Delegada de Familia de Madrid: «Amoris laetitia ha ayudado pero algunas cuestiones de calado cuestan»

Delegada de Familia de Madrid: «Amoris laetitia ha ayudado pero algunas cuestiones de calado cuestan»

María Bazal, delegada de Familia y Vida de la archidiócesis con su marido José Barcelón, hace balance de los frutos que ha dado en la diócesis la exhortación postsinodal diez años después, sobre todo en la formación y el acompañamiento

María Martínez López
Foto cedida por María Bazal.
Foto cedida por María Bazal.

—¿Qué le ha llegado más de las palabras de apertura del encuentro, este miércoles?
—Lo primero que me ha gustado es que el Papa León XIV haya tenido presente el celebrar los diez años de Amoris laetitia. Lógicamente no se le escapan las cosas, y la familia es una de las grandes preocupaciones en este momento. De sus palabras, me parece importante el poner una mirada contemplativa sobre la realidad pero con fidelidad y sin engañarse, porque a veces queremos verla más rosa de lo que es. Cuando haces esa mirada de pastoral familiar, hay que ver qué te está devolviendo, dónde están las grandes cuestiones, qué hay que apoyar.

El Papa ha incidido también mucho en volver sobre la formación y el acompañamiento. Por eso Francisco insistió tanto en pedir al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida el itinerario catecumenal para la vida matrimonial. Hay que recordar que esto implica a toda la historia de la persona. Desde que alguien nace y es bautizado está vocacionado y hay que prepararlo para que descubra y viva su vocación, sea la que sea. Y cada uno venimos de una familia y nuestro primer testimonio es lo que vemos allí. 

—¿Nos enfrentamos a nuevos retos?
—Ha cambiado mucho la velocidad y la realidad del mundo, y esto incide en los proyectos de familia y en los primeros cinco o diez años. El otro día me preguntaban si estábamos en el peor momento para la familia. Yo creo que no hay peores momentos, cada uno tiene los suyos y lo que hay que hacer es buscar soluciones. 

—¿Qué espera que suponga esta cita y lo que haga el Papa con las conclusiones?
—Lo que espero es que en cada una de las Iglesias locales se pueda volver sobre lo que salga de este proceso. Cada una tiene una realidad muy diferente, no es lo mismo España que América Latina o el norte de Europa. Lo importante es volver sobre estos diez años, hacer esa mirada contemplativa. Y con seguridad nos darán alguna conclusión o pista para hacer un discernimiento y traer a las Iglesias locales lo que salga sobre las líneas que se están trabajando: la formación, el acompañamiento, las situaciones de fragilidad y la familia como sujeto de la misión. Amoris laetitia ha sido la gran pastoral de la familia, sobre todo porque parte de la realidad. Pero todavía queda mucho por bajar al terreno y hacer esa recepción desde una mirada contemplativa, sobre todo en esas situaciones de fragilidad y en los primeros años. 

—¿Cómo ha cambiado la pastoral familiar en Madrid en estos diez años a raíz de las propuestas de Amoris laetitia?
—No ha cambiado tanto como habríamos querido. Yo creo que cuesta algunas cuestiones más de calado, que entran dentro de la doctrina de la Iglesia y que es donde realmente están las situaciones de mayor fragilidad, que son las que hay que acompañar. En otros aspectos lógicamente sí ha ayudado mucho porque ha ayudado a ver la necesidad de la formación y el acompañamiento, de vivir en comunidad los matrimonios y las familias y reclamar esos espacios en las parroquias. La parroquia es fundamental y es donde a veces nos tenemos que poner las pilas en ver cómo podemos generar esos espacios, porque las familias quieren sentirse acompañadas, por ellas y por sus hijos. 

El testimonio que tienen los hijos es el que ven a sus padres en el día a día. En esto creo que tenemos que quitarnos un podo el tema de la perfección. Muchas veces los jóvenes no se atreven a dar el paso porque no saben cómo van a poder hacer esto de «contigo para siempre jamás, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza». Y a veces ponemos en nuestros mensajes un énfasis excesivo en la perfección sin mencionar los recursos con los que contamos: el Espíritu Santo, la gracia, la fe, el amor, la comunicación y las iniciativas que ya hay. 

Sesión inaugural del encuentro el pasado miércoles. Foto: Vatican Media.
Sesión inaugural del encuentro el pasado miércoles. Foto: Vatican Media.

—¿Han surgido entonces más iniciativas de acompañamiento?
—Las ITV matrimoniales son una herramienta que había y que todavía hay en algunas parroquias. Y luego la realidad se ha ido imponiendo con otras propuestas como Proyecto Amor Conyugal, que ha pegado fuerte y ha enganchado a nivel de las parroquias. Es ahí donde se van intentando generar espacios de matrimonios. Eso sí, no tanto de familias completas, algo más difícil de encontrar porque requiere una disposición y disponibilidad importante por parte de las parroquias. 

Es bueno que los hijos también participen y haya momentos en paralelo para unos y para otros. Nosotros estamos en la comunidad de Nazaret, de inspiración ignaciana, tenemos reuniones en casa y luego una grande en la parroquia. Los hijos siempre estaban. Y cuando ellos han buscado su propia comunidad y les preguntamos por qué, nos dijeron que les hacía bien porque incluso en los momentos más de crisis había alguien que te acompañaba para buscar juntos una solución. 

—El cardenal Cobo va a introducir precisamente la reflexión sobre el acompañamiento, en particular a los matrimonios jóvenes. De estas iniciativas que menciona, ¿han surgido algunas dedicadas a esta etapa?
—Sí, hay algunas comunidades, más vinculadas a congregaciones religiosas como jesuitas, salesianos o redentoristas. Siempre recomendamos a los novios que intentan buscar un espacio para vivir su proyecto de vida y de familia con otros y en comunidad porque la vida se impone y luego no tienes tiempo, los horarios son feroces y, aunque se haya convivido antes, se producen crisis por muchos motivos: las familias de origen, los hijos, la economía… todas esas cosas hay que hablarlas antes, igual que cómo se vive la fe. Le sorprendería cuántas parejas se casan sin haber hablado de cómo afrontan el tema de los hijos.

En algunas parroquias, no muchas, hay incluso para novios con y sin fecha de boda. Esto también es importante, hay que dedicar un tiempo de calidad a ver si es posible hacer un proyecto de vida con esa persona. Es difícil hacer caer a muchos de nuestros espacios parroquiales en la cuenta de que esto implica hablar de muchos temas y un fin de semana es muy escaso para ello. Ahora hay propuestas de uno o dos años, tocando distintos temas un viernes al mes, primero con tu pareja y escuchando a otros, como un discernimiento de vida. A veces llegan a la decisión de no seguir adelante, como fruto de eso.

Cobo con el Papa durante su visita a Madrid. Foto: OSV News / Reuters / Yara Nardi.
Cobo con el Papa durante su visita a Madrid. Foto: OSV News / Reuters / Yara Nardi.

—¿Bastan diez años para ver un cambio suficiente tras la exhortación? 
—No dan, sobre todo en los temas más sensibles y en los que la doctrina sigue siendo la que es. Estás tocando no solamente un sector sino muchos sectores muy sensibles. Es cuestión de tiempo y de que el Espíritu Santo vaya entrando en las personas y en la Iglesia como una lluvia fina. Pero sí es bueno volver sobre ello y decir: pongamos una mirada de misericordia. ¿Qué estamos haciendo? Al principio puede ser todo novedad y haber un deseo de poner esa mirada. Quizá luego la vida se impone, no se quieren tener conflictos y estar todo el día luchando. Pero si la Iglesia es hospital de campaña y madre hay que abordar esto. 

—Háblenos de esas resistencias que citaba.
—Lo que ha pasado es que la doctrina se ha querido imponer por encima de la persona. La doctrina dice que el matrimonio es para siempre. Eso está fenomenal. Cuando una persona de fe se casa, lo hace con esa intención. Pero en la convivencia y en el día a día pueden surgir muchísimas cosas que hagan la situación imposible: o pueden darse situaciones externas que cambien a la otra persona, como cuestiones de salud mental. Puede dar susto el no saber cómo afrontar esa dualidad. 

Pero si la Iglesia es madre y hospital de campaña tiene que acompañar, integrar y ayudar a discernir esas situaciones. Y luego ver cómo es posible sanar esa relación. En nuestro Centro de Escucha, Acompañamiento y Mediación, cuando ya no funciona nada y se ve que la convivencia es inviable, lo que se hace es ayudar a que la relación sea lo mejor posible, sobre todo si hay hijos. Que ellos puedan ver que la vida tiene muchas aristas, que sientan que sus padres lo han intentado y que a pesar de todo se siguen respetando en esa separación o nulidad que se ha terminado dando; y que ellos son los frutos de ese amor que se han tenido sus padres. La Iglesia no puede dejar a esta gente sola, es una crueldad no acompañarla en una situación de crisis como esta. 

—¿Qué se hace en otros ámbitos, como el de la homosexualidad?
—Tenemos un grupo de acompañamiento a familias con hijos con situaciones diversas en este aspecto. Lo pidió el cardenal Carlos Osoro y lo seguimos con el cardenal Cobo. Es una cuestión que cuando surge desestabiliza muchísimo, por mucha fe que tengas, porque afecta mucho a la persona que lo vive y a la familia. 

Quieras que no todo el mundo quiere que su hijo varón sea varón y su hija hembra sea hembra, y que se termine casando él con una chica estupenda y ella con un chico. Y cuando te sienta y te dice «soy gay, soy lesbiana, soy no binario…» se te mueve todo porque no sabes cómo acompañar eso y ves cómo sufre. Y en todas estas situaciones entras en el tema de la doctrina. No podemos ir contra ella, pero hay que acompañarlos.