Pablo III, el nuevo patriarca caldeo, pasó semanas en Mosul bajo el Estado Islámico

Pablo III, el nuevo patriarca caldeo, pasó semanas en Mosul bajo el Estado Islámico

Amel Shamon Nona ha elegido como nombre Pablo III. Siendo arzobispo de Mosul en sustitución de un mártir, sufrió la invasión de la llanura de Nínive por el Estado Islámico

María Martínez López
Nona nació en Alqosh en 1967. Foto: Fransyousif.
Nona nació en Alqosh en 1967. Foto: Fransyousif.

El arzobispo Amel Shamon Nona ha aceptado convertirse en el nuevo patriarca de la Iglesia caldea con el nombre de Pablo III. Esta Iglesia ha anunciado por medio de una nota que Nona, elegido por el Sínodo caldeo reunido en Roma, «anunció la aceptación de la elección». Sustituye a Luis Rafael Sako, cuya renuncia fue aceptada el 10 de marzo por el Santo Padre después de 13 años al frente de la misma.

El nuevo patriarca expresa «su confianza en la gracia de Dios y su compromiso de ejercer el servicio patriarcal con espíritu de honestidad y responsabilidad». Promete asimismo hacerlo «en plena comunión con los padres sinodales y al servicio de la unidad y la misión de la Iglesia caldea en la patria y en los países de la diáspora».

Hasta ahora, Amel Shamon Nona era el eparca caldeo en Sídney, encargado de la atención pastoral a la diáspora en Australia y Nueva Zelanda. Tras su elección y aceptación, al ser la caldea una Iglesia oriental sui iuris en comunión con Roma, debe recibir el reconocimiento canónico del Papa León XIV. 

Sucesor de un mártir

Amel Shamon Nona es originario de Alqosh, ciudad de la llanura de Nínive, donde nació el 1 de noviembre de 1967. En 1985 entró en el Seminario Patriarcal Caldeo y se ordenó sacerdote el 11 de enero de 1991 en Bagdad, un mes y medio antes del final de la guerra del Golfo.

De 1993 a 1997 fue vicario parroquial en Alqosh, y luego párroco hasta el año 2000. Después se trasladó a Roma para licenciarse en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense. Una vez obtenido el título, regresó a su parroquia. 

En 2009, fue elegido con consentimiento de Benedicto XVI como arzobispo de Mosul. Sucedía a Faraj Pablo Raho, al que habían secuestrado y asesinado el año anterior. Recibió la ordenación episcopal el 8 de enero de 2010 en el monasterio de Dair al Sayida de Alqosh.

Cuando el Estado Islámico conquistó Mosul el 9 de junio de 2014 para convertirla en capital de su califato, y a pesar del éxodo de los cristianos, Nona aún se quedó varias semanas allí. En ese difícil momento, declaró a Fides que no solo le preocupaba la ocupación yihadista. También le perturbaba «que el sufrimiento y los problemas de los cristianos de Irak y Oriente Medio en este momento tan problemático puedan convertirse en un pretexto de operaciones alarmistas y de propaganda, evidentemente interesadas en lograr otros objetivos». 

Finalmente, se vio obligado a abandonar Mosul cuando la ofensiva yihadista se extendió por toda la llanura de Nínive. Como tantos feligreses, se desplazó Ankawa, barrio de Erbil (capital del Kurdistán iraquí) que acogió a cientos de cristianos desplazados. Pocos meses después, en enero de 2015, el Papa Francisco lo nombró obispo de la eparquía de Santo Tomás Apóstol de Síndey de los Caldeos y arzobispo ad personam

¿A qué retos se enfrenta?

A la espera del reconocimiento canónico del Papa León XIV, Pablo III ya cuenta con unas orientaciones del Santo Padre para llevar a cabo su labor. Al recibir el 10 de abril a los participantes en el Sínodo caldeo, el Pontífice pidió a quien fuera elegido que fuera «ante todo un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos», recoge AsiaNews. Lo invitó a «vivir según el Evangelio, es decir, en la mansedumbre y en la búsqueda paciente de la unidad». Esta no es «contracorriente» o «contraproducente», sino que se revela el «camino más sabio». 

El Papa aludió a la historia de la Iglesia caldea, «gloriosa, pero marcada también por pruebas muy duras: guerras, persecuciones, tribulaciones que han afectado a sus comunidades y han dispersado a muchos fieles en el mundo». Pero «precisamente en estas heridas brilla el testimonio luminoso de la fe, porque si vuestra Iglesia lleva impresas las cicatrices de la historia, es precisamente el Señor resucitado quien nos muestra cómo las heridas más dolorosas pueden convertirse en Él en signos de esperanza y de nueva vida».

Entre los retos a los que se enfrentará Pablo III como patriarca, está la atención pastoral a la diáspora —de 600.000 fieles que tiene, solo la mitad está en Irak—; las tensiones y divisiones internas y la difícil relación con las autoridades iraquíes. Frente a ellas, León XIV recomendó a los obispos caldeos «que sean atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados y responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas». Es algo necesario «para que cada palabra y comportamiento contribuya a edificar la comunión eclesial y el testimonio de la Iglesia».