En el Centro San Antonio de Ceuta, los migrantes ayudan a los migrantes
Este proyecto con solo diez plazas decidió abrir sus puertas «con mucha prudencia» para atender a 40 recién llegados. «Ceuta es una comunidad muy acogedora» pero «sabemos y entendemos el cansancio», asegura un responsable
Cuando alguno de los 40 migrantes que acoge el Centro San Antonio de Ceuta entraba en el recinto, «se veía el cambio en su rostro: entraban tensos» y se iban relajando al comprobar cómo se los atendía. Lo relata el misionero scalabriniano Carlos Méndez, uno de sus responsables.
«La mayoría son de Marruecos, pero también subsaharianos y de otros países». Entre sus historias, rasgos comunes como contarles que su vida corre peligro por «situaciones de persecución» o el anhelo de «encontrar un nuevo futuro y oportunidades de trabajo», por ejemplo para responder a problemas de salud en su familia.
Y, sin embargo, empezaron a acoger con mucha cautela. Al producirse la entrada masiva entre el 30 y el 31 de julio, en el Centro San Antonio se limitaron a ofrecer información, comida y algo de ropa de forma puntual a los migrantes que llegaban. «No podíamos dar una respuesta inmediata a todas las personas porque nuestro recurso es pequeño». Hospedan y acompañan de forma integral a diez migrantes salidos de centros de menores por haber cumplido la mayoría de edad.

Solo a los cuatro o cinco días, «cuando ya se empezaban a ver casos de emergencia» con rasgos de vulnerabilidad «fuimos habilitando algunas salas del recinto para poder dar respuesta a realidades muy puntuales». Esta respuesta se fue articulando en diálogo y coordinación con la red del Secretariado y contando con la disponibilidad de Fernando Sotomayor, director de Caritas Ceuta, para apoyar en aquello que fuera necesario.
«No se reconoce quién es voluntario o residente»
El Centro San Antonio funciona con el amparo del Secretariado de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Está gestionado por la Asociación Cardijn, en red con Tierra de Todos, ASCS, SIMN, y también con el apoyo de Cáritas, Banco de Alimentos o Luna Blanca.
«Íbamos con mucha prudencia porque la casa es pequeña» y querían «ofrecer un espacio digno a personas vulnerables, con su espacio y su privacidad; no acoger por acoger». De esta misma mezcla de prudencia y necesidad de responder a las necesidades surgió el ofrecer alimentos, la posibilidad de ducharse —con tickets para un mejor orden de cuántas personas entraban en la casa—, y atención médica para algunas heridas y lesiones.
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La implicación y el tiempo de la educadora y la integradora social, junto con la disponibilidad permanente de los voluntarios de ASCS (Agenzia Scalabriniana per la Cooperazione allo Sviluppo) fueron fundamentales para responder en aquellos días. «Todos se han implicado para dar respuesta en esta situación que es difícil para todos, pero en lo poquito y en lo humano hemos podido hacerlo, pensando siempre que la dignidad humana no puede ser olvidada».
A la acogida se han sumado algunos de los diez residentes originales, que hablan español y hacían de intérpretes. «Y las personas que hemos acogido también se han implicado comprometiéndose en algún aspecto del cuidado de la casa.

Desde el principio se les explicó que San Antonio no es un proyecto asistencialista sino donde la ayuda es recíproca y hay que asumir responsabilidades. Hasta el punto de que, como les decía un sacerdote estos días, «no se reconoce quiénes son voluntarios y quiénes residentes».
Ceuta, ciudad acogedora pero cansada
Con todo, Méndez ve llegado el momento de poder empezar a derivarlos del Centro San Antonio a los espacios de acogida habilitados por la ciudad. «Era una respuesta puntual y provisional, no un sitio en el que puedan estar un periodo largo». A pesar de todas las dificultades, asegura que la mayoría no se plantean volver porque «tienen la esperanza muy viva. Algunos quieren pedir asilo. Eso no depende de nosotros; lo que depende es acompañarlos, orientarlos, guiarlos».
En cuanto al ambiente en el vecindario y la actitud hacia este proyecto, «hemos visto una respuesta positiva, no hemos tenido ninguna dificultad. Hay personas que se acercan preguntando cómo ayudar. Ceuta es una comunidad muy acogedora».
Es consciente, con todo, de que «otras no están de acuerdo. Sabemos y entendemos el cansancio de las personas que están viviendo esta situación porque ha pasado más de un mes y que no haya respuesta por parte del Gobierno no se debe ignorar. Pero nosotros nos centramos en cómo respondemos ante las personas». Y cree que «cuando uno se encuentra realmente con el otro, el discurso empieza a cambiar».