Los Hardacre. La elegancia está en el interior - Alfa y Omega

Los Hardacre. La elegancia está en el interior

Isidro Catela
Una escena de la serie 'Los Hardacre'
Los Hardacre tuvieron un golpe de fortuna con la venta de arenques en el puerto. Foto: Movistar Plus+.

En un panorama audiovisual saturado de antihéroes oscuros, conflictos exacerbados y dramas familiares tóxicos, Los Hardacre reivindica algo tan sencillo y poco frecuente como es  el placer de sentarse en familia ante una serie entretenida y cargada de humanidad. La segunda temporada, disponible en Movistar Plus+, confirma las virtudes que ya apuntaba la primera y consolida una propuesta amable de ver.

Basada en las novelas de C. L. Skelton, de momento podemos ver dos temporadas y un total de doce episodios. Lejos del glamour aristocrático de tantas producciones británicas, la serie construye, su identidad sobre una familia que ha alcanzado la prosperidad gracias al esfuerzo, el trabajo y una admirable capacidad de sacrificio. 

Los Hardacre no heredan privilegios, sino que los conquistan a partir de un golpe de fortuna con la venta de arenques en el puerto. Son, en cierta medida, nuevos ricos, y ese el quid de la cuestión que agita el drama y lo hace especialmente interesante. Ya sabemos que solo el necio confunde valor y precio. 

La serie acierta también al integrar cuestiones sociales de fondo sin perder nunca la ligereza narrativa. Los personajes, además, aunque en ocasiones algo estereotipados, suelen dejar la puerta abierta a la redención. Especialmente entrañable resulta el personaje de Mary Hardacre. Su entusiasmo por aprender, su defensa de la educación y su deseo de abrir una escuela para alfabetizar al servicio reflejan una visión optimista del progreso que resulta contagiosa.

El resultado es una producción que, aunque no está exenta de algunos clichés, es cálida, luminosa y profundamente reconfortante. Una de esas series que dejan buen sabor de boca y recuerdan que la bondad, el esfuerzo y la familia siguen siendo excelente materia prima cuando se tratan con inteligencia y corazón.