Moscas. Una presencia inesperada y el poder curativo de la inocencia de un niño - Alfa y Omega

Moscas. Una presencia inesperada y el poder curativo de la inocencia de un niño

Rosa Die Alcolea
Cristian (Bastián Escobar) y su padre, Tulio (Hugo Ramírez) son descubiertos por la arrendadora.
Cristian (Bastián Escobar) y su padre, Tulio (Hugo Ramírez) son descubiertos por la arrendadora. Foto: A Contracorriente Films.

«Pateando las piedras, aún sigo esperando que vuelvas conmigo, / aún sigo buscando en las caras de ancianos pedazos de niño, / cazando motivos que me hagan creer que aún me encuentro con vida». La desgarradora canción de Shakira Moscas en la casa inspiró el título de la nueva película de Fernando Eimbcke, que llega a nuestros cines el próximo 23 de octubre. El realizador mexicano explicó en un coloquio ofrecido en el Cine Verdi de Madrid que tituló así la cinta porque imaginaba que la protagonista sentía exactamente lo que describía la cantautora colombiana, viendo pasar los días encerrada en casa. 

Olga, de 55 años, vive sola y necesita dinero para una operación en el dedo gordo del pie, así que decide alquilar una habitación de su apartamento a Tulio, cuya mujer está ingresada en el hospital de enfrente. Lo que no sabe es que su nuevo inquilino llega acompañado de su hijo Cristian, de 9 años, que se instala en el piso sin que ella se dé cuenta. Durante un tiempo, Olga continúa con su rutina sin sospechar que hay un niño en casa, hasta que descubre que lleva varios días allí.

Rodada en digital pero revestida de blanco y negro, la película adquiere una cercanía que la hace entrañable. En su estética y en su manera de observar la vida cotidiana, recuerda por momentos a Roma, de Alfonso Cuarón: los diálogos escasean, los rostros y los gestos hablan por sí solos y las acciones se desarrollan con una quietud que invita a mirar sin prisa. La cámara se sitúa muchas veces a la altura de Cristian, de modo que vemos manos, gestos y cuerpos adultos cortados a la altura del pecho, es una manera de dignificar la mirada del niño. El encuadre nos invita a habitar su mundo y a descubrir aquello que los adultos no siempre saben ver.

La fotografía de María Seco acompaña esta elección. Su cámara atiende a los pequeños detalles y entiende que narrar también consiste en observar y recoger la espontaneidad de cada gesto.

Lo más hermoso de Moscas es su confianza en el poder transformador de la ternura. Olga arrastra una herida que parece haberla dejado suspendida en el tiempo; la presencia inesperada de Cristian introduce en esa soledad una posibilidad real de encuentro. Bastan unas horas compartidas con un niño, con su curiosidad y su inocencia, para que algo empiece a moverse en una vida cerrada al mundo. No se trata de borrar el dolor, sino de descubrir que la compañía puede abrir una pequeña grieta por la que vuelva a entrar la luz.

Eimbcke convierte el pasatiempo favorito del niño en parte del relato: una actividad sencilla que conecta con la lucha que Cristian intuye que su madre está atravesando. El juego se transforma así en una forma de comprender aquello que todavía no puede nombrar. Con un humor sutil y ternura, la película recuerda que cuidar y mirar al otro con atención puede ser ya el primer paso para empezar a sanar.

Moscas
Dirección:

Fernando Eimbcke

País:

México/España

Año:

2026

Género:

Drama

Público:

+12 años

Cartel de 'Moscas'