Adelantemos el consuelo - Alfa y Omega

Adelantemos el consuelo

6º domingo del tiempo ordinario / Lucas 6, 17. 20-26

Lidia Troya
'Jesús enseña a la gente junto al mar'. James Tissot. Brooklyn Museum, Nueva York (Estados Unidos).
Jesús enseña a la gente junto al mar. James Tissot. Brooklyn Museum, Nueva York (Estados Unidos).

Evangelio: Lucas 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Comentario

¿Qué impresión te produce escuchar las bienaventuranzas? El discurso de la llanura que pronuncia Jesús es difícil de comprender, incluso para los propios cristianos. Declarar dichoso al pobre o al que pasa hambre en nuestro mundo puede sonar sádico, porque nadie, en su sano juicio, quiere estar en una situación de carestía ni ser perseguido o humillado. ¿Predica Jesús, entonces, la felicidad para este mundo o las condiciones para alcanzarla en el otro? ¿Está hablando de la vida eterna y del más allá donde acontecerá el Reino de los cielos, mientras esta vida es un valle de lágrimas para muchas personas? 

Al fin y al cabo, como escribe la poeta, «La gente dice: / “Pobres tiene que haber siempre” / y se quedan tan anchos / tan estrechos de miras, / tan vacíos de espíritu, / tan llenos de comodidad». Podemos vivir indiferentes al sufrimiento del otro —y al propio—, creyendo que la justicia divina lo solventará. La resignación ante circunstancias adversas o situaciones perjudiciales ha sido con frecuencia protagonista (in)consciente en nuestra manera de entender la voluntad de Dios y el cristianismo. Así, hay quienes viven una vida de «sacrificio» y repliegan la pena, el llanto, la pobreza y la dicha, creyendo que es «lo que les ha tocado», y que ya hallarán consolación eterna.

Las bienaventuranzas ocupan el centro de gravedad de Jesús y, efectivamente, son fuente de consuelo, porque Dios se pone al lado de las personas desdichadas. Hay muchas realidades doloras en medio de nuestro mundo; la de las víctimas de abusos es una de ellas. Una persona, víctima de la Iglesia, me decía que son un mensaje de esperanza para ella y otras personas supervivientes, porque ofrecen consuelo, restauración y dignidad a quienes han sufrido abusos: «En un mundo donde tantas personas hemos sido silenciadas y heridas, especialmente dentro de espacios que deberían ser sagrados y seguros, el mensaje de las bienaventuranzas resuena como una promesa de consuelo, justicia y restauración. Las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús son también una declaración del amor de Dios hacia quienes hemos sido heridos. Son una invitación a encontrar fuerza en Él, incluso en medio del dolor».

Sin embargo, no podemos esperar solo el consuelo eterno, la justicia y la restauración depositando nuestra confianza en el Reino de los cielos, mientras eludimos toda acción, posibilidad y responsabilidad. Añade: «Las bienaventuranzas son también una llamada, especialmente a los superiores, líderes comunitarios y personas con cargos de autoridad, para luchar por la verdad y la justicia con determinación».

Las bienaventuranzas muestran el rostro de Jesús y qué significa ser su discípulo hasta las últimas consecuencias. Adelantemos, en la medida de lo (im)posible, el tiempo futuro y el consuelo eterno. La salvación futura también vendrá cuando cambie(mos) la situación presente.