Hasan Hadi, director iraquí: «Lo que funciona es la universalidad de las historias» - Alfa y Omega

Hasan Hadi, director iraquí: «Lo que funciona es la universalidad de las historias»

El director iraquí, primero de su país en acercarse a los Óscar, espera que tras el renovado interés por el cine de Oriente Medio surja «una nueva oleada de artistas en toda esta región»

Rosa Die Alcolea
El cineasta es originario de Nayaf, al sur de Irak.
El cineasta es originario de Nayaf, al sur de Irak. Foto: Atalante.

Hasan Hadi es el primer director iraquí en llegar a la shortlist (preselección) de los Óscar, aunque La tarta del presidente se ha quedado fuera de las nominaciones a Mejor Película Internacional. Su infancia en Bagdad bajo el régimen de Sadam Huseín le lleva a narrar la inocencia de la infancia contra la crueldad de los sistemas autoritarios. Para él, más que los premios y reconocimientos, es «mucho más importante que el país esté bajo los focos y que más artistas iraquíes hablen con su propia voz».

—Parece que el cine de Oriente Medio está en auge, o al menos que hay una mayor distribución en Europa y Estados Unidos. Lo corroboran La voz de Hind, Mi postre favorito o Un simple accidente. Más allá de la denuncia social, ¿qué cree que los caracteriza a ustedes, los cineastas de esa región? ¿Hay algo en común?
—Sí, artísticamente es probable. El cine de Oriente Medio es rico en historia, en cuentos, en cultura; lo que, desde luego, es un material riquísimo para cualquier artista. Creo que esto sí lo tenemos en común entre todos nosotros; pero pienso que la expresión es diferente en cada país. La iraní, incluso social o política, es muy diferente de la expresión en el Líbano, por ejemplo: el concepto de libertad es diferente, las expectativas son diferentes. Quizá las luchas sociales, los temas son muy parecidos: es gente que intenta sobrevivir frente a la injusticia política, social, económica; pero la forma de expresarnos es diferente. La musicalidad, el ritmo, a veces también lo compartimos, porque es una cultura en común. Sucede entre Irak e Irán, también mucho con Turquía. La cocina, los platos, etc. El idioma es sumamente parecido. Desde luego, en general, compartimos algo común. Yo siento que, al fin y al cabo, lo que realmente funciona es la universalidad de las historias. Y soy muy optimista, sí, pero espero realmente que haya una nueva oleada de artistas en toda esta región.

—La historia que relata es triste, pero también entrañable. Lamia nos recuerda a Dorothy, de El mago de Oz, y el gallo Hindi a su perro Toto. ¿Tenía alguna referencia cinematográfica para esta película?
—Quizá la más fuerte sería el neorrealismo italiano. Porque al principio, cuando empecé a escribir el guion, me di cuenta de que tenía que trabajar con actores no profesionales para que, justamente, hubiera una relación entre ellos. Esa realidad, esa cosa un poco cruda, esa parte documental. También porque se habla de la sociedad, del momento de la posguerra, del impacto que tuvo. Y todo eso con niños. Si hablamos de cine, mucha gente me ha impactado. Pero como cineasta, intento tener mi propia voz y que sea algo diferente. Hay muchos poetas que me pueden servir de referencia, pero quiero crear mi propia poesía. Vittorio de Sica, Roberto Rossellini, Theo Angelopoulos o Abbas Kiarostami serían mis grandes inspiradores.

—El personaje de Bibi, la abuela de Lamia, es muy potente, es estricta y dura. Siempre piensa en la niña, quiere darle una vida mejor y por ello, toma una decisión drástica. ¿Esto sucede con frecuencia en su país?
—En esa época era habitual, ocurría bastante. Tenemos un dicho en árabe: «Nada puede superar el amor que siento por mis hijos, mi hija o mi hijo, excepto por mis nietos». O sea, el amor, el afecto que sientes por tus nietos es tan grande como por tu hijo. Pero en esa época era necesario ser estricto; era una forma de supervivencia, una manera de poder enfrentarse a la vida. Bibi se parece a las marismas, frágil y a punto de desaparecer. En mi país, para asegurarte de que tu descendencia va a sobrevivir, tienes que tomar decisiones que pueden parecer hasta inhumanas o demasiado duras. En cambio, ahora sigue habiendo muchos problemas sociales; pero son diferentes. Algunos son residuales de entonces también. Pero condenar al pasado no significa solucionar el presente. Aunque es verdad que este es mejor.

—Su película ha ganado la Cámara de Oro a la Mejor Ópera Prima en el Festival de Cannes; se proyectó en la sección de Perlak, en San Sebastián, y ha sido la primera película iraquí en entrar en la shortlist de los Óscar, entre otros reconocimientos. ¿Esperaba estos premios? ¿Qué significan para usted?
—Me siento muy honrado, pero a la vez me siento humilde. Estar siempre debajo de los focos como cineasta era algo que no esperaba ni soñaba con ello. Pero para mí es mucho más importante que de pronto el país esté bajo los focos, y que más artistas iraquíes hablen con su propia voz. Eso me parece maravilloso, realmente.