Un teatro para todo un colegio de educación especial
El Consejo General de la Iglesia en la Educación galardona un proyecto de teatro de un colegio de educación especial que implica a alumnos, docentes y padres
Patricia Marmol es profesora de Religión en el colegio público de educación especial Vicente Ferrer, en San Sebastián de los Reyes (Madrid). Su proyecto El teatro vive en mi cole es uno de los galardonados con los premios Stella que concede el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE). Son premios que nacen para conocer mejor la presencia educativa de la Iglesia, profundizar en los fundamentos que la orientan y reconocer experiencias capaces de inspirar nuevos caminos.
—Patricia, ¿qué es «El teatro vive en mi cole»?
—Llevo más de 33 años trabajando como profesora de Religión en un centro de educación especial, el Vicente Ferrer. Ya en los primeros años cayó en mis manos un proyecto de teatro como herramienta educativa y me pareció muy bueno. Empecé a formarme y al final conseguí crear una herramienta de trabajo con mis chavales que me permitía trabajar valores desde el ámbito de la Religión: el compañerismo, el respeto, la equidad, el cuidado y la amistad.
Lo que empezó como un pequeño proyecto dentro de mi aula me ayudaba también a controlar y manejar mejor algunas conductas que de otra manera eran más complicadas. Me daba acceso a entrar en ellos y crear un vínculo mucho más fuerte.
—¿Cómo pasó de ser un proyecto del aula de Religión a convertirse en un proyecto de todo el centro?
—Hemos crecido tanto que estos últimos años todo el colegio ha querido participar. Al principio tenía mi grupo de actores, diez o doce, y hacíamos diferentes representaciones. Pero todo el resto del colegio decía: «Yo también quiero participar». Entonces empecé a crear escenas de cine y así fuimos ampliando cada vez más la participación. Luego llegaron los padres, que decían: «Oye, ¿y nosotros no podemos participar?». Y poco a poco se han ido sumando también.
Música y valores
—¿Cómo se ha plasmado esa participación en los últimos espectáculos?
—En los últimos tres musicales hemos llevado el trabajo al Teatro Eduardo Macías, que es donde representamos nuestro trabajo durante el año. Hemos subido sillas de ruedas con chavales, hemos hecho escenas de madres bailando con sus hijos y de profesores bailando con sus alumnos. También utilizamos el comunicador como herramienta de habla. Los chavales hablan habitualmente a través de su comunicador y en el teatro también salen hablando con él.

—Todo esto se enmarca dentro de la clase de Religión.
—Sí, se enmarca dentro de la clase de Religión porque la clase de Religión en un centro de educación especial, al menos como yo la llevo trabajando, es adaptación. En realidad, lo que estamos trabajando continuamente son los valores. Yo lo he adaptado todo a sus necesidades y capacidades.
Me di cuenta de que ellos aprenden a través de su día a día y de lo que supone su rutina de trabajo. Para ellos es mucho más enriquecedor hablar del respeto que tenemos que tenernos en el aula o de ayudar a un compañero que va en silla de ruedas cuando nosotros somos capaces de andar. Para mí, todo eso es la Religión: el amor y el cuidado.
—¿Cómo reaccionan los chavales? ¿No es un desafío trabajar con alumnos con necesidades educativas especiales?
—Después de tantos años trabajando en educación especial, siempre diré que ellos me han enseñado más a mí que yo a ellos. Es impresionante la ilusión que tienen. A lo largo de todos estos años hemos creado y ayudado a estos chavales y a sus familias.
Con la cara levantada
—¿Puedes poner un ejemplo?
—Tenía una alumna cuya timidez era casi patológica. No conseguía levantar la cabeza para mirarte a los ojos. Tenía el pelo largo y se ponía todo el pelo delante de la cara para no tener que mirar. Hablé con su madre y le dije que quería intentar trabajar con ella dentro del teatro.
—¿Y qué pasó?
—Estuvimos todo el año trabajando con ella. Al final, el día del estreno, conseguimos que atravesara todo el escenario con la cara levantada, con una sonrisa de oreja a oreja y con todo el pelo recogido. Casos como ese tengo millones. Te puedes imaginar las lágrimas de su madre y las mías. Me emociono incluso al contártelo.
—¿Algún caso más?
—Sí, por ejemplo el año pasado conseguimos que chavales muy afectados, con parálisis cerebral, respondieran a la música y a la luz que les pusimos. Todo es una emoción continua, una emoción tras otra.
—¿Qué tipo de contenidos y obras representáis?
—Empezamos con historias y personajes que ellos conocieran. Hemos hecho Grease, La Bella y la Bestia, Mary Poppins y Annie. En los últimos años hemos hecho creaciones totalmente nuevas y mágicas. Siempre ha sido musical y trabajando los valores. Nuestro mensaje es: Todos somos todos juntos. Es tan importante el niño que está sujetando el árbol como el que sale bailando en la primera escena. Si falta el árbol, yo no me puedo apoyar en él. Si falta el que canta, yo no puedo bailar. Somos un equipo compacto, unidos en torno a un mensaje de vida, cuya base es el amor, el respeto y la equidad.