Valentín Rodil: «La escucha es clave en la atención a afectados como los de Adamuz»
El responsable de la Unidad Móvil de Intervención del Centro de Escucha San Camilo y del área terapéutica de Repara señala el «profundo valor» que tiene la atención brindada por la Iglesia en casos así
—¿Hay distinción entre la ayuda psicológica que se presta de forma inmediata tras un accidente y la que se ofrece a medida que va pasando el tiempo?
—Absolutamente, sí. Hay una intervención en el momento inicial que no se debe confundir con el tipo de atención terapéutica más profunda. Hay necesidades distintas. Tras el accidente, hay una persona que puede estar impactada por la pérdida de un familiar, otra por el hecho de no saber si su madre o su padre o su hermano ha muerto, hay otro impacto que es el de las personas que iban en el tren pero han salido ilesas… y más adelante hay un proceso de duelo que va después del trauma.
—¿Qué valor tiene la escucha en este tipo de procesos?
—La escucha es fundamental, clave, en la atención a afectados como los de Adamuz. Es el aprendizaje de la situación en la que una persona está. Es la manera con la que una persona puede ofrecer palabras a un momento en el que no las tiene. Yo nunca lo llamaría «herramienta», porque es bastante más que eso. Es la presencia clave en el tsunami de la muerte y de la pérdida que acaba de acontecer.
—¿Qué se le dice a una persona que acaba de perder a un familiar?
—Cada caso es único. Lo primero de lo que uno se tiene que dar cuenta en esta situación es que tú no eres nadie. Y tienes que ser alguien. Por eso, la presentación inicial es básica. Te otorga un rol que facilita que la persona confíe en ti. A partir de ahí la idea es, evidentemente, favorecer un relato, aunque muchas veces lo que se hace es acompañar el silencio. Hay multiplicidad de posibilidades atendiendo a las circunstancias personales de quien tienes delante. Otras cosas importantes, además de ser alguien, es la vinculación y ofrecer una presencia de calma y paciencia.
—Entiendo que la ayuda psicológica, en este caso, va a requerir tiempo.
—Por supuesto. Todo duelo es un proceso que se extiende en el tiempo. Nosotros solemos ejemplificar los itinerarios con metáforas. Por ejemplo, el duelo se asocia a la imagen de una casa que se te ha destruido. Hay que ver si se ha derruido del todo o solo parcialmente. En el camino, la persona va a transitar por distintos verbos: desde creerte lo que está ocurriendo o refugiarte o negarlo. De hecho, los centros de escucha solemos aparecer más bien en un segundo momento, cuando ya ha pasado el primer impacto del trauma.
—¿Se han planteado actuar de alguna forma ante el accidente de Adamuz?
—Esta no es nuestra hora. Hay que esperar. Cuando se vayan los servicios de emergencia y baje la presión informativa, entonces tienen sentido los centros de escucha. Así lo hicimos, por ejemplo, ante el naufragio del Villa de Pitanxo. Cuando la emergencia pasó, apareció el centro de escucha de la mano de Stella Maris. En el caso del accidente, si nos lo pide la diócesis, podríamos ayudar a los vecinos de Adamuz a procesar todo lo que han vivido, aunque entiendo que ya hay gente sobre el terreno haciendo esta labor. O con la gente de la parroquia.
—¿Qué importancia tienen gestos como los que ha puesto en marcha la Iglesia? Hemos visto al obispo de Córdoba acompañando a los familiares, a la parroquia volcada con los afectados o las campanas de Madrid sonando como signo de duelo.
—Tienen un profundísimo valor. Que el obispo de Córdoba haya estado con las víctimas, que la parroquia de Adamuz se volcara con la ayuda a los afectados, o el toque de campanas en Madrid, han sido gestos muy importantes para todos. Además, todo este tipo de reacciones si no se hubieran hecho, luego sí se echarían de menos. Te pongo un ejemplo. La primera vez que nos movimos con la unidad móvil de escucha fue ante el accidente del rally de Cambre, que ocurrió hace ya once años. Las personas con las que yo estuve se mostraban, vamos a decir, perplejas ante el hecho de que el obispo o el vicario no hubieran estado presentes. Este tipo de ausencias luego se convierten en dificultades para el duelo, que son solventables, pero afectan. Hay muchísimo que perder si no se está presente, y, sobre todo, muchísimo que ganar para esta gente que necesita que alguien esté allí con ellos.