Once años en las duchas de San Pedro enseñaron a esta monja la dignidad de los pobres - Alfa y Omega

Once años en las duchas de San Pedro enseñaron a esta monja la dignidad de los pobres

Según Hanna Kiedrowska, para las personas sin hogar lo más importante de estos aseos es que «les ayuda a redescubrir la dignidad de hijos de Dios»

Rodrigo Moreno Quicios
Hanna Kiedrowska gestiona desde 2015 las duchas en la Plaza de San Pedro. Foto: Vatican Media

«Cuando conocí por primera vez a unos jóvenes sin hogar y los llamé “hermanos”, se echaron a llorar. Me dijeron que nadie los había llamado así nunca. Solo habían recibido insultos y palabras de desprecio». Con este recuerdo, la hermana Hanna Kiedrowska resume en la prensa vaticana sus once años de servicio como voluntaria en las duchas para personas sin hogar instaladas bajo la columnata de Bernini en la Plaza de San Pedro y gestionadas por la Limosnería Apostólica.

La religiosa palotina polaca, que comenzó esta labor en 2015 a petición del Papa Francisco, explica que, más allá de suplir las carencias materiales, «lo más importante» es ayudar a quienes viven en la calle a recuperar la dignidad.

«Simplemente quieren hablar»

En estos aseos, cada jornada comienza a las 7:00 horas con la organización del acceso a las tres duchas disponibles. «Cada uno se apunta en la lista y luego llamamos a las personas una por una», relata Kiedrowska. Mientras esperan su turno, «pueden afeitarse, tomarse un té o un café, comer un croissant o algo de fruta». Más tarde, «hacia las 11 horas, también se reparten los bocadillos preparados por la Limosnería Apostólica». Según señala, para muchos usuarios poder asearse supone recuperar «al menos una parte de la normalidad cotidiana».

Voluntarias en los alrededores de las duchas bajo la columnata de Bernini. Foto: Vatican Media

La religiosa polaca insiste en que estas personas «muy a menudo simplemente quieren hablar». «Necesitan sentirse escuchados y que alguien les pregunte qué les ha llevado a vivir en la calle», añade. Así, solo cuando se conoce «su historia, su infancia y su situación familiar» se comprende «cuántas heridas llevan dentro». Del mismo modo, recalca que «detrás de cada adicción se esconde una historia concreta de sufrimiento».

«Redescubrir la dignidad de hijos de Dios»

Con el paso de los años, Hanna Kiedrowska ha descubierto el valor de los pequeños gestos. «Cuando me los encuentro en la calle siempre se detienen, me saludan, me sonríen». Poder cuidar de su higiene «les ayuda a redescubrir la dignidad de hijos de Dios». Ella misma reconoce que este servicio le ha enseñado a «reconocer la dignidad del otro».

El antiguo limosnero apostólico, Konrad Krajewski, también inauguró en 2023 dos lavanderías para personas sin hogar gestionadas por la Comunidad de Sant’Egidio. Foto: Oficina de Prensa de la Santa Sede

De cara al futuro, la religiosa desea que la ayuda también incluya un acompañamiento espiritual. «Me gustaría que pudiéramos encontrarnos con estas personas no solo en las duchas o durante el reparto de comidas, sino también en la oración». A su juicio, ofrecer «la adoración del Santísimo Sacramento, la meditación de la Palabra de Dios o participar en la Eucaristía» sería «una riqueza inmensa», porque el ser humano «no solo necesita pan y un techo» sino también experimentar el amor de Dios y sentirse parte de la Iglesia.