Un mensaje corto pero atinado. En un momento histórico en el que nos cuesta leer, escuchar, en definitiva, vivir con paciencia y abiertos a los otros, las palabras del Papa León XIV para la Cuaresma que estamos a punto de comenzar deben llevarnos a pensar.
Juntarnos para escucharnos
Me fijo en dos actitudes que aparece en este mensaje cuaresmal: escuchar y hacerlo juntos. Esto me retrotrae a la experiencia vivida la semana pasada en CONVIVIUM. A final de cuentas, la asamblea presbiteral de la archidiócesis de Madrid fue una ocasión para eso: juntarnos para escucharnos. Y la cosa fue bien, muy bien, muchos curas se quedaron encantados con la experiencia.
León XIV nos dice de cara al nuevo tiempo litúrgico que estamos prestos a iniciar, subrayando la importancia de «dar espacio a la Palabra a través de la escucha», que «la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro».
El obispo de Roma, es interesante el dónde y el cómo llevó a cabo este domingo su primera visita a una de las parroquias de su diócesis, continúa diciendo, refiriéndose a Dios, que «la escucha es un rasgo distintivo de su ser». La afirmación del Santo Padre tiene que llevarnos a reflexionar a todos los bautizados, pero especialmente a los ministros ordenados. De sus palabras se puede deducir que el no escuchar nos distancia del ser de Dios. Y hay que reconocer que a veces nos cuesta demasiado escuchar.
En mis años recorriendo las comunidades en la Amazonía, una de las cosas que más valoraba la gente eran los momentos en los que nos sentábamos y nos escuchábamos unos a otros. Desde la gratuidad, sin pretensiones concretas, compartiendo la vida, las alegrías y esperanzas, las preocupaciones y desafíos que anidaban en nuestros corazones. La escucha nos enriquece y el tiempo que pasamos ejercitando esa práctica nos llena humana y cristianamente. A final de cuentas, Dios habla cuando quiere y a través de quienes menos esperamos.
Dar respuesta al sufrimiento
En ese sentido, León XIV nos dice: «la escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud». Una escucha que nos hace capaces «de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta».
Nos deparamos cada día con gente que espera respuestas, también de la Iglesia, también de los sacerdotes. Una escucha que se convierte en alivio para el sufrimiento y que ayuda a las personas a encontrar el camino. Algo que somos desafiados a hacer personal y comunitariamente: «escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra», dice el texto pontificio.
Siguiendo las palabras del Papa y volviendo de nuevo a CONVIVIUM, somos llamados a convertirnos en lo que hace referencia «al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo». Se trata de discernir juntos, y llevar a cabo esta tarea de este modo es uno de los desafíos a los que nos enfrentamos. Un escuchar juntos que nos ayuda personalmente y ayuda a los otros, pues de ese modo, dejándonos interpelar hacemos lo necesario para que «el grito de los que sufren encuentre acogida».