Pablo Delgado: «Los mayores están deseando cantar lo suyo»
Este joven de 29 años recopila cantos religiosos populares «para guardar todos los posibles antes de que la generación que se crió con ellos desaparezca»
Pablo Delgado es un joven apasionado por la música que lleva ya algún tiempo viajando por diferentes pueblos de España. En ellos graba cantos religiosos populares interpretados por personas mayores para que no se pierdan. Su intención es «guardar todos los cantos posibles antes de que la generación que se crio con ellos desaparezca».
—¿Por qué quiere recuperar cantos religiosos populares en peligro de extinción?
—El trabajo que estoy haciendo, ante todo, lo considero una misión. Mi objetivo es mejorar la música litúrgica en España, la música con la que cantamos la Misa. Por una parte, en mi web, cantuscrucis.com, propongo temas sencillos, acordes a la liturgia de cada Misa, compuestos por autores contemporáneos o en gregoriano sencillo.
Por otro lado, el proyecto comprende también recuperar los cantos religiosos que se cantaron durante generaciones. Algunos son litúrgicos; pero otros, la mayoría, aunque no se compusieron para la Eucaristía, han alimentado la fe de muchas generaciones: rogativas, novenas, vía crucis.
Hay tres modos de colaborar con esta iniciativa. En primer lugar, «rezando por esta misión», asegura Delgado; en segundo lugar, «haciendo una aportación económica, porque hay que viajar mucho y se gasta mucha gasolina»; y, en tercer lugar, «enviando a cantuscrucis@gmail.com cantos que recuerden de sus abuelos o que puedan grabar a los mayores que tengan a su lado».
—Algunos se habrán perdido.
—Se están perdiendo, es verdad; pero debemos conocerlos para que nos inspiren a la hora de componer; y también para conocer cómo vivían la fe nuestros mayores. Todos son música religiosa y, además, son patrimonio inmaterial, una herencia absolutamente riquísima.
—¿Cómo surgió la iniciativa de preservar este patrimonio?
—Soy historiador y quise hacer una tesis doctoral dedicada a la crisis en la música litúrgica tras el Concilio Vaticano II. Quería conocer cómo se vivió la transición entre el Vetus Ordo y el Novus Ordo a mediados de los años 60. La Misa en lenguas vernáculas comenzó a celebrarse en 1965, así que me interesaba hablar con gente con recuerdos de esos años y en condiciones de hacer una entrevista.
Ese trabajo incluía investigar cómo se cantaba antes la Misa. Así, me topé en algunas bibliotecas con cantos religiosos populares absolutamente preciosos, cantados por gente de pueblo. Me producía una impotencia enorme que solo yo, que había tenido que pedir permiso para acceder a los archivos, pudiese escuchar ese tesoro. Por eso, centré mis fuerzas en ir a todas las partes posibles del país y subir lo que encuentro a un archivo de acceso digital abierto al público que está en nuestra web.

—¿Qué es lo más original que ha descubierto durante sus expediciones?
—Yo destacaría un villancico que he encontrado interpretado de dos formas distintas en Daimiel, que está en el corazón de la provincia de Ciudad Real, y Villamanrique, que es el último pueblo antes de Jaén. Dos informantes, dos mujeres, me cantaron un mismo villancico, pero con matices. Hoy dos personas cantan igual una canción de The Beatles porque la han escuchado del original, pero antes de que llegase la música grabada, hace unas cuantas décadas, las canciones variaban muchísimo; y eso es fascinante.
También me llamó mucho la atención, como otro ejemplo, un mayo a la Virgen María que compuso una vecina de Villamanrique (Ciudad Real) tras el 23F. Ahí se ve que las canciones populares se componen y se siguen componiendo en los momentos concretos que vive la gente. Pero a mí lo que más me interesa es el latín popular, los kyries, glorias, credos, sanctus y agnus Dei, cantados en latín por la gente de los pueblos. Es lo que busco con más ahínco.
—¿Qué dicen ellos cuando les cuenta su iniciativa?
—Están deseando cantar lo suyo. Pongo la grabadora en marcha y se explayan con su repertorio. Me gusta pensar que, aparte de quedarme con un trocito de su historia musical, ese rato de compañía, ese cantar juntos, supone para ellos un rato agradable, casi terapéutico. La hija de una de estas personas me dijo: «Es que esto a mi madre le da la vida». Es verdad; por un rato se sienten un poquito importantes y es muy entrañable, muy bonito.