Juan Carlos Merino: «Cada vez que vivimos solos nuestro ministerio nos la pegamos» - Alfa y Omega

Juan Carlos Merino: «Cada vez que vivimos solos nuestro ministerio nos la pegamos»

El vicario para el Clero estrena esta sección llamando a los sacerdotes a «dar respuesta con nuestra vida a la sed de sentido que hay en tanta gente» en este «cruce de caminos» que es la capital

Luis Miguel Modino
Juan Carlos Merino
Es vicario episcopal para el Clero desde noviembre de 2023. Foto: Archimadrid / Javier Rámirez.

«Ser cura en Madrid» es una propuesta para conocer al clero madrileño y descubrir la entrega diaria de tantos sacerdotes. Un camino que iniciamos con Juan Carlos Merino, vicario episcopal para el Clero. Para él, «ser cura en Madrid, en primer lugar, es ser cura, porque somos llamados». A ello añade que «es el reconocimiento de que se necesita una fuerte espiritualidad, una fuerte experiencia de Dios, de la conciencia de ser llamado. Cristo nos ha llamado». Ve además que «ser cura significa recibir un don; es una llamada a configurarnos con el Señor».

Comunión

CONVIVIUM mostró que «la fraternidad es mucho más fuerte de lo que pensamos». Pero también un reto, «por la carga de trabajo, por la costumbre de trabajar individualistamente». En ese sentido, «si queremos una misión que dé testimonio del Dios vivo tenemos que trabajar en comunión. No solamente luchar por la comunión, sino ser hombres de comunión». Estamos ante un don que no está conquistado, que «hay que trabajar diariamente».

Es decisivo «generar espacios de comunión. Cultivar una cultura de confianza entre nosotros, no de rivalidad, no de hostilidad, no de cada uno con su chiringuito»; una dinámica que lleve a asumir que «lo que hace el otro es un regalo para mí». Lo reclama una sociedad desconfiada, escéptica.

Fraternidad

Merino reflexiona sobre la fraternidad sacerdotal, que, a partir de CONVIVIUM, la asamblea presbiteral recientemente realizada, «tiene que ver con la experiencia, el anhelo y la conciencia de que no podemos vivir solos nuestro ministerio. Cada vez que vivimos solos nuestro ministerio nos la pegamos y no damos fruto».

Es necesario ser colaboradores con el obispo y estar en comunión con él, «sentirnos y vivir como un único presbiterio y en relación con nuestro pueblo, del que formamos parte», afirma. Para Merino, «este tipo de relaciones, que son constitutivas de nuestro ministerio, necesitan una constante conversión y actualización». En una sociedad en la que somos tentados por el individualismo, aboga por una vivencia ministerial fraternal y filial, no individual. 

Madrid es «un cruce de caminos», que muestra «una riqueza de tantas cosas tan plurales». Una ciudad en la que «vive todo el mundo», que hace del ser cura en Madrid un «estar siempre atento a tantos reclamos de nuestra sociedad; una pasión por la misión, por la evangelización». Un desafío ante la fuerte secularización y anhelo de Dios. «Nuestras iglesias se llenan y a la vez hay una ruptura de la transmisión de la fe», asegura el vicario para el Clero. Esto demanda «vivir juntos, saber acertar en el testimonio ante nuestra sociedad», lo que pide responder a ese reclamo como presbiterio, como Iglesia diocesana, como pueblo de Dios.

Dios se hace carne

En una ciudad diversa, urge «seguir hablando de Dios, pero de un Dios que se hace carne entre nosotros, de un Dios no lejano». Merino ve necesario que «se vuelva a presentar con palabras y obras al Dios que camina en nuestra ciudad, en nuestra diócesis». Es importante «dar respuesta con nuestra vida a la sed de sentido que hay en tanta gente, a la sed de esperanza que también hay, porque nos encontramos con un mundo en muchos ambientes desesperanzado, sin un norte». 

Junto con ello, es preciso responder a «esa sed de pertenencia, de vinculación», en una sociedad desvinculada. Merino resalta la importancia de «la identidad de lo que somos, pero también la pertenencia; ver tantas bolsas de sufrimiento que hay en nuestra sociedad, sufrimiento material, físico, de sentido, pero también sufrimiento de tantos vacíos». En esta cultura del exceso, que «genera mucho vacío también», sostiene que ese «solo se responderá desde una solidaridad con tanto dolor, con tanto sufrimiento». 

«La Iglesia en Madrid está presente donde hay sufrimiento. En cualquier situación de sufrimiento que hay en Madrid, veremos que siempre está la Iglesia», resalta. Al mismo tiempo defiende que «esto tiene que hacerse más visible todavía»; y que «en cualquier situación de injusticia, de deterioro humano, de deterioro de la dignidad», ha de «estar presente la Iglesia». Desde ahí, apunta a «la búsqueda de sentido, la mirada de esperanza, de vínculos que tienen que tejerse, ir a lo esencial de la vida».