León XIV vincula la liturgia con la apertura de miras y la acogida «para con todos»
El Papa recuerda que «Cristo se nos hace sacramentalmente presente en la liturgia» y pide que todas las actividades de la Iglesia converjan «hacia esta cumbre»
León XIV, el Papa de la unidad, cuyo primer viaje internacional tuvo lugar en noviembre de 2025 a Turquía y Líbano para conmemorar el 1.700 aniversario del Concilio de Nicea, ha celebrado este miércoles la audiencia general acompañado de un invitado especial: el catolicós de la iglesia Apostólica Armenia de Cilicia, Aram I.
«Esta visita fraterna representa una importante ocasión para fortalecer los lazos de unidad que ya existen entre nosotros, mientras nos acercamos a la plena comunión entre nuestras Iglesias», ha saludado el Santo Padre, que también ha agradecido a Aram I su «constante compromiso» con el ecumenismo, «especialmente con el diálogo teológico internacional entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales».
Asimismo, antes de detenerse en el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II, la constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium, a la que ha dedicado la catequesis, el Pontífice ha pedido oraciones «por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, una vez más desgarrados por la violencia y la guerra».

León XIV: Cristo presente en la liturgia
Durante la catequesis, el Papa ha ahondado en la importancia de la santa liturgia, donde Cristo «se nos hace sacramentalmente presente, de modo que cada vez que participamos en la asamblea reunida en su nombre estamos inmersos en este misterio», el de su Pasión, Muerte, Resurrección y Glorificación.
Pero la inmersión es total, porque, tal y como decía san Agustín, al que León XIV ha recordado durante su alocución, «al celebrar la Eucaristía la Iglesia recibe el cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe: se convierte en el cuerpo de Cristo, morada de Dios en el Espíritu». Por eso, «todas sus actividades convergen» hacia la cumbre de la liturgia.
La Iglesia y los fieles, transformados en el cuerpo de Cristo, están llamados a transparentar su nueva identidad en los quehaceres de la vida. Así «la liturgia celebrada» se traducirá «en vida» y exigirá «una existencia fiel, capaz de hacer concreto lo que se ha vivido en la celebración. Es así como nuestra vida se convierte en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios».
Concretamente, el Santo Padre ha subrayada que esa liturgia vivida «forma una comunidad abierta y acogedora para con todos».