«Para encontrar a Dios» no hay que «abandonar las ocupaciones», sino hacer «bien el trabajo cotidiano»
Durante la catequesis de la audiencia general, el Papa ha explicado la íntima relación entre el progreso técnico-científico y la voluntad de Dios
«Para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo». Así se ha expresado este miércoles 23 de septiembre el Papa León XIV durante la catequesis de la audiencia general.
Se trata de una cita que el Pontífice ha tomado de la homilía que san Juan Pablo II pronunció el 6 de octubre de 2002 durante la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.
El Santo Padre ha tirado de ella durante su encuentro semanal con los fieles en la plaza de San Pedro, que ha dedicado a desgranar el tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et Spes del Concilio Ecuménico Vaticano II.

Valor de la actividad humana
Concretamente, el Papa ha reflexionado a partir de la siguiente pregunta: ¿Cuál es el valor de la actividad humana en el mundo, y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico? En su respuesta, ha descartado la idea —expresada por algunos pensadores— de que el progreso técnico-científico «debilita la relación del hombre con Dios hasta el punto de hacerla parecer superfluo o, incluso, como algo contrario a la fe cristiana».
En los humanismos postcristianos, ha subrayado León XIV, «el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales; para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios». Sin embargo, «al negar la relación con Dios, al final se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana».
Es voluntad de Dios
Frente a esta postura, ha recogido un texto de la Gaudium et spes en el que se asegura que «la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios».
Aún más, «las conquistas logradas por el hombre» no solo no se «oponen al poder de Dios» ni pretender rivalizar «con el Creador», sino que los cristianos «están persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio».