Las preasambleas en preparación a CONVIVIUM son momentos de encuentro y oración. En los seis encuentros realizados, a los que fueron convocados los 1585 sacerdotes con cargo pastoral en Madrid, se empezaron los trabajos con un momento de oración y meditación.
A la luz de la Palabra
En la Lectura Bíblica de la Hora Intermedia que se rezó, la carta del apóstol Santiago dice: «Sed prontos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira. Porque la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere. Hay quien se cree religioso y no tiene a raya su lengua; pero se engaña, su religión es vacía».
En la sinodalidad, y CONVIVIUM puede ser visto como un ejercicio práctico de ello, la escucha es una actitud decisiva para un buen discernimiento. Una de las grandes tentaciones es hablar mucho y escuchar poco, una falta presente en la vida de mucha gente y que no está ausente en la vida de los presbíteros.
Junto al ser lentos en el hablar, el apóstol Santiago hace ver la necesidad de ser lentos para la ira. En la medida en que la ira domina nuestra vida, la comunión se convierte en un imposible en el caminar de la Iglesia. Cuando nos dejamos dominar por la ira en lo que decimos, escribimos, hacemos, las relaciones se deterioran y adoptamos actitudes que no solo nos separan de la justicia de Dios, sino que también nos deshumanizan.
No dar espacio a la ira
A veces decimos, escribimos, escuchamos, leemos, filtramos, algunos pronunciamientos, también con relación a CONVIVIUM, en los que transparecen sentimientos de ira, inclusive entre gente que es o se cree religioso. Lo que sucedía en las primeras comunidades cristianas, y de eso da fe, la carta del apóstol Santiago, continúa siendo una realidad entre nosotros. De ahí la necesidad de reflexionar siempre sobre las actitudes iradas presentes en nuestra vida.
Una actitud que no debería estar presente en ningún ser humano es inaceptable en quien se dice religioso. Las palabras bíblicas: «su religión es vacía» no pueden ser más certeras. El presupuesto ignaciano de ser buenas personas para ser buenos cristianos y buenos jesuitas es algo que nos puede iluminar. Una premisa que el Papa León XIV inculcaba, como lo han testimoniado en los últimos meses quienes participaron de esos procesos, a aquellos de quienes era formador en Trujillo (Perú): formar personas para poder formar buenos agustinos.
Brechas y dolores evitables
Ser religioso tiene que ver con nuestras actitudes, con nuestros posicionamientos. La ira es una actitud propia de quien se sitúa en un plano de superioridad, de quien se siente dueño de la verdad, de quien muestra que nadie le puede contradecir. Tener la humildad de saber escuchar nos aproxima de la justicia que Dios quiere. Junto con eso, la ira crea brechas que con el tiempo se van agrandando y al mismo tiempo provoca dolores en los otros que podrían ser evitados si nos guiásemos por otros sentimientos más cristianos.
Nunca olvidemos que la Palabra, aunque escrita dos mil años atrás, nos habla a cada uno de nosotros y a todos juntos como comunidad eclesial. Que esa Palabra pueda iluminar la vida de la Iglesia, la vida de una sociedad demasiadas veces dominada por la ira. Que CONVIVIUM y todo lo que se lleva a cabo en la Iglesia de Madrid en pro de caminar juntos sea expresión de aquello que Dios quiere en este momento de la historia.