«En las redes hay más mentiras que verdades» mientras los chavales luchan por su autoestima
El responsable de Orientación de la Universidad Francisco de Vitoria advierte de la «inestabilidad emocional especialmente fuerte» que sufren los adolescentes
«Los alumnos preuniversitarios están sometidos a una sobreestimulación de medios digitales que les dicen muchas cosas, entre ellas muchas mentiras», explica a Alfa y Omega Jaime Martínez Cortázar. Es director de Orientación e Información Universitaria de la Universidad Francisco de Vitoria y diagnostica «una creciente inestabilidad emocional en la sociedad, tanto en las familias como en las relaciones sociales y como en los propios colegios». Con el perjuicio añadido de «la pérdida del papel del maestro de toda la vida en las escuelas, al que se ha quitado el auctoritas». Por tanto, cree que, más que prohibir el acceso a los redes sociales, lo realmente necesario es que cada hogar realice una regulación racional de su uso y cierta suerte de alfabetización digital.
Según apunta Martínez, «esta inestabilidad emocional es especialmente fuerte en segundo de Bachillerato», un curso en el que «ya no se aprende» y solo sirve «para preparar el maldito examen de la EvAU» en el que los alumnos se ven presionados a «demostrar a una carta toda su trayectoria académica y se juegan un 40 % de la posibilidad de acceso universitario». A juicio de este experto de la Universidad Francisco de Vitoria, en esa etapa «los chicos se están enfrentando a una lucha constante por el mantenimiento del autoestima», ya difícil en otras épocas pero ahora más encarnizada por la omnipresencia de las redes sociales, por lo que es fundamental «la labor de los orientadores universitarios».
«Son cajitas de hormonas que revientan»
Estos profesionales de los centros educativos pueden darles una luz «en ese momento de su vida en el que sufren por estar muy vinculados a los potenciales apegos que puedan tener», pues Jaime Martínez bromea con que los adolescentes a esa edad críticas «son cajitas de hormonas que revientan por todos lados». También los que tienen un comportamiento aparentemente más correcto. «Es el momento en que se están descubriendo a sí mismos, están saliendo del cascarón y rompiendo ese cordón umbilical con sus figuras de referencia», reivindica.

El riesgo, «si no tenemos una buena educación previa, es que te puedes encontrar muy perdido». Y el responsable de la UFV señala que «aquí es donde los orientadores universitarios tienen que ayudar con una última palanca, la de preguntarse qué quiero ser y quién quiero ser». Por eso su centro lleva 30 años trabajando con orientadores universitarios de colegios e institutos, a quienes por desgracia se ve a menudo como «una figura denostada que sirve para todo». Con charlas «sin ningún tipo de sesgo» y «en palabras de andar por casa» como las que organizaron el pasado mes de enero con la presencia de la psiquiatra Marian Rojas Estapé, buscan ofrecer «contenidos, herramientas, consejos y la actualidad más candente en el mundo de la orientación universitaria» a los profesionales encargados de dar un empujón informado a los chavales.
«Si no convences, te van a hacer trampas»
El director de Orientación e Información Universitaria de la Universidad Francisco de Vitoria es escéptico con el reciente anuncio de prohibir las redes sociales a menores de 16 años porque «todo lo que sea una prohibición y no una educación no es el camino», pues «a la gente no hay que vencerla, hay que convencerla». «Si no convences a una persona, te va a hacer trampas y va a seguir entrando» en las plataformas, abunda.

¿Cómo hacerlo? Martínez propone «tener una formación clara en cómo se tiene que orientar el uso correcto de las herramientas y mil formas de limitar sus contenidos». Un ejemplo sencillo pero ilustrativo. «¿Tú sabes que en casa puedes programar el wifi para que a partir de cierta hora se corte?».
Jaime Martínez diagnostica que, efectivamente, los chavales consumen contenidos «con temáticas violentas y desinformación». «En las redes hay más mentiras que verdades», apunta. «Y ahora, con el aterrizaje de las redes sociales, se han acelerado y multiplicado los efectos de una manera más profunda y rápida». Por ejemplo, con la posibilidad a través de la IA de «en la pornografía poner la cara y el cuerpo de personas que conoces». «Estamos entrando en otra dimensión», protesta.
«Hay que tener muchísimo cuidado con esto», reconoce. La solución, según su criterio, pasa «porque tengamos los espacios para educar a nuestros hijos, compartir y estar cerca de ellos». Y allí, «enseñarles desde el amor y la lógica que estas cosas casi siempre son mentira». No es «una varita mágica», pero sí un primer paso.