Cooperante en Haití: «Nuestros empleados tuvieron que salir con sus hijos» tras la masacre de Kenscoff - Alfa y Omega

Cooperante en Haití: «Nuestros empleados tuvieron que salir con sus hijos» tras la masacre de Kenscoff

Gena Heraty, de la ONG Nuestros Pequeños Hermanos, explica cómo en la zona donde hace dos semanas fueron asesinadas 47 personas «la violencia llevaba más de un año avanzando», por lo que se vieron obligados a desalojar un hogar infantil

María Martínez López

Hace un año, la ONG Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) se vio obligada a desalojar a los 260 menores que atendía en el hogar Santa Elena, en Kenscoff, al oeste de Puerto Príncipe. La masacre de la noche del 23 al 24 de agosto pasados, que se saldó con al menos 47 muertos, demuestra que fue la decisión correcta. Así lo cree Gena Heraty, una de sus miembro de la ONG, que ahora está atendiendo a desplazados de esa zona que han huido hacia Tabarre, en Puerto Príncipe.

—Trabaja con personas desplazadas de Kenscoff. ¿Cuál es la situación allí?
—La violencia en Kenscoff ya llevaba más de un año avanzando y las bandas habían ido tomando zonas de los alrededores. El último ataque, ocurrido junto a la comisaría, provocó que muchas familias huyeran para salvar sus vidas. Tenemos empleados de NPH de esa zona que tuvieron que salir con sus familias y sus hijos pequeños. Algunas personas que conocemos han perdido familiares y otras fueron secuestradas. Afortunadamente, no tuvimos víctimas directas dentro de nuestra comunidad, pero muchas personas han sufrido las consecuencias de forma directa o indirecta.

El problema para quienes han sido expulsados es que no tienen dónde ir. Muchos no pueden pagar un alquiler y, además, pierden sus medios de vida. La mayoría de las personas que vivían en Kenscoff eran agricultores y, al marcharse, también pierden sus tierras y la posibilidad de trabajar. Algunos de nuestros empleados llevan fuera de sus casas desde el año pasado.

Residentes protestan contra la inseguridad en Kenscoff, Haití —en las afueras de Puerto Príncipe—, el 24 de agosto de 2026.
Residentes protestan contra la inseguridad en Kenscoff, Haití —en las afueras de Puerto Príncipe—, el 24 de agosto de 2026. Foto: OSV News / Fildor Pq Egeder, Reuters.

—¿Es diferente o peor la situación allí que en otros lugares?
—Kenscoff forma parte de un problema mucho mayor. Lo que está ocurriendo allí no es un hecho aislado: durante el último año y medio o dos años hemos visto ataques y masacres en distintas comunidades. Lo que ha cambiado en Kenscoff es que las bandas han ido subiendo hacia las montañas y ampliando progresivamente el territorio que controlan.

Por eso NPH tuvo que evacuar a los niños de Kenscoff el año pasado. Fue una decisión difícil, pero necesaria para protegerlos. Hoy sabemos que fue la decisión correcta. La violencia ha seguido avanzando y las familias que permanecen allí o que han tenido que huir están viviendo una situación extremadamente difícil.

—¿Cómo está ayudando NPH a las personas desplazadas?
—Estamos intentando apoyar especialmente a nuestros empleados y sus familias, porque muchos han perdido sus casas y sus medios de vida. Con fondos que recibimos desde Irlanda pudimos ayudar a algunas familias a pagar un alquiler y ahora estamos buscando otras alternativas de alojamiento para quienes siguen desplazados.

También estamos intentando mantener el apoyo a los niños y a sus familias. No podemos ocuparnos de los niños de NPH de forma aislada: ellos forman parte de una familia mucho más amplia, junto a nuestros trabajadores y las comunidades en las que vivimos y trabajamos. En este contexto, reducir nuestro trabajo no es una opción; al contrario, la situación hace que nuestra labor sea todavía más urgente.

Unas mujeres lloran junto a los cuerpos de varias personas en Kenscoff, Haití —en las afueras de Puerto Príncipe—, quienes perdieron la vida durante una incursión nocturna perpetrada por una banda armada
Unas mujeres lloran junto a los cuerpos de varias personas en Kenscoff, Haití —en las afueras de Puerto Príncipe—, quienes perdieron la vida durante una incursión nocturna perpetrada por una banda armada. Foto: OSV News / Patrice Noel, Reuters.

—Llevamos casi diez años oyendo hablar de la crisis y la violencia de Haití. ¿Ha empeorado últimamente?
—Sí, la situación ha empeorado. En los últimos años las bandas han ampliado progresivamente su control territorial y la población vive con una enorme incertidumbre. Ahora mismo es muy difícil ver señales claras de progreso.

—¿Cómo está afectando una crisis tan prolongada a la población, especialmente a los niños?
—Para los niños, una crisis tan prolongada significa crecer sin la estabilidad y la normalidad que necesitan. El desplazamiento, la pérdida de sus hogares, la pobreza y las dificultades para acceder a la escuela tienen consecuencias muy profundas. Por eso intentamos que los niños puedan seguir estudiando y mantener, en la medida de lo posible, espacios de normalidad. En este momento, proteger su educación y su bienestar es más importante que nunca.