Paul Tighe: El deporte «es la práctica cultural más extendida en este momento»
El secretario del Dicasterio para la Cultura explica que se ha creado «un espacio de reflexión» en las olimpiadas, pero competir «no es una prioridad»
—¿Cómo se ha sido acogida la carta del Papa?
—Se ha hecho eco incluso la prensa deportiva. Es evidente que el deporte es la práctica cultural más extendida en este momento.
—¿Por qué se titula La vida en abundancia?
—Porque el deporte es una escuela de vida que muestra que la abundancia no proviene de ganar a toda costa, sino de la alegría de caminar juntos, respetando a los demás y compartiendo una experiencia. Es que no es solo una actividad física, sino un camino educativo y espiritual que moldea a la persona: ayuda a desarrollar virtudes, habilidades sociales y una madurez que van mucho más allá del campo de juego.
—¿Podría poner algún ejemplo?
—El deporte enseña a gestionar victorias y derrotas y eso es la madurez. Se aprende a ganar sin arrogancia, sin humillar al adversario, pues se reconoce su esfuerzo. Se aprende a perder sin sentirse derrotados como personas, una lección de humildad. En equipo se aprende a apreciar la fortaleza de las diversidades y a tolerar las debilidades, y se pasa de un cierto egocentrismo a la solidaridad de buscar un objetivo compartido.
—¿Es una escuela también para quienes prefieren ver el deporte, en vez de practicarlo?
—Sí, porque despierta un sentido de pertenencia e identidad que trae alegría o dolor en los fans de los equipos. El problema es cuando se convierte en fanatismo, y se pierde el sentido de la fraternidad, pues conduce a la polarización o al enfrentamiento y la violencia.
—¿Cuál es la cara oscura del deporte?
—El problema es cuando se reduce a espectáculo o producto y prevalecen la dictadura del rendimiento y la búsqueda del dinero y el beneficio sobre la persona. En estos casos, los atletas corren el riesgo de ser tratados como mercancía y se apaga la alegría de competir.
—¿Qué tiene que ver el deporte con la fe?
—¡Muchísimo! Estamos hablando de la vida de las personas, que no está fragmentada ni separada de su fe. Una de las novedades de la Carta es haber reforzado la importancia de la pastoral del deporte como «espacio de discernimiento y acompañamiento». El Papa indica a las Conferencias Episcopales que constituyan comisiones dedicadas al deporte, para reforzar esta pastoral.
—¿Hay santos deportistas?
—¡Por supuesto! ¿No recuerda a san Juan Pablo II? Cuando era joven practicaba kayak y senderismo, y como Papa, esquí y natación. Pero hay muchos otros…
—¿Veremos algún día un equipo del Vaticano en los Juegos Olímpicos?
—No es una prioridad. La perspectiva de Athletica Vaticana no es competir, sino algo más participativo e inclusivo. Pero aunque no compitamos, estamos presentes. Hemos creado un espacio de reflexión para atletas y entrenadores. Llevamos a Milán la Cruz Olímpica, que también pasó por Roma. La Iglesia está ofreciendo atención espiritual a los atletas. Eso es muy importante.