30 de diciembre: san Venustiano, el gobernador bautizado por el obispo que mutiló - Alfa y Omega

30 de diciembre: san Venustiano, el gobernador bautizado por el obispo que mutiló

Presto a obedecer las órdenes del césar, la mano derecha del emperador en la Toscana torturó cruelmente al obispo local. Acudió a él cuando su salud peligraba y se convirtió

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
'Sabino ante el gobernador Venustiano', de Duccio di Buoninsegna.
Sabino ante el gobernador Venustiano, de Duccio di Buoninsegna. Foto: Evrik.

Desde Saulo en adelante, la historia de las persecuciones ha constatado por todo el mundo que algunos de aquellos que acosan a los cristianos acaban convirtiéndose a la misma fe que antes odiaban. Este misterio lo vivió en sus propias carnes la mano derecha del emperador Diocleciano en la Toscana, el gobernador Venustiano, que llegó incluso al martirio por este motivo. 

En la primavera del año 303 se celebraban en el Circo Máximo de Roma unos juegos para el divertimento de la urbe, cuando en determinado momento del espectáculo se alzó como una sola voz el grito: «Mueran los cristianos». Cinco días después, el emperador Maximiano —que regía el Imperio romano durante esos años junto a Diocleciano— convocó a sus colaboradores para trasmitirles la orden de buscar a los seguidores de Cristo por todos los rincones de sus dominios. Las instrucciones eran claras: encontrar a aquellos fieles y obligarlos a ofrecer incienso a los ídolos romanos; el que no lo hiciera sería sacrificado.  

Todo preboste tiene sus esbirros; y el prefecto de Roma, Hermogeniano, era uno de ellos. Presto a obedecer como el primero las órdenes del emperador, escribió a los gobernadores de todas las provincias a su cargo para hacer cumplir con urgencia los deseos del césar. Entre ellos estaba Venustiano, gobernador de la Toscana, que en principio no vio ningún problema en condenar a muerte a cuantos cristianos rehusasen sacrificar a los dioses. 

Lo primero que hizo fue llamar al obispo del territorio que regía. Sabino, el líder espiritual de los perseguidos, fue arrestado y llevado ante el gobernador junto a dos diáconos. Viendo el humilde atuendo del obispo, Venustiano le preguntó si era libre o esclavo. «Esclavo soy de Jesucristo», le respondió Sabino. Siguiendo las instrucciones de Roma, el gobernador mandó traer una estatuilla de Júpiter. Entonces el obispo pidió permiso para tocarlo y, tras tomarla entre sus manos, la lanzó al suelo y la rompió. Ante esa provocación, Venustiano ordenó cortarle las manos y también matar a los diáconos delante de él, para luego encerrarlo en una celda. 

Sucedió que días más tarde una viuda entró en la prisión para atenderlo y lo hizo acompañada de su hijo, ciego y desahuciado por los médicos. La oración de Sabino curó al niño. Al cabo de un mes, el que tuvo problemas en los ojos fue el propio Venustiano, hasta el punto de perder la vista casi por completo. Habiendo oído del milagro de su detenido, mandó llamarlo para que lo sanara, lo que hizo Sabino después de orar. 

Lo que siguió luego fue una sencilla catequesis que acabó con el bautizo de Venustiano y de toda su familia. Sin embargo, cuando la noticia llegó a oídos del emperador se desató la tormenta: Maximiano mandó a uno de sus tribunos para decapitar tanto al gobernador como a los suyos, acabando con la vida de quien pudo conocer de cerca el poder de Aquel a quien perseguía.

La última persecución romana
El óleo pintado por Jean-Léon Gérôme.

En 1883, el pintor francés Jean-Léon Gérôme acabó La última oración de los mártires cristianos, un óleo sobre lienzo en el que quiso recoger un episodio de la historia de la primera Iglesia entonces cuestionado en su totalidad por algunos historiadores, que consideraban exageradas las fuentes cristianas. En él se ve a un grupo de fieles rezando a Dios por última vez antes de ser atacados por leones y tigres que salen a la arena.

Quizá no sea un reflejo riguroso de lo que pasó, pero sirve para ilustrar la que fue la última gran persecución por parte del Imperio romano, precisamente aquella en la que murieron san Venustiano y los suyos. Los cristianos eran considerados una amenaza porque se negaban a dar culto a los dioses paganos y al mismo emperador, una auténtica grieta para la cohesión social.

Se cree que entre los años 303 y 313 fueron llevados a la muerte entre 3.000 y 3.500 fieles, dando comienzo a una devoción que ha perdurado hasta nuestros días, acrecentada luego por las innumerables persecuciones a los creyentes a lo largo de la historia.