El abrupto e imprevisto cierre de la revista Mundo Cristiano el 28 de noviembre supone una triste noticia para el periodismo español. Una cabecera histórica, que supo capear crisis empresariales, religiosas y periodísticas durante 62 años, echaba el cierre —por decisión empresarial— prácticamente sin siquiera despedirse de sus suscriptores. En la década de los 70, era la revista que más suscriptores tenía en España.
Mundo Cristiano representó una iniciativa de éxito, iniciada por el periodista Javier Ayesta, fallecido prematuramente en un accidente, Jesús Urteaga, el popular «cura de la tele», y animados por el fundador de Opus Dei, san Josemaría Escrivá. El lanzamiento fue arrollador. Pocos meses después superaría los cien mil ejemplares de tirada.
Urteaga capitaneó un brillante grupo de profesionales para acabar consiguiendo una de las publicaciones en España más conocidas y prestigiosas.
Este legado de más de sesenta años no puede condensarse en pocas líneas. Queda ofrecer algún brochazo. En el número de diciembre de 2025, que no ha visto la luz, un veterano suscriptor, Pedro Benítez, recordaba: «Muchos artículos sobre el Papa, la Iglesia o historias que reflejaban virtudes y cualidades humanas. Era una manera de transmitir a las familias valores cristianos y humanos. Todo eso queda sembrado; han dejado una huella enorme en la sociedad».
No es hora de lamentaciones. Aunque en su muerte hay multitud de factores: la caída de lectores, dentro de una crisis generalizada de la prensa, o incluso la impagable labor de Correos por hundir tantas revistas impresas en España por su pésimo funcionamiento. O la cuestionable estrategia de la propia editorial, sin visión de futuro.
En cualquier caso, hay que subrayar el balance feliz que deja. Durante 62 años, la revista se ha mantenido fiel a su compromiso de formar, informar y entretener. El gran Enrique García-Máiquez sintetizaba con motivo del 60 aniversario lo que le había aportado: «Atender al mundo cristiano y entender en cristiano el mundo. Eso fue lo que yo aprendí leyéndola en casa de mis padres». Y como él, tantas decenas de miles de personas.
Del cierre de Mundo Cristiano se podría extraer además una lección. La prensa escrita, la prensa católica escrita, sigue teniendo valor. De nuevo cito a García-Máiquez: «Necesitamos en esta sociedad tan fluida que pierde referentes a ritmo de catarata, publicaciones fijas, como faros».
Nuevos propietarios (o representantes de instituciones religiosas) en medios católicos, posiblemente piensan que publicar revistas es como vender hamburguesas o aspirinas, por ejemplo. No saben apreciar la trascendencia de esta labor. El texto impreso permite la reflexión, permite que reposen los argumentos. Deja poso en la opinión pública.
Cabe animar a que los responsables de los medios escritos católicos sigan luchando, más allá de los resultados económicos (que también hay que tener en cuenta). Está en juego la batalla de la opinión pública, y la prensa escrita aún tiene mucho que ofrecer e iluminar.