes, cristianos y otras minorías religiosas».

Otros casos de discriminación

También líderes musulmanes pakistaníes como Sahibzada Asim Makhdoom han protestado por la discriminación, y han pedido a los musulmanes paquistaníes que ayuden a sus hermanos cristianos. Con todo, dado lo generalizado en el país de prácticas discriminatorias contra las minorías, avaladas en algunos casos institucionalmente con leyes como la de blasfemia, es posible que se estén produciendo en el país otros casos de discriminación, o de agravamiento de discriminaciones ya existentes.

La directora del YDA explica, como muestra, que «la mayor parte de los empleados de la limpieza de Islamabad, que limpian toda la ciudad y también la basura generada en los centros que atienden a pacientes con COVID-19, pertenecen a minorías» como la cristiana. «No tienen equipos de protección», por lo que son especialmente vulnerables al contagio. También «han contactado conmigo un par de trabajadores sanitarios que tenían la sospecha de que les habían destinado a atender a pacientes de COVID-19 por ser cristianos».

Por otro lado, mientras que en Cuaresma y Semana Santa las iglesias cerraron los templos por responsabilidad (y las fuerzas de seguridad los vigilaban para evitar aglomeraciones) de cara al Ramadán que comenzó este viernes, a diferencia de otros países de mayoría musulmana, se ha decidido que las mezquitas permanezcan abiertas. «Algunos mulás dicen que hay que tener fe en Dios y no es necesario evitar juntarse para rezar por miedo al coronavirus».

Reparto de comida organizado por Raja Walter. Foto: COPE

Responder desde el amor

Frente a estas discriminaciones, sin embargo, algunos cristianos han decidido responder desde la generosidad. Es el caso de Raja Walter, un pequeño restaurador del barrio de Youhanabad, en Lahore. Convencido de que «el amor por la humanidad debe prevalecer en Pakistán», cada día ofrece comida de forma gratuita a unas 300 personas sin hacer distinción entre religiones. Puede permitírselo gracias a la ayuda que le envía su hermano, residente en Suecia. Shanila Ruth, parlamentaria de Tehreek-e-Insaf (Movimiento de Justicia de Pakistán, el partido del primer ministro, Imran Khan) visitó el establecimiento el día 19 para darle las gracias por su iniciativa.

También Rubina Bhatti ha modificado estos días su trabajo para ayudar a los afectados por el confinamiento. Aunque en su caso, al trabajar en un barrio mayoritariamente cristiano, sus beneficiarios también lo son. Entre las familias de los estudiantes de los colegios del YDA predominan los trabajadores informales y las empleadas domésticas que cobran por días, «sin subsidios ni ninguna protección social. El confinamiento les ha afectado de forma grave».

El 45,5 % de la población urbana del país –explica Bhatti–, unos 34 millones de personas, vive en asentamientos informales con un acceso limitado a agua y saneamiento. Además, el 73 % de la población tiene trabajos informales, y una cuarta parte de los habitantes gana unos dos dólares al día. Personas como empleados domésticos, sastres, peluqueros o conductores del transporte público cobran solo por día trabajado.

Aislarse, un privilegio

En estas condiciones, cumplir el confinamiento se les hace casi imposible. «La distancia social es un privilegio porque hay que tener una casa bastante grande y totalmente abastecida. Lavarse las manos con frecuencia también es un privilegio, implica tener una conexión particular con el servicio de agua. ¿Qué sentido tiene hacer cola para lavarse en un grifo público?». Por no hablar del precio de los geles hidroalcohólicos.

Estas familias sí recibieron ayuda oficial, en forma de víveres para una semana. «Pero no son capaces de pagar las facturas de consumo, el alquiler o las medicinas». Después de verse obligado a suspender las clases en sus colegios, YDA está repartiendo comida a las más necesitadas. Pero también piensan ya en «intervenciones para después», con el objetivo de reparar el daño que haya hecho la crisis y reconstruir las maltrechas economías de estos hogares.

María Martínez López