Las siete esferas. Reloj, no dejes de marcar las horas - Alfa y Omega

Las siete esferas. Reloj, no dejes de marcar las horas

Isidro Catela
Fotograma de la serie.
Fotograma de la serie, compuesta solo de tres episodios. Foto: Netflix / Simon Ridgway.

No es fácil encontrar entre lo más visto de Netflix un entretenimiento bien hecho. Sin más, pero tampoco sin menos, acostumbrados como estamos a que todo nos lo trufen de ideología que no moleste a la corrección política. Las siete esferas es una notable excepción a la regla. Basada en una de las novelas de Agatha Christie menos conocidas, esta miniserie nos regala buen gusto en la recreación de la aristocracia inglesa del primer cuarto del siglo XX, en los convulsos tiempos de entreguerras. La materia prima de la reina del suspense es bien conocida y la adaptación, si obviamos la recreación de lo que sucede en España, no desentona. En la historia hay una mansión, una fiesta, gente más o menos importante, un aparente suicidio que tal vez no lo sea y algo parecido a los diez negritos (que ahora no se pueden llamar diez negritos). Con siete esferas de reloj omnipresentes, que son algo más que una poderosa metáfora del paso del tiempo, la trama gira en torno a descubrir al asesino.

Algunas cosas no son lo que parecen y otras son exactamente lo que parecen. Esta obviedad está puesta en boca del inspector de Scotland Yard y, en estos casos, a los policías conviene prestarles atención. Todo muy british. En este sentido, ninguna sorpresa sobre lo que a priori imaginamos y, sin embargo, todas las sorpresas del mundo en los giros del guion. Los amantes del género la van a disfrutar mucho.

La inquieta protagonista, lady Eileen Bundle Brent (Mia Mckenna-Bruce, Persuasión), es toda una Jessica Flecher rediviva, flanqueada por una espléndida Helena Bonham Carter, en el papel nada secundario de la madre.

Parece hecha para disfrutarla a la hora del té. Yo me la he devorado casi de un tirón (son solo tres episodios), por la noche y con un descafeinado, para no desvelarme demasiado. Ya les aviso de que no desvelarse en absoluto, con tanto despertador antiguo sonando a todas horas, va a ser misión imposible.