Fernando Valladares es investigador del CSIC y «no cambiaría una coma» a la encíclica Laudato si - Alfa y Omega

Fernando Valladares es investigador del CSIC y «no cambiaría una coma» a la encíclica Laudato si

Este científico no tiene convicciones religiosas pero colabora con la Iglesia en cuidar el medio ambiente. Llama en este vídeo entrevista a reducir el consumo «sin heroicidades»

Rodrigo Moreno Quicios
Fernando Valladeres colabora a menudo con entidades de Iglesia. Foto: Javier Ramírez

«A mis estudiantes, en la universidad, muchas veces les pongo en la pizarra frases literales y les pregunto: “¿Quién ha dicho esto? ¿Un activista, un político o un Papa?” Y nadie piensa que lo haya dicho un Papa» porque sus condenas son «provocativas» aunque «muy aterrizadas a las realidad», nos cuenta Fernando Valladares. Él es investigador del CSIC y acaba de visitar la redacción de Alfa y Omega para hablar de ecología de cara al Tiempo de la Creación que finalizó el pasado domingo con el 800 aniversario de la muerte de san Francisco de Asís.

De acuerdo con este científico, quien no tiene convicciones religiosas pero ha participado en numerosos seminarios organizados por entidades de Iglesia como la Fundación Pablo VI o la Conferencia Episcopal, «con que entenderíamos» el contenido de la encíclica Laudato si’ «e hiciéramos algo en reacción, ya estaríamos resolviendo la crisis climática y muchas crisis asociadas».

En entrevista con nuestro semanario, propone varios gestos pequeños pero con impacto para cuidar el medio ambiente. Entre otros, reducir voluntariamente la ingesta de carne «sin heroicidades ni extremismos», pero sí siendo conscientes de que «el planeta no puede dar carne a 8.000 millones de personas» y que hoy es posible abastecer a Occidente gracias a que otros países como la India no tiene esa dieta.

Una pequeña restricción que se aplica también a todo el consumo superfluo. «Si en esta fiesta de la superproducción lo estuviéramos pasando bomba… pero es que la salud mental no va bien, no hemos levantado cabeza desde la COVID-19». Por ello plantea el paralelismo de que «esta fiesta no es tan divertida» y, si además no es sostenible, «¿por qué no pensamos en otras fiestas más tranquilas en las que podamos alcanzar otros grados de equilibrio?».