Mi diva sin mí
Se define algoritmo como lista utilísima de instrucciones para desvelar un acertijo, la secuencia lógica que conduce a un resultado. Pongamos un ejemplo. Si yo quiero saber si una persona tiene talento, jamás me iré a preguntarle a su madre o a sí misma; es probable que el resultado sea dudosamente válido, y que la ruta no sea fiable. El algoritmo del talento es la producción, la fermentación del trabajo de un autor, aquello que los cristianos conocemos bien y es conclusión del por sus frutos los conoceréis.
El talento tiene que ser, por tanto, algo así como un arte visual, que aparece ante ti y del que te nace una frase irrevocable: «El autor de esta belleza tiene mucho talento». Pilar Jurado tiene talento. Es soprano, compositora, directora y actriz (y digo actriz porque, cuando se mueve en el escenario, lo hace como soprano que matiza sus gestos y vive lo que canta, no como soprano de cartón). Después de haber estrenado en 2011 su ópera La página en blanco, en el Teatro Real, acaba de volver al mismo género con una obra, con libreto de Eloy Arenas, titulada Mi diva sin mí, que ha sido estrenada en el Teatro de la Zarzuela. Es la historia de Alessandra de la Torre, una prima donna apabullada por el éxito de su voz, histérica, descontrolada, crecida sobre una posición de diva que le hace vivir sin sosiego. La veremos ininterrumpidamente durante hora y media, siendo solicitada por los medios de comunicación y las llamadas al móvil de su representante, que lucha por concertar un listado de ciudades importantes donde dará recitales. La acción transcurre durante los ensayos con la orquesta y director, pero hay interrupciones permanentes de su móvil, que suena en la momentos más inesperados. Un logro absoluto de Mi diva sin mí es la partitura; la música es bellísima, y hay pasajes llenos de lirismo, en los que la autora despliega ese talento del que hablábamos. El público, al asistir a los ensayos, escucha las arias de concierto que la artista prepara, como las celebérrimas Caro nome, Una voce poco fa o Casta diva. Pero es un acierto de Pilar Jurado que funcionen dentro de la ópera, no como descansos de la música exigente de la autora.
Uno de los momentos trascendentales de la ópera es cuando Alessandra de la Torre es consciente de que vive una vida impersonal. Recuerda las relaciones familiares y de amistad a lo largo de su vida: «Yo sólo quería llamar su atención»; pero sólo se la valorará por estar arriba del podio, no por quién es. Sola, desdichada, sin hijos, sin amor. Lo dicen la música y los gestos de la artista.