Esas mujeres fuertes de la Biblia
Guercino y sus heroínas bíblicas lleva al Museo Thyssen-Bornemisza las imágenes de seis féminas presentes en el imaginario colectivo
En los últimos tiempos estamos asistiendo a una afortunada revisión respecto al papel de la mujer en la historia, el arte, la cultura y las ciencias. A este propósito resulta sumamente interesante abordar y estudiar dicha presencia en el contexto religioso, más aun incluso, dadas nuestras raíces, en el ámbito de la tradición cristiana. A tal fenómeno no es ajena la exposición Guercino y sus heroínas bíblicas, comisariada por Mª Eugenia Alonso. Podremos disfrutar de esta muestra hasta el próximo mes de junio en el Museo Thyssen-Bornemisza, de Madrid. Se trata de una exposición de gabinete compuesta por seis excelsos óleos de gran formato realizados por Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591 – Bolonia, 1666), apodado Il Guercino, quizá el pintor barroco más afamado del norte de Italia.
Tal y como se infiere del título, el eje vertebrador de la muestra se articula en torno a distintas féminas que protagonizan algunos de los capítulos más conocidos de la Biblia. Todas ellas sobresalen por su carácter fuerte e indómito, por lo cual precisamente sus historias, sus actitudes y su arrecho, conforman buena parte de nuestro imaginario colectivo.

A través de los lienzos seleccionados para la ocasión, apreciamos no solo la importancia de las mujeres bíblicas en la pintura de Il Guercino, sino que también podemos estimar la evolución formal de este genial artista. Admiramos así su retórico naturalismo inicial, hasta llegar a un peculiar clasicismo deudor de Guido Reni, sobre todo a partir de 1642, cuando nuestro artista se instaló definitivamente en Bolonia.
Los gestos y las miradas de los personajes de estas imágenes nos recuerdan la famosa máxima del poeta romano Horacio: Ut pictura poesis («la pintura como muda poesía»), tan evidente en una teatralidad barroca plena de emociones, de sentimientos humanos y divinos, de inquietudes místicas y terrenales.

Cómo no citar a este propósito a Jesús y la mujer adúltera (1621, Dulwich Picture Gallery, Londres), donde la mirada de Cristo, justa y amorosa, contrasta con los torticeros argumentos de los ignominiosos acusadores. Rigor moral éste contrapuesto a la actitud del anciano que, en Susana y los viejos (1617, Museo del Prado), busca nuestro silencio cómplice frente a una Susana plena de belleza divina.
Mujer que, de alguna manera, también adivinamos en aquella otra que anhela el agua de la vida eterna, según atestigua Jesús y la samaritana en el pozo (1641, Museo Thyssen-Bornemisza). En la serenidad de estos personajes, nuestro artista recrea el diálogo de quienes en ese brocal añoran la pila del Bautismo.

Ello no obsta para que Il Guercino también supiera reflejar con sus pinceles la crueldad del protagonista de Abraham repudiando a Agar e Ismael (1657, Pinacoteca de Brera, Milán), sin obviar el rictus arrepentido de la figura principal de Salomé recibiendo la cabeza de san Juan Bautista (1637, Museo del Louvre, París).
En definitiva, de la mano de este pintor, gracias a la oratoria de sus ademanes y a la profundidad de sus miradas, estas heroínas nos enseñan el camino humano y divino de la Salvación. En sus luces y en sus sombras, que son las nuestras, hoy, desde esta nuestra Pascua florida, reverenciamos el divino perdón, esa esperanza que estas mujeres, desde sus retos, desde sus dudas, desde su humanidad y desde su fe, por gracia de Il Guercino, nos invitan a celebrar ese primer día de la semana pleno de vida, pleno de resurrección.