Nos dejó un pedazo de su corazón - Alfa y Omega

Nos dejó un pedazo de su corazón

Siete años después, seguimos recordándole

Redacción

El 2 de abril de hace siete años, en las Vísperas de la Fiesta de la Divina Misericordia, entregaba su alma prodigiosa a Dios el beato Juan Pablo II, cuya inconmensurable figura acaba de evocar su sucesor en México y Cuba. Vivió —y nos enseñó a vivir— bajo el signo fecundo de la Divina Misericordia, que consideraba como fundamento del respeto a la dignidad de cada ser humano. Nuestro desmemoriado tiempo y el revisionismo relativista, al que todo le da igual y para el que todo vale lo mismo, pretenden, inútilmente, que se olvide su gigantesca figura humana y eclesial; pero, a medida que pasan los años, se agiganta en el sentir del pueblo cristiano. En cada uno de nosotros dejó un pedazo de su inmenso corazón. Conviene recordar lo que nos enseñó: «El mal existe en el mundo para despertar en nosotros el amor».