J. M. Nieto pintaba, en la viñeta que sirvió de portada al ABC del martes pasado, a Artur Mas y a Oriol Junqueras empapándose por estar fuera del paraguas europeo; y es que el socialista Almunia, enviado por la Unión Europea a Barcelona, se lo pudo decir más alto, pero más claro no: «La parte que se segrega de un Estado miembro de la Unión Europea, deja de pertenecer a la Unión Europea». No podría, como engaña La Vanguardia, no; queda fuera. Así que la advertencia de la UE a los sediciosos no podía ser ni más terminante ni más oportuna. Y, además, hecha por un socialista, que ya tiene mérito, porque los socialistas del PSOE son tan secesionistas como el que más. Basta escuchar a Rubalcaba o a Valenciano.
Sorprende hasta al más alérgico a las sorpresas cómo Rubalcaba logra zafarse, un día sí y otro también, de todo lo que le amenaza. Tiene lo de los ERES en Andalucía y ahora lo del caso Faisán, que sucedió cuando él era ministro del Interior, pero intenta seguir dando lecciones de ética como si la cosa no fuera con él. Claro que cuenta con ayudas poderosas: así, por ejemplo, el editorial de El País titulado Cataluña y España y subtitulado La solución democrática debe venir de un diálogo estructurado que desemboque en negociación. Oiga usted, pero ¿negociación de qué? ¿Qué es lo que hay que negociar sobre la unidad de España? ¿Con la sangre, sudor y lágrimas de generaciones y generaciones enteras de españoles pretenden jugar ahora estos individuos? Se lee en el citado editorial que «el uso de los artículos 8 ó 155 de la Constitución tendría contornos golpistas». O sea, ¿que la Ley y la Constitución son golpistas ahora? ¿No será más golpista el editorialista de El País?
Claro que no les falta tampoco la poderosa e insensata ayuda del Gobierno actual; o al menos de parte de él. Porque ya me contarán ustedes, por ejemplo, qué pinta el señor Margallo, ministro de Asuntos Exteriores del Reino de España, echándoles una mano a los separatistas e independentistas catalanes y buscándoles, como sea, un encaje. Para empezar ¿el ministro de Asuntos Exteriores es el que tiene que hablar de lo de Cataluña? ¿Es que acaso Cataluña es un asunto exterior? ¿Y qué tiene que decir concretamente a lo de Margallo el señor Presidente del Gobierno de España? ¿O es que no tiene que decir nada y piensa lo mismo o parecido? ¿Acaso basta con un carteo light con abundantes apelaciones al diálogo? ¿Pero qué es lo que hay que dialogar desde España con unos que se quieren separar de España? Tengo la absoluta convicción de que, en todo este sucio asunto, no cabe más que una única y evidente y clarísima solución, que es justamente la contraria de lo que están haciendo: no darles ni un duro más. Es el único argumento que entienden esos representantes actuales del pueblo catalán. Quien quiera buscar cualquier otro tipo de razonamiento, se engaña miserablemente. Lo único que entienden es lo del bolsillo y, si no, que se lo pregunten al niño de Pujol que acaba de mandar, desde las cuentas «que no tenemos» en Suiza, un montón de millones de dinero negro a los paraísos fiscales. Y a mí que hasta ahora el señor Margallo me caía fenomenalmente…, porque lo de Gibraltar hacía tiempo que nadie acertaba a llevarlo tan bien. Pero si Gibraltar es un Peñón, Cataluña es una Cordillera. ¿O es que no quieren enterarse? «El Gobierno debe escuchar a la calle», dice Margallo. Pues claro; evidentemente debe escuchar a la calle, pero a toda la calle, no sólo a la calle de los sediciosos, perjuros, desleales e ineptos que hace tiempo que deberían haber pagado por lo que están haciendo, y a los que encima se les ofrece diálogo y dinero. Pero ¿cómo es posible premiar la ilegalidad?
Ignacio Camacho ha escrito, en ABC, bajo el título Derecho a decidir: «Ningún Gobierno puede autorizar en nombre de los españoles una consulta que modifique su soberanía colectiva» y, mientras, por ejemplo, el Museo de Cataluña expone un fragmento de los murales de la Sala Capitular del monasterio aragonés de Sigena y define, en La Vanguardia, «una amorosa adopción» lo que no fue otra cosa que un latrocinio.
Luis María Ansón propone, desde El Mundo, «una caravana de Madrid a Barcelona a favor de la unidad nacional». Los separatistas catalanes ya se han encargado de que estómagos agradecidos escriban en el Corrière della Sera sobre el yugo de Madrid. ¿Con que yugo, eh?… Mayor Oreja ya ha alertado, en la COPE, que «ETA mira a Cataluña como proyecto de ruptura, porque se ha dado cuenta de que sólo desde Vascongadas no se puede romper España».