Cobo, en la Eucaristía de CONVIVIUM: «No estamos aquí para defender proyectos personales» - Alfa y Omega

Cobo, en la Eucaristía de CONVIVIUM: «No estamos aquí para defender proyectos personales»

El arzobispo de Madrid ha pedido durante la homilía «renovar la escucha a Cristo, ayudarnos mutuamente y ponerlo todo sobre el altar»

Begoña Aragoneses
El cardenal Cobo durante la homilía de la Misa. Foto: Javier Ramírez.

Se respiraba un gozo grande en la catedral de la Almudena al caer la tarde de este lunes, 9 de febrero. También emoción. Era el cierre de la primera jornada de CONVIVIUM, la Asamblea Presbiteral que el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, convocaba para reflexionar sobre el propio ministerio sacerdotal y sobre qué sacerdote necesita hoy Madrid.

Más de 1.000 sacerdotes concelebraban junto a su obispo y, al igual que el día de su ordenación, cuyas voces retumbaron con ese «¡presente!», hoy han vuelto a sonar con fuerza en el canto de entrada. «Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios, bendice a tu Señor». Sacerdotes de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote.

La catedral de la Almudena repleta de sacerdotes. Foto: Javier Ramírez.

Voces unidas, almas puestas en Cristo Eucaristía que dejaban ante el altrar el trabajo de estos días con el deseo de que Dios «los transforme en vida y para nosotros en fuente de comunión», como se leía en la monición de entrada.

Acompañaban también al arzobispo de Madrid el cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Francisco Javier Bustillo, obispo de Ajaccio (Córcega), los obispos auxiliares de Madrid, Vicente Martín y Juan Antonio Martínez Camino, el obispo Luis Marín de San Martín, así como el madrileño José Luis del Palacio, obispo emérito del Callao (Perú), y Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería. Y junto a ellos, los vicarios episcopales y territoriales, canónigos de la catedral, diáconos y seminaristas.

Hambre y sed de sentido

Ya en su homilía, el cardenal José Cobo arrancaba con las palabras de Jesús a sus discípulos, «¿cuántos panes tenéis?». Una pregunta que invita a no dejar de mirar al pueblo de Dios, «más allá incluso de nuestras parroquias y de nuestros encargos concretos». «Una multitud con hambre y sed de sentido, a la que Cristo quiere ofrecer su amor y su Evangelio por medio de esta Iglesia a la que servimos», añadía.

Reunidos en la catedral, «hogar común donde todos tienen lugar», ha dicho, y en la Eucaristía, «culmen y fuente de la energía que hace posible nuestra fraternidad sacerdotal» y en la que «nos convertimos en «sacramento para la humanidad» para continuar la misión profética de Cristo». La Eucaristía , ha continuado, «edifica la Iglesia y genera un vínculo de comunión».

En el mundo, el sacerdote ofrece «respuesta y profecía» ante las «oscuridades» que presenta. Uno de ellos es la «polarización que también se cuela en la Iglesia y puede convertirnos en rivales o competidores». Por otro lado, «cedemos a relatos que nos quieren imponer una percepción distorsionada de lo que es la Iglesia y de lo que somos los sacerdotes». Unos discursos que «generan división y no ayudan a una mirada evangélica sobre la Iglesia, los sacerdotes y el mundo al que el Señor ama».

El arzobispo de Madrid. Foto: Javier Ramírez.

Frente a esto, el cardenal ha apelado a la unidad y a la fraternidad: «Juntos aprendemos a descubrir cómo Dios acompaña a su pueblo por caminos que solo se reconocen en comunidad y a ritmo de Evangelio compartido». Así, «cultivar un modo fraternal y sinodal de vivir nuestras relaciones y nuestro pastoreo puede ayudar a la Iglesia a lanzar una voz profética».

«Lo nuestro es amar», ha subrayado, recordando las palabras del cardenal Bustillo en sus palabras de la mañana, «pero no podemos amar sin el amor primero». Es «estar, cuidar y convertir nuestras relaciones fraternas no es una estrategia organizativa, sino la forma que Dios tiene de amar a su Iglesia», ha asegurado. Y aquí, «Jesús no pide ideas, sino cosas concretas, «¿cuántos panes tenéis?»».

«Dadles vosotros de comer»

Ante un mundo «cada vez más complejo» y con una humanidad herida y carente de sentido, quizá el sacerdote de hoy se siente, ha indicado el cardenal Cobo, superado, desanimado o desbordado. Pero «Jesús vuelve a decirnos hoy: «Dadles vosotros de comer»».

Y como los discípulos, «sentimos la tentación de pensar que no tenemos medios suficientes, que la realidad nos supera» y se abre la puerta a la «comodida, a la disminución del celo apostólico, a la desconfianza y a la pérdida de esperanza».

Sin embargo, «la llamada y la respuesta fiel al ministerio» son «una fuente inagotable de gracia, ánimo y esperanza». Y en definitiva es Dios «quien se conmueve ante esa multitud que hoy anda por nuestros barrios y pueblos como ovejas sin pastor». Y de esa compasión, «nace el encargo que pone a prueba nuestra fe: dadles vosotros de comer».

Al hilo de esto, el arzobispo de Madrid ha remarcado que «no estamos aquí para defender proyectos personales ni para afinar estrategias, sino para renovar la escucha a Cristo, ayudarnos mutuamente y ponerlo todo sobre el altar: panes y peces, cansancios y deseos, heridas y esperanzas».

Asamblea eucarística

El cardenal Cobo ha insistido en la Eucaristía, que «no es un gesto formal, sino la encarnación concreta del amor de Dios en esta diócesis, en este presbiterio y en el pueblo al que servimos». En la Eucaristía se «toma lo disperso y lo convierte en comunión; recoge lo frágil y lo transforma en pan compartido, presencia real del Señor». Así, «no importa si lo que ofrecemos es poco o mucho: basta con ofrecerlo todo para la misión de Cristo». «Aquí nadie sobra, pero nadie se basta a sí mismo», ha remarcado.

Resumiendo, «los discípulos pusieron en manos del Señor lo que tenían y fueron testigos del milagro». «Somos hoy testigos de que la bendición del Señor supera nuestros cálculos», y «donde nosotros vemos desproporción y desafíos; Él multiplica y da de comer por medio nuestro».

El cardenal Cobo ha concluido agradeciendo a los sacerdotes por su «acogida, implicación y participación en todo este proceso de CONVIVIUM», a la vida contemplativa que «se ha sumado con generosidad a esta iniciativa», y al pueblo de Dios, que tanto ha acompañado en estos meses con su oración. «Sin el pueblo de Dios al que servimos, no somos nadie».

Y ha resumido: «Gracias de corazón por dar juntos de comer y por hacer posible, con vuestra propia vida, el milagro del Señor».