Doña Soledad Suárez Miguélez, nueva presidenta de Manos Unidas: «Ver a niños que se mueren... te cambia la vida»
Doña Soledad Suárez Miguélez llegó en 2005 a Manos Unidas como voluntaria. «Llevo siete años, pero me da la sensación de que llevo toda la vida», reconoce la nueva Presidenta de la institución, que hasta ahora se encargaba del área de Educación para el Desarrollo. Dar a conocer la labor de la asociación a los jóvenes y formar a los empleados, tanto técnicamente, como «desde la formación del corazón que nos propone Benedicto XVI», son dos de sus proyectos para el próximo trienio
¿Cómo llegó hasta Manos Unidas?
Siempre me interesó el mundo de la cooperación. En mi casa, recibíamos boletines de varias ONGs, y al terminar mi actividad como farmacéutica pensé en colaborar con alguna de ellas; cogí por casualidad un boletín de Manos Unidas y llamé por teléfono. Siempre lo cuento: noté que me sonreían a través del teléfono, y, en la primera entrevista, seguían sonriéndome, así que me quedé.
¿En qué se diferencia Soledad antes de pasar por Manos Unidas y después?
Espero que en muchas cosas: en la manera de consumir, en la manera de enfocar las soluciones a los problemas, en la poca importancia que les doy a cosas que antes me preocupaban más…; creo que hasta en los mimos que les doy a mis nietos. Cuando ves a mujeres embarazadas que, por poner una vida en marcha, se arriesgan a perder la suya, a niños que se mueren por no tener acceso a las vacunas… es difícil que no te cambie la visión de tu vida.
¿Qué supone para usted esta nueva etapa?
Me supone una demostración de cariño por parte de muchas personas de Manos Unidas que confían en mí, lo que me asusta un poco, y me ilusiona otro poco; lo que sí sé es que, en Manos Unidas, hay un gran equipo de personas, tanto en los servicios centrales como en las delegaciones, que me van a ayudar a llevar a cabo este servicio que me están pidiendo.
¿Tiene algún proyecto especial para los próximos tres años?
Quizá haya que hacer mas hincapié en ofrecer las actividades de Manos Unidas a los jóvenes, porque creo que les acercaría a una realidad que seguramente desconocen. Además, estaríamos encantados de que pudieran dedicar unas horas de su tiempo a trabajar con nosotros; hoy en día esto es más fácil gracias a las nuevas tecnologías, que ellos dominan y, poco a poco, vamos incorporando en nuestro día a día. También creo que tenemos que seguir insistiendo en la formación de todos los que trabajamos aquí. Igual que defendemos el desarrollo integral para las personas para las que trabajamos, debemos procurar una formación lo más completa para nosotros, tanto desde un punto de vista técnico como la formación del corazón que nos propone Benedicto XVI.
¿Hay alguna anécdota vivida en Manos Unidas que le haya marcado?
Una cosa que me hizo sonreír fue el sistema que ideó el padre Jaime Álvarez en Penipe, Ecuador, una zona con un tremendo problema de bocio. La solución fue tan fácil como dar a la población sal yodada. El padre Jaime, para asegurarse que llegaba a todas las familias, se la daba en una bolsita el domingo cuando se acercaban a comulgar a la parroquia.
España empieza a rozar altos niveles de pobreza. ¿Podría proponerse Manos Unidas comenzar algún proyecto en nuestro país?
Afortunadamente, en España la pobreza no puede compararse a la que existe en los países con los que trabaja Manos Unidas. Aquí nadie se muere de hambre, ni por falta de agua ni de asistencia sanitaria; hay todo un sistema de protección e instituciones como Cáritas que cumplen muy bien su cometido.
¿Qué le diría a los españoles para que sigan sensibilizándose por el sufrimiento de aquellos a quienes no conocen, que están lejos de nuestras fronteras?
Les diría que se interesen por ellos, que se informen de cómo viven y, sobre todo, por qué están sufriendo esa injusticia. Nuestro consiliario nos decía el otro día que deberíamos decir que amamos a estas personas y, por ello, debemos conocerlas, en vez de decir que lo que no se conoce no se ama. Tenemos que pensar en ellas como hermanos nuestros y hacer un esfuerzo para prescindir de algo y aumentar el donativo que hacemos, en vez de dividirlo entre los de aquí y los de allí.
Manos Unidas trabaja activamente para lograr la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El plazo (en 2015) terminará a la vez que su mandato. ¿Se ha logrado, de momento, llegar a los mínimos necesarios, o hace falta alguna acción extra para alcanzarlos?
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio son un objetivo de Naciones Unidas con unos resultados muy diferentes de unos a otros, y también diferentes de un continente a otro; se han conseguido grandes adelantos en educación, por ejemplo, pero muy poco en salud materna.
Una de sus virtudes ha sido que han puesto sobre la mesa la pobreza y han conseguido que muchas organizaciones se sirvan de ellos para sensibilizar a la sociedad civil, pero Manos Unidas no tiene capacidad para lograr, por sí sola, mejorar los resultados. En lo que sí estamos participando es en el trabajo que se está haciendo desde muchas organizaciones para encontrar la manera de seguir luchando contra la pobreza después de esa fecha.