Convertirá muchos corazones - Alfa y Omega

Convertirá muchos corazones

Orar por el Papa. Gozo y deber de la Iglesia: así titula el cardenal arzobispo de Madrid su Exhortación pastoral de esta semana, con motivo del Día del Papa. Escribe:

Antonio María Rouco Varela
Encuentro con el Papa Francisco del cardenal arzobispo de Madrid, el pasado viernes, en el Vaticano.

Cuando el Rey Herodes manda pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan, y detiene a Pedro, encarcelándolo, la Iglesia oraba a Dios por él. Fue escuchada, y Pedro liberado milagrosamente. Las insidias y ataques del enemigo por excelencia de la obra de Cristo van a sucederse, desde el principio de la historia de su Iglesia, ininterrumpidamente hasta nuestros días. El resultado es siempre idéntico: la asistencia del Señor. El Buen Pastor la protege y la cuida eficazmente, de tal modo que siempre sale ilesa de la mano de sus enemigos, instrumentos del oscuro poder que se levanta contra el poder salvador de Jesucristo, establecido victoriosamente en la Cruz. En ese camino de Cruz y de Gloria, de la luz del Evangelio que se impone siempre a la oscuridad de la increencia y del pecado, el papel de Pedro, el primero y el cabeza de los apóstoles, fue decisivo al comenzar la comunidad de los creyentes en Cristo su andadura por el mundo y por su historia, y continúa siéndolo hoy. Es su fe la piedra sobre la que se hará firme la fe de sus hermanos.

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», les pregunta Jesús a los suyos. Las respuestas del pueblo coincidían en que se trataba de un gran profeta: ¡un hombre de Dios! Jesús no quedó satisfecho y se dirige a los Doce preguntándoles por su propia opinión. Pedro es el que se adelanta en nombre de todos con la contestación acertada: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». No se lo había revelado nadie de carne y hueso, sino el Padre que está en el cielo. La profesión decidida y clarividente de la fe en la verdad honda de quién era Jesús, le vale a Simón, hermano de Andrés, el cambio de nombre –se llamará Pedro desde ese momento– y la asignación de un oficio singular en la Iglesia que iba a fundar: el de ser la piedra sólida e inconmovible sobre la que será edificada para siempre y contra la cual ni siquiera las puertas del infierno podrán nada. A Pedro se le darán las llaves del reino de los cielos y sobre la roca, que es él, se alzará la Iglesia como luz de las gentes y señal indefectible de la presencia del reino de Dios entre los hombres. La propia historia de la Iglesia, imbricada en la historia general de la Humanidad, demuestra con creces cómo esa función de Pedro, de ser la roca puesta por el Señor, para que no desfallezca la fe de sus hijos se ha cumplido. Más aún, cómo esa fe se muestra y sale siempre de las pruebas más clara, vigorosa y capaz de responder a los desafíos del mundo.

Los Papas del siglo XX

Basta que recordemos el pontificado de los Papas del siglo XX para reconocer lo que ha significado Pedro en uno de los capítulos más dramáticos de la historia de la Humanidad y de los más exigentes y apremiantes para la Iglesia llamada a evangelizar. Muy cercanos y vivos se encuentran todavía los años de las casi tres décadas de ministerio petrino del inolvidable Beato Juan Pablo II. Palpitantes, incluso, los casi ocho años de Benedicto XVI. El primero encauzó el rumbo de la Iglesia y la guió, por la senda, llena de la luz del Evangelio, abierta por el Concilio Vaticano II para el tiempo de un final y cambio de milenio en el que las fuerzas más lóbregas de la Historia pretendían –y no sin un éxito considerable– oscurecer y enturbiar las conciencias respecto a la verdad de Dios, del Señor Jesús y de la verdadera identidad del hombre. El segundo, haría brillar esta verdad con el resplandor intelectual y cordial de un magisterio excepcionalmente luminoso. Han transcurrido ya casi cuatro meses desde que nuestro Santo Padre Francisco haya iniciado su ministerio petrino con palabras y conmovedores testimonios de vida, que nos hacen sentir, de forma entrañable, la presencia y la acción invisibles del Buen Pastor. Su entrega incansable, su generosidad y cercanía prodigadas a raudales, la sencillez y transparencia con la que habla y actúa apostólicamente, experimentada tan próxima y cálidamente por los fieles que a él se acercan con sus dolores, enfermedades y pobrezas de alma y de cuerpo, hacen ya entrever que la senda abierta por sus predecesores para su nueva fecundidad evangelizadora encontrarán en este nuevo pontificado una creciente hondura y vivencia espiritual, que convertirá y transformará muchos corazones.

La oración de la Iglesia fue decisiva para que Pedro la pudiese llevar en los inicios de su camino, en la dirección evangelizadora que el Señor y su Espíritu le indicaban. Lo fue siempre para los sucesores de Pedro en todas las épocas de la Historia. Lo ha sido extraordinariamente para los dos últimos Papas. Lo está siendo, en forma conmovedora, para nuestro Santo Padre Francisco. Orar por el Papa Francisco, ayudarle generosamente con nuestro Óbolo, aun en medio de los sacrificios que la crisis nos impone, significa prestarle medios eficaces para poder ejercer la caridad del Buen Pastor que nos hace presente, siempre próxima y, en cierta medida, visible la figura de Jesucristo, el Señor y Pastor invisible de su Iglesia, que cuida y vela por ella hasta el final de los siglos. A la Virgen Santísima, Reina de los apóstoles, Madre de la Iglesia, Virgen de La Almudena… encomendamos de todo corazón a nuestro Santo Padre Francisco: ¡que el Señor le ilumine, le conserve, le conforte y le guarde de todo mal!

Misión Madrid: Plan Pastoral 2013-2014

Con el título Servicio y testimonio de la verdad: tareas pastorales siempre vivas, el cardenal arzobispo de Madrid presenta el nuevo curso pastoral de la Misión Madrid: 2013-2014. Se iniciará solemnemente en la catedral de la Almudena el 27 de septiembre próximo, a las 19 horas. Quedan, con esta Carta pastoral, programadas las tareas pastorales del nuevo curso. Se trata de tareas «urgentes y prioritarias», que buscan coordinar la misión, básicamente, en las parroquias, en las familias y en los colegios, con acciones concretas al servicio de la evangelización.