La fragilidad es el lugar en el que habita la vida nueva - Alfa y Omega

La fragilidad es el lugar en el que habita la vida nueva

Solemnidad de la sagrada familia / Mateo 2, 13-15.19-23

Ana Almarza Cuadrado
'La huida a Egipto', de Rembrandt. Museo de Bellas Artes de Tours (Francia).
La huida a Egipto, de Rembrandt. Museo de Bellas Artes de Tours (Francia). Foto: Wikimedia Commons / The Yorck Project.

Evangelio: Mateo 2, 13-15.19-23

En aquel tiempo, cuando los magos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Comentario

El Evangelio es el sacramento de la Palabra de Dios, en él nos encontramos todo su mensaje a través de la vida de Jesús. Contemplar a la Sagrada Familia en su fiesta, que este año coincide además con el día en que habitualmente se conmemora a los Santos Inocentes, es centrarnos en el propósito de Dios, en el valor y protección de la vida humana acogiendo los acontecimientos que aparecen en cada momento, en la sencillez y fortaleza de una familia como lugar de la presencia de Dios siempre atento para salvar la vida. Mateo nos presenta a Jesús que, encarnado en nuestra humanidad, sufre la persecución de las leyes injustas, obligado a huir de la violencia que el mal desarrolla para acabar con el bien que molesta. Es en el regazo de quienes nos quieren donde aprendemos, como José y María, la fortaleza en la fidelidad silenciosa, donde se practica la aventura del amor y se cumple la voluntad de Dios, a veces difícil de entender, con la confianza de que todo sirve para expandir el bien. Recordar y celebrar, estos días, la humanidad de Dios es «volver a pasar por el corazón», acoger la vulnerabilidad de Dios que se aproxima tanto «que se hace uno de tantos» y vivir el amor como nuestro rasgo esencial, como la expresión que nos fortalece y nos lleva a superar el mal. 

Estos versículos, marcados por la violencia de Herodes que busca al Niño para matarlo, nos revelan la sensibilidad de José: siente miedo, desasosiego y preocupación por cuidar la vida de Jesús que le ha sido confiada de parte de Dios. Y reflejan la valentía para ponerse nuevamente en camino —«levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise»—. En José y María, en su intrepidez, confianza y fortaleza, está nuestra esperanza. En Jesús, niño frágil e indefenso, la promesa de un mundo nuevo y distinto. En este niño perseguido está la presencia real de Dios habitando, si le dejamos, nuestro corazón.

La fiesta de hoy nos aproxima y aprójima a tantas familias que por miedo se ven obligadas a huir, a abandonar sus casas a causa de las guerras, el hambre, el egoísmo, la desertización de la tierra o políticas injustas; y a vivir en el exilio y en la inseguridad. Y nos insta a comprometernos de forma activa en la defensa de tantas familias migrantes que viven desprotección, violencia, pobreza y malviven en nuestras ciudades. Hoy se nos revela que es en la fragilidad donde se hace presente Dios encarnado, viviendo la misma suerte que sus hermanos y hermanas; que es en el amor, manifestado en la vulnerabilidad, donde tenemos que crear el cielo nuevo y la tierra nueva. Se nos invita a vivir desde un corazón que arriesga, en la noche, para cumplir lo dicho por medio de los profetas.