Agustinos en Iquitos: «Proteger la Amazonía beneficia a toda la humanidad»

El padre Miguel Ángel Cadenas es el protagonista del último podcast Los agustinos a tu lado, con el que la Orden de San Agustín ofrece desde el comienzo de la pandemia testimonios y palabras de esperanza

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Incendio en Tenharim Marmelos, Estado de Amazonia, Brasil. Foto: Reuters / Bruno Kelly

El padre Miguel Ángel Cadenas, misionero agustino español, lleva junto al padre Manuel Berjón 26 años anunciando el Evangelio en la selva amazónica peruana, defendiendo los derechos de los pueblos autóctonos y la preservación de un ecosistema tan rico como vulnerable. En el último podcast de Los Agustinos a tu lado revela cómo es su trabajo en primera línea junto a las comunidades locales y denuncia los abusos que sufren.

En la Amazonía, el destino del medio ambiente está íntimamente ligado al de los pueblos indígenas. En conversación con Alfa y Omega, el padre Cadenas menciona que en lo que va de año han sido siete los nativos asesinados por defender los derechos de su territorio: en abril mataron a Arbildo Meléndez, un líder local que solicitaba titulación de su territorio; en mayo, Gonzalo Pío Flores, que protegía las tierras de su comunidad, acosada por narcotraficantes y taladores ilegales; más tarde, Yanpic, un guardabosques de una reserva comunal protegida; y luego Roberto Pacheco, asesinado en la selva sur del Perú, invadida por la minería ilegal. En agosto, otros tres líderes indígenas fueron asesinados en una protesta en la que pedían agua, luz y servicios básicos a una petrolera instalada al lado de su comunidad.

Después de veinte años trabajado con el pueblo Cocama en el río Marañón, el padre Cadenas afirma que «mi principal preocupación es atender a los indígenas urbanos, que en la zona de Iquitos necesitan un acompañamiento especial».

«Antes había bastante bosque y mucha fauna; ahora hay una gran deforestación, lo cual es un atentado contra la seguridad alimentaria de los indígenas»

Muchos de ellos se ven abocados a ir a las grandes urbes debido al empobrecimiento de sus lugares de origen, un fenómeno acelerado por la deforestación creciente de la zona. El agustino pone como ejemplo la reciente apertura de una carretera junto a la comunidad de San Joaquín, una antigua reducción jesuita: «antes había bastante bosque y mucha fauna; ahora hay una gran deforestación, lo cual es un atentado contra la seguridad alimentaria de los indígenas».

Cadenas lamenta en este sentido que «en Perú se privilegia la economía por encima del medio ambiente. Aquí las leyes son débiles y no se cumplen, y además no se castiga a los infractores».

Eso provoca un vuelco existencial entre los nativos: «Los pueblos indígenas no pueden distinguir entre naturaleza y cultura, como se hace en Occidente. Aquí, cuando se degrada el medio ambiente, no hay animales para comer, ni tampoco pesca, y eso acaba afectando incluso a su cosmovisión religiosa». Por eso, «si continuamos fragmentando territorios con carreteras y dragas, sin continuamos atentando contra los bosque, al final acabaremos encontrándonos un problema enorme», que no solo afectará a las comunidades locales. Por eso, «proteger la Amazonía beneficia a toda la humanidad».

El agustino Miguel Angel Cadena en su misión en Iquitos, Perú. Foto: Barbara Frase / Perú

¿Qué se puede hacer desde Occidente? «Vigilar donde invertimos –señala el agustino en primer lugar–, porque las multinacionales que trabajan en la Amazonia suelen ser europeas y americanas».

En este contexto, la tarea principal del misionero allí es la evangelización, porque «anunciar a Jesucristo es la misión más importante de la Iglesia. Es algo que hay que hacer con paciencia y cautela, y con mucha inteligencia». Esta labor pasa en la Amazonía por «apoyar la resistencia de los pueblos indígenas, que aquí están sufriendo una presión enorme», además de «rezar, bautizar, casar, acompañar distintos grupos, ir a las reuniones con la gente, predicar la Palabra de Dios y, sobre todo, ejercer el testimonio».