Diez años del asesinato en Haití de «la monja de los cojos» que puso en marcha una clínica móvil
Isa Solá fue disparada mientras recorría el centro de Puerto Príncipe en 2016. Quienes la conocieron narran que «su vida no tenía sentido si no era al lado de esta gente»
Isa Solá vivió en Haití como religiosa de Jesús y María desde 2008 hasta 2016, cuando fue asesinada mientras conducía por el centro de Puerto Príncipe. Este miércoles se cumplen diez años de su muerte y Valle Chías, quien conoció a la barcelonesa y prosiguió su obra «después de que me metiera el gusanillo por Haití», cuenta a Alfa y Omega que «lo que más me tocó de Isa fueron sus ojos azules brutales y cómo su mirada decía que para ella la vida no tenía sentido si no era al lado de esta gente». De hecho, «le quitaron la vida» precisamente por ello.

Otro legado que destaca es «el testamento espiritual que se publicó tras su muerte y que creo que escribió porque se olía que pasaría algo» en aquella ciudad hoy tomada por la delincuencia. En este texto guardado en su ordenador y encontrando por otras misioneras, Isa Solá comenzaba diciendo: «Si leéis esto es porque se me acabaron los días en este mundo». Sin saber cómo moriría, deseaba «irme al menos haciendo lo que amaba hacer, entregando mi vida, amando a mi gente, sirviendo». «Si es así, celebradlo, todo está bien», encargaba. Y así fue, ante lo que recordaba que «he sido feliz y he estado donde más siempre he querido, en África y luego en Haití».
Taller de prótesis y clínica móvil
Valle Chías no se encontró con Isa Solá demasiadas veces, solamente las pocas ocasiones que la barcelonesa regresaba por una breve temporada a España. No obstante, esta religiosa que se instaló después en el mismo Haití desde el 2020 hasta el 2025 pudo conocer mejor a su hermana a través de las obras que puso en marcha. «Además de dedicarse a la educación, ella era enfermera de profesión y ya se dedicó a ello en Guinea Ecuatorial». Por tanto, tras el violentísimo terremoto de 2010, cuando la emergencia se impuso sobre la educativa, se volcó en atender a los mutilados por el sismo a través de lo que llamó como «el taller de prótesis».
«Hay un documental de la 2 que todas nos hemos visto en bucle en el que relata cómo todos los edificios por los que pasó aquel día se cayeron y la gente con la que estuvo falleció, pero ella no», explica Chías. A raíz de aquel episodio «vio la necesidad» de ayudar a valerse por sí mismos a los damnificados con prótesis que les permitieran trabajar y «que tenían como particularidad que eran accesibles para gente con menos recursos», a diferencias de otras iniciativas con un legítimo ánimo de lucro.

Otra iniciativa que Isa Solá puso en marcha fue «una clínica móvil en la que se implicaron voluntariamente muchos profesionales locales bien preparados como ginecólogos, dentistas o médicos de distintas especialidades» para recorrer los barrios pobres. Son obras que llamaron la atención de quienes le rodeaban y que provocaron que «después del terremoto, todas las fotos que viéramos de ella fueran con gente con prótesis, por lo que allí la llamaban “la monja de los cojos”».