Se acabaron las penurias para Sidy

Se acabaron las penurias para migrantes como Sidy 

La regularización extraordinaria de migrantes permitirá acabar con los abusos que sufren muchos de ellos en España

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Sidy Diao en el campo donde se busca la vida. Foto cedida.
Sidy Diao en el campo donde se busca la vida. Foto cedida.

El Consejo de Ministros aprueba este martes el inicio de la tramitación de un real decreto para la regularización extraordinaria de personas extranjeras que ya se encuentran en España. En principio, se prevé que se beneficien de esta medida 500.000 personas, muchas de ellas con años buscándose la vida en nuestro país, en ocasiones en condiciones indignas. Pero para personas como Sidy, se acabaron las penurias. 

Sidy Diao es un migrante senegalés que hace unos años compartió con nosotros su historia. Llevaba en nuestro país 14 años después de llegar en cayuco a Canarias. Tenía su domicilio en Tarragona, pero recorría cada año el país en busca de un jornal con el que poder mantener a su familia, como temporero, soldador, pintor…  

Ha estado en Lérida, Ibiza, Logroño, Murcia y ahora en Jaén. En este último destino, concretamente en Albanchez de Mágina, encontró trabajo. Un empresario necesitaba una persona con permiso de conducir y que supiese manejar el vibrador de olivos. Era él. 

Insultos y maltrato 

Lo que no sabía Sidy es que se iba a encontrar con una persona que le quería cobrar 100 euros por alojarlo en un almacén sin baño, o que lo llevó a una casa de su propiedad —por 150 euros— y solo permitió que él y los otros tres temporeros usaran una de las dos habitaciones disponibles. Además, los trataba mal, con insultos y malas formas. 

Temporeras de la fresa en Almonte (Huelva). Foto ABC / Maya Balanya.
Temporeras de la fresa en Almonte (Huelva). Foto ABC / Maya Balanya.

Pero aquel jefe iba a traspasar una línea más, la de la violencia física. Así lo narraba el propio Sidy Diao a Alfa y Omega: «Un día estaba manejando la máquina y esta cambió de ruido. Avisé a mi jefe y empezó a insultarme. Me dijo que era un sinvergüenza, que no valía nada y me acusaba de haber roto la máquina». Luego «se acercó a mí, empezó a retarme y me pegó. Yo intenté defenderme. La gente nos separó y me fui a hacer otra cosa. Entonces, vino por detrás y me golpeó la cabeza con una llave inglesa». 

Tras levantarse del suelo llamó a la Guardia Civil, que acudió al lugar; Sidy pidió su dinero y se marchó. Eso sí, acudió al médico, primero en Albanchez de Mágina y luego en Jaén, y presentó una denuncia contra su agresor. En la capital conoció el Secretariado de Migraciones de la diócesis de Jaén, que le ayudó a encontrar alojamiento la noche que pasó allí antes de continuar su camino hasta Alcalá la Real. Muy cerca de este lugar, en Castillo de Locubín, encontró un nuevo trabajo. «Quiero que se haga justicia y, sobre todo, no quiero que esto le pase a más personas. No he venido aquí para que me golpeen», añadía. Personas como él al fin podrán ver la luz, se acabaron las penurias para ellos