Alfa y Omega estrena sección para conocer La opinión de los lectores
La primera carta es de Rocío López, profesora en la Universidad CEU Cardenal Herrera, sobre Vivir sin ilusión. Pueden enviarse al correo redaccion@alfayomega.es
El semanario Alfa y Omega de la archidiócesis de Madrid estrena La opinión de los lectores. Es una nueva sección en la que las personas que siguen la información religiosa a través de la web o nuestro número en papel pueden hacernos llegar sus inquietudes escribiendo al correo electrónico redaccion@alfayomega.es. Después, tras ser revisadas por nuestro equipo, sus cartas se publicarán en nuestro sitio web para que otras personas puedan también leerlas y participar de sus intuiciones.
La primera que hemos recibido ha sido de Rocío López García-Torres, psicóloga y profesora de la Universidad CEU Cardenal Herrera. Bajo el título Vivir sin ilusión, en su carta explica que hay personas para las que «una visita esperada, un logro laboral, un viaje» y otras muchas sorpresas de la vida ya no suponen «un estímulo significativo». «No porque carezcan de motivos objetivos sino porque su mundo interno ha quedado desconectado de la capacidad de ilusionarse». Y aunque parezca una decisión individual, esta en realidad no es «una elección libre».

Ante este escenario, si una persona se plantea el suicidio «no estamos ante un problema individual aislado sino ante un fracaso del sistema sanitario, especialmente del de salud mental». Pues «la desesperanza no aparece de la nada sino que es el resultado de circunstancias personales, sociales y, a menudo, estructurales».
Subraya por tanto que «resulta especialmente doloroso escuchar a personas jóvenes expresar el deseo de una muerte digna». Principalmente porque «una joven no debería aspirar a morir dignamente sino a vivir dignamente». Y esa dignidad no se construye con «la ausencia de dificultades o a la presencia de condiciones ideales» —algo evidentemente imposible— sino con «acceso a recursos, acompañamiento, oportunidades, vínculos significativos y la posibilidad de reconstruir un proyecto vital incluso en medio de experiencias duras». Porque, aunque «la vida digna no es la vida perfecta, es la vida en la que existe un horizonte posible».
Y la profesora concluye su carta con «un alegato necesario: el cuidado público de la salud mental debe ser una prioridad real, no un eslogan». Más aún, que «no puede reducirse a la prescripción farmacológica» porque, aunque «pueden ser herramientas valiosas, no sustituyen el trabajo terapéutico que permite reconstruir la ilusión, resignificar el dolor, fortalecer los vínculos y recuperar la agencia personal».