Conclusión - Alfa y Omega

Conclusión

Papa Benedicto XVI
Cena de Emaús, Caravaggio. Museo Brera, Milán

94. Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es el origen de toda forma de santidad, y todos nosotros estamos llamados a la plenitud de vida en el Espíritu Santo. ¡Cuántos santos han hecho auténtica la propia vida gracias a su piedad eucarística! Desde san Ignacio de Antioquía a san Agustín, de san Antonio Abad a san Benito, de san Francisco de Asís a santo Tomás de Aquino, de santa Clara de Asís a santa Catalina de Siena, de san Pascual Bailón a san Pedro Julián Eymard, de san Alfonso María de Ligorio al beato Carlos de Foucauld, de san Juan María Vianney a santa Teresa de Lisieux, de san Pío de Pietrelcina a la beata Teresa de Calcuta, del beato Pier Giorgio Frassati al beato Iván Mertz, sólo por citar algunos de los numerosos nombres. La santidad ha tenido siempre su centro en el sacramento de la Eucaristía.

Por eso, es necesario que en la Iglesia se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo Misterio. El don de sí mismo que Jesús hace en el Sacramento memorial de su pasión, nos asegura que el culmen de nuestra vida está en la participación en la vida trinitaria, que en Él se nos ofrece de manera definitiva y eficaz. La celebración y adoración de la Eucaristía nos permiten acercarnos al amor de Dios y adherirnos personalmente a él hasta unirnos con el Señor amado. El ofrecimiento de nuestra vida, la comunión con toda la comunidad de los creyentes y la solidaridad con cada hombre, son aspectos imprescindibles de la logiké latreía, del culto espiritual, santo y agradable a Dios (cf. Rm 12, 1), en el que toda nuestra realidad humana concreta se transforma para su gloria. Invito, pues, a todos los pastores a poner la máxima atención en la promoción de una espiritualidad cristiana auténticamente eucarística. Que los presbíteros, los diáconos y todos los que desempeñan un ministerio eucarístico, reciban siempre de estos mismos servicios, realizados con esmero y preparación constante, fuerza y estímulo para el propio camino personal y comunitario de santificación. Exhorto a todos los laicos, en particular a las familias, a encontrar continuamente en el Sacramento del amor de Cristo la fuerza para transformar la propia vida en un signo auténtico de la presencia del Señor resucitado. Pido a todos los consagrados y consagradas que manifiesten con su propia vida eucarística el esplendor y la belleza de pertenecer totalmente al Señor.

95. A principios del siglo IV, el culto cristiano estaba todavía prohibido por las autoridades imperiales. Algunos cristianos del norte de África, que se sentían en la obligación de celebrar el Día del Señor, desafiaron la prohibición. Fueron martirizados mientras declaraban que no les era posible vivir sin la Eucaristía, alimento del Señor: Sine dominico non possumus 252. Que estos mártires de Abitinia, junto con muchos santos y beatos que han hecho de la Eucaristía el centro de su vida, intercedan por nosotros y nos enseñen la fidelidad al encuentro con Cristo resucitado. Nosotros tampoco podemos vivir sin participar en el Sacramento de nuestra salvación y deseamos ser iuxta dominicam viventes, es decir, llevar a la vida lo que celebramos en el Día del Señor. En efecto, éste es el día de nuestra liberación definitiva. ¿Qué tiene de extraño que deseemos vivir cada día según la novedad introducida por Cristo con el misterio de la Eucaristía?

96. Que María Santísima, Virgen inmaculada, arca de la nueva y eterna alianza, nos acompañe en este camino al encuentro del Señor que viene. En Ella encontramos la esencia de la Iglesia realizada del modo más perfecto. La Iglesia ve en María, Mujer eucarística —como la ha llamado el Siervo de Dios Juan Pablo II 253—, su icono más logrado, y la contempla como modelo insustituible de vida eucarística. Por eso, en presencia del verum Corpus natum de Maria Virgine sobre el altar, el sacerdote, en nombre de la asamblea litúrgica, afirma con las palabras del canon: «Veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor» 254. Su santo nombre se invoca y venera también en los cánones de las tradiciones cristianas orientales. Los fieles, por su parte, «encomiendan a María, Madre de la Iglesia, su vida y su trabajo. Esforzándose por tener los mismos sentimientos de María, ayudan a toda la comunidad a vivir como ofrenda viva, agradable al Padre» 255. Ella es la Tota pulchra, Toda hermosa, ya que en Ella brilla el resplandor de la gloria de Dios. La belleza de la liturgia celestial, que debe reflejarse también en nuestras asambleas, tiene un fiel espejo en Ella. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales para poder presentarnos también nosotros, según la expresión de san Pablo, inmaculados ante el Señor, tal como Él nos ha querido desde el principio (cf. Col 1, 21; Ef 1, 4) 256.

97. Que el Espíritu Santo, por intercesión de la Santísima Virgen María, encienda en nosotros el mismo ardor que sintieron los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), y renueve en nuestra vida el asombro eucarístico por el resplandor y la belleza que brillan en el rito litúrgico, signo eficaz de la belleza infinita propia del misterio santo de Dios. Aquellos discípulos se levantaron y volvieron de prisa a Jerusalén para compartir la alegría con los hermanos y hermanas en la fe. En efecto, la verdadera alegría está en reconocer que el Señor se queda entre nosotros, compañero fiel de nuestro camino. La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado, se hace contemporáneo nuestro en el misterio de la Iglesia, su Cuerpo. Hemos sido hechos testigos de este misterio de amor. Deseemos ir llenos de alegría y admiración al encuentro de la santa Eucaristía, para experimentar y anunciar a los demás la verdad de la palabra con la que Jesús se despidió de sus discípulos: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta al fin del mundo» (Mt 28, 20).

En Roma, junto a San Pedro, el 22 de febrero, fiesta de la Cátedra del Apóstol San Pedro, del año 2007, segundo de mi pontificado.

Notas

1. Cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q.73, a.3.

2. In Iohannis Evangelium Tractatus, 26, 5: PL 35, 1609.

3. A los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe (10 febrero 2006): AAS 98 (2006), 255.

4. Discurso a los participantes en la III reunión del XI Consejo Ordinario del Sínodo de los Obispos (1 junio 2006): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (9 junio 2006), 18.

5. Cf. Propositio 2.

6. Me refiero a la necesidad de una hermenéutica de la continuidad con referencia también a una correcta lectura del desarrollo litúrgico después del Concilio Vaticano II: cf. Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 44-45.

7. Cf. AAS 97(2005), 337-352.

8. Cf. Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 octubre 2004): L’Osservatore Romano (15 octubre 2004), Suplemento.

9. Cf. AAS 95(2003), 433-475. Recuérdese también la Instrucción de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos Redemptionis Sacramentum (25 marzo 2004): AAS 96 (2004), 549-601, querida expresamente por Juan Pablo II.

10. Por recordar sólo los principales: Concilio de Trento, Doctrina et canones de ss. Missae sacrificio: DS 1738-1759; León XIII, encíclica Mirae caritatis (28 mayo 1902): ASS (1903), 115-136, 115-136; Pío XII, encíclica Mediator Dei (20 noviembre 1947): AAS 39 (1947), 521-595; Pablo VI, encíclica Mysterium fidei (3 septiembre 1965): AAS 57 (1965), 753-774; Juan Pablo II, encíclica Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003): AAS 95 (2003), 433-475; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucciones Eucharisticum mysterium (25 mayo 1967): AAS 59 (1967), 539-573; y Liturgiam authenticam (28 marzo 2001): AAS 93 (2001), 685-726.

11. Cf. Propositio 1.

12. N.14: AAS 98 (2006), 229.

13. Catecismo de la Iglesia Católica, 1327.

14. Propositio 16.

15. Homilía en la Misa de toma de posesión de la Cátedra de Roma (7 mayo 2005): AAS 97 (2005), 752.

16. Cf. Propositio 4.

17. De Trinitate, VIII, 8, 12: CCL 50, 287.

18. Encíclica Deus caritas est (25 diciembre 2005), 12: AAS 98 (2006), 228.

19. Cf. Propositio 3.

20. Breviario Romano, Himno en el Oficio de lectura de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

21. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 13: AAS 98 (2006), 228.

22. Homilía en la explanada de Marienfeld (21 agosto 2005): AAS 97 (2005), 891-892.

23. Cf. Propositio 3.

24. Cf. Misal Romano, Plegaria Eucarística IV.

25. Catequesis XXIII, 7: PG 33, 1114s.

26. Cf. Sobre el sacerdocio, VI, 4: PG 48, 681.

27. Ibíd., III, 4: PG 48, 642.

28. Propositio 22.

29. Cf. Propositio 42: «Este encuentro eucarístico se realiza en el Espíritu Santo que nos transforma y santifica. Él despierta en el discípulo la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que se ha escuchado y vivido, para acompañarlos al mismo encuentro con Cristo. De este modo, el discípulo, enviado por la Iglesia, se abre a una misión sin fronteras».

30. Cf. Concilio Vaticano II, constitución Lumen gentium, 3; véase, por ejemplo, san Juan Crisóstomo, Catequesis 3, 13-19: SC 50,174-177.

31. Ecclesia de Eucharistia, 1.

32. Ibíd., 21.

33. Cf. Juan Pablo II, encíclica Redemptor hominis (4 marzo 1979), 20: AAS 71 (1979), 309-316; carta apostólica Dominicae Cenae (24 febrero 1980), 4: AAS 72 (1980), 119-121.

34. Cf. Propositio 5.

35. Cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q.80, a.4.

36. N. 38.

37. Lumen gentium, 23.

38. Congregación para la Doctrina de la Fe, carta Communionis notio (28 mayo 1992), 11: AAS 85 (1993), 844-845.

39. Propositio 5: «El término católico expresa la universalidad que proviene de la unidad que la Eucaristía, que se celebra en cada Iglesia, favorece y edifica. En la Eucaristía, las Iglesias particulares tienen el papel de hacer visible en la Iglesia universal su propia unidad y su diversidad. Esta relación de amor fraterno deja entrever la comunión trinitaria. Los concilios y los sínodos expresan en la Historia este aspecto fraterno de la Iglesia».

40. Cf. ibíd.

41. Decreto Presbyterorum Ordinis, 5.

42. Cf. Propositio 14.

43. Lumen gentium, 1.

44. De Orat. Dom., 23: PL 4, 553.

45. Lumen gentium, 48; cf. también ibíd., 9.

46. Cf. Propositio 13.

47. Cf. Lumen gentium, 7.

48. Cf. ibíd., 11; Concilio Vaticano II, decreto Ad gentes, 9.13.

49. Cf. Dominicae Cenae, 7; Presbyterorum Ordinis, 5.

50. Cf. Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, can.710.

51. Cf. Rito de la iniciación cristiana de los adultos, Introducción general, nn. 34-36.

52. Cf. Rito del Bautismo de los niños, Introducción, nn. 18-19.

53. Cf. Propositio 15.

54. Cf. Propositio 7; Ecclesia de Eucharistia, 36.

55. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 diciembre 1984), 18: AAS 77 (1985), 224-228.

56. Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 1385.

57. A este respecto, se puede pensar en el Confiteor o en las palabras del sacerdote y de la asamblea antes de acercarse al altar: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». La liturgia prevé justamente algunas oraciones muy bellas para el sacerdote, transmitidas por la tradición y que le recuerdan la necesidad de ser perdonado, como, por ejemplo, las que se pronuncian en voz baja antes de invitar a los fieles a la comunión sacramental: «Líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de Ti».

58. Cf. san Juan Damasceno, Sobre la recta fe, IV, 9: PG 94, 1124C; san Gregorio Nacianceno, Discurso 39, 17: PG 36, 356A; Concilio de Trento, Doctrina de sacramento paenitentiae, cap. 2: DS 1672.

59. Cf. Lumen gentium, 11; Reconciliatio et paenitentia, 30.

60. Cf. Propositio 7.

61. Cf. Juan Pablo II, Motu proprio Misericordia Dei (7 abril 2002): AAS 94 (2002), 452-459.

62. Junto con los Padres sinodales, recuerdo que las celebraciones penitenciales no sacramentales, mencionadas en el Ritual del sacramento de la Reconciliación, pueden ser útiles para aumentar el espíritu de conversión y de comunión en las comunidades cristianas, preparando así los corazones a la celebración del sacramento: cf. Propositio 7.

63. Cf. Código de Derecho Canónico, can.508.

64. Pablo VI, Constitución Indulgentiarum doctrina (1 enero 1967), Normae, n.1: AAS 59 (1967), 21.

65. Ibíd., 9: AAS 59 (1967), 18-19.

66. Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 1499-1531.

67. Ibíd., 1524.

68. Cf. Propositio 44.

69. Cf. Sínodo de los Obispos, II Asamblea General, Documento sobre el sacerdocio ministerial Ultimis temporibus (30 noviembre 1971): AAS 63 (1971), 898-942.

70. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 42-69: AAS 84 (1992), 729-778.

71. Cf. Lumen gentium, 10; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunas cuestiones concernientes al ministro de la Eucaristía Sacerdotium ministeriale (6 agosto 1983): AAS 75 (1983), 1001-1009.

72. Catecismo de la Iglesia católica, 1548.

73. Ibíd., 1552.

74. Cf. In Iohannis Evangelium Tractatus 123, 5.

75. Cf. Propositio 11.

76. Cf. Presbyterorum Ordinis, 16.

77. Cf. Juan XXIII, encíclica Sacerdotii nostri primordia (1 agosto 1959): AAS 51 (1959), 545-579; Pablo VI, encíclica Sacerdotalis coelibatus (24 junio 1967): AAS 59 (1967), 657-697; Pastores dabo vobis, 29; Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2006): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (29 diciembre 2006), 7.

78. Cf. Propositio 11.

79. Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Optatam totius, 6; Código de Derecho Canónico, can.241, §1 y can.1029; Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, can.342, §1 y can.758; Pastores dabo vobis, 11.34.50; Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros Dives Ecclesiae (31 marzo 1994), 58: LEV, 1994, 56-58; Congregación para la Educación Católica, Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional sobre las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión al Seminario y a las Órdenes sagradas (4 noviembre 2005): AAS 97 (2005), 1007-1013.

80. Cf. Propositio 12; Pastores dabo vobis, 41.

81. Lumen gentium, 29.

82. Cf. Propositio 38.

83. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Familiaris consortio (22 noviembre 1981), 57: AAS 74 (1982), 149-150.

84. Carta apostólica Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 26: AAS 80 (1988), 1715-1716.

85. Catecismo de la Iglesia católica, 1617.

86. Cf. Propositio 8.

87. Cf. Lumen gentium, 11.

88. Cf. Propositio 8.

89. Cf. Mulieris dignitatem; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo (31 mayo 2004): AAS 96 (2004), 671-687.

90. Cf. Propositio 9.

91. Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 1640.

92. Cf. Familiaris consortio, 84; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar «Annus Internationalis Familiae» (14 septiembre 1994): AAS 86 (1994), 974-979.

93. Cf. Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Instrucción sobre las normas que han de observarse en los tribunales eclesiásticos en las causas matrimoniales Dignitas connubii (25 enero 2005), Ciudad del Vaticano, 2005.

94. Cf. Propositio 40.

95. Discurso al Tribunal de la Rota Romana con ocasión de la inauguración del año judicial (28 enero 2006): AAS 98 (2006), 138.

96. Cf. Propositio 40.

97. Cf. ibíd.

98. Cf. ibíd.

99. Cf. Lumen gentium, 48.

100. Cf. Propositio 3.

101. A este propósito, quisiera recordar las palabras llenas de esperanza y de consuelo de la Plegaria eucarística II: «Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro».

102. Cf. Homilía (8 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 15-16.

103. Lumen gentium, 58.

104. Propositio 4.

105. Relatio post disceptationem, 4: L’Osservatore Romano (14 octubre 2005), 5.

106. Cf. Serm. 1, 7; 11, 10; 22, 7; 29, 76: Sermones dominicales ad fidem codicum nunc denuo editi, Grottaferrata, 1977, pp.135, 209s., 292s., 337; Benedicto XVI, Mensaje a los Movimientos eclesiales y a las Nuevas comunidades (22 mayo 2006): AAS 98 (2006), 463.

107. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, 22.

108. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Dei Verbum, 2.4.

109. Propositio 33.

110. Sermo 227, 1: PL 38, 1099.

111. San Agustín, In Iohannis Evangelium Tractatus, 21, 8.

112. Ibíd., 28,1: PL 35, 1622.

113. Cf. Propositio 30. La santa misa que la Iglesia celebra durante la semana, y a la que se invita a los fieles a participar, tiene también su paradigma en el Día del Señor, el día de la resurrección de Cristo; Propositio 43.

114. Cf. Propositio 2.

115. Cf. Propositio 25.

116. Cf. Propositio 19. La Propositio 25 especifica: «Una auténtica acción litúrgica expresa la sacralidad del Misterio eucarístico. Ésta debería reflejarse en las palabras y las acciones del sacerdote celebrante mientras intercede ante Dios, tanto con los fieles como por ellos».

117. Ordenación General del Misal Romano, 22; cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 41; Redemptionis Sacramentum, 19-25.

118] Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Christus Dominus, 14; Sacrosanctum Concilium, 41.

119. Ordenación General del Misal Romano, 22.

120. Cf. ibíd.

121. Cf. Propositio 25.

122. Cf. Sacrosanctum Concilium, 112-130.

123. Cf. Propositio 27.

124. Cf. ibíd.

125. Con referencia a estos aspectos, es necesario atenerse fielmente a lo establecido en la Ordenación General del Misal Romano, 319-351.

126. Cf. Ordenación General del Misal Romano, 39-41; Sacrosanctum Concilium, 112-118.

127. Sermo 34, 1: PL 38, 210.

128. Cf. Propositio 25: «Como todas las expresiones artísticas, también el canto debe armonizarse íntimamente con la liturgia y contribuir eficazmente a su finalidad, es decir, ha de expresar la fe, la oración, la admiración y el amor a Jesús presente en la Eucaristía».

129. Cf. Propositio 29.

130. Cf. Propositio 36.

131. Cf. Sacrosanctum Concilium, 116; Ordenación General del Misal Romano, 41.

132. Ordenación General del Misal Romano, 28; cf. Sacrosanctum Concilium, 56; Eucharisticum Mysterium, 3.

133. Cf. Propositio 18.

134. Ibíd.

135. Ordenación General del Misal Romano, 29.

136. Cf. Juan Pablo II, encíclica Fides et ratio (14 septiembre 1998), 13: AAS 91 (1999), 15-16.

137. San Jerónimo, Comm. in Is., Prol.: PL 24, 17; cf. Dei Verbum, 25.

138. Cf. Propositio 31.

139. Cf. Ordenación General del Misal Romano, 29; Sacrosanctum Concilium, 7.33.52.

140. Propositio 19.

141. Cf. Sacrosanctum Concilium, 52.

142. Cf. Dei Verbum, 21.

143. Para este fin, el Sínodo ha exhortado a elaborar elementos pastorales basados en el leccionario trienal, que ayuden a unir intrínsecamente la proclamación de las lecturas previstas con la doctrina de la fe: cf. Propositio 19.

144. Cf. Propositio 20.

145. Ordenación General del Misal Romano, 78.

146. Cf. ibíd. 78-79.

147. Cf. Propositio 22.

148. Ordenación General del Misal Romano, 79d.

149. Ibíd. 79c.

150. Teniendo en cuenta costumbres antiguas y venerables, así como los deseos manifestados por los Padres sinodales, he pedido a los Dicasterios competentes que estudien la posibilidad de colocar el rito de la paz en otro momento, por ejemplo, antes de la presentación de las ofrendas en el altar. Por lo demás, dicha opción recordaría de manera significativa la amonestación del Señor sobre la necesidad de reconciliarse antes de presentar cualquier ofrenda a Dios (cf. Mt 5, 23s.): cf. Propositio 23.

151. Cf. Redemptionis Sacramentum, 80-96.

152. Cf. Propositio 34.

153. Cf. Propositio 35.

154. Cf. Propositio 24.

155. Cf. Sacrosanctum Concilium, 14-20; 30s.; 48s.; Redemptionis Sacramentum, 36-42.

156. N.48.

157. Ibíd.

158. Cf. Congregación para el Clero y otros Dicasterios de la Curia Romana, Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes Ecclesiae de mysterio (15 agosto 1997): AAS 89 (1997), 852-877.

159. Cf. Propositio 33.

160. Ordenación General del Misal Romano, 92.

161. Cf. ibíd., 94.

162. Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, 24; Ordenación General del Misal Romano, nn.95-111; Redemptionis Sacramentum, 43-47; Propositio 33: «Se han de introducir estos ministerios de acuerdo con un mandato específico y las exigencias reales de la comunidad que celebra. Las personas encargadas de estos servicios litúrgicos laicales han de ser elegidas con mucha atención, bien preparadas y acompañadas con una formación permanente. Su nombramiento ha de ser temporal. Dichas personas deben ser conocidas por la comunidad y recibir de ella el debido reconocimiento».

163. Cf. Sacrosanctum Concilium, 37-42.

164. Cf. nn.386-399.

165. AAS 87 (1995), 288-314.

166. Cf. Exhortaciones apostólicas postsinodales Ecclesia in Africa (14 septiembre 1995), 55-71; Ecclesia in America (22 enero 1999), 16.40.64.70-72; Ecclesia in Asia (6 noviembre 1999), 21s.; Ecclesia in Oceania (22 noviembre 2001), 16; Ecclesia in Europa (28 junio 2003), 58- 60.

167. Cf. Propositio 26.

168. Cf. Propositio 35; Sacrosanctum Concilium, 11.

169. Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 1388; Sacrosanctum Concilium, 55.

170. Cf. Ecclesia de Eucharistia, 34.

171. Así, por ejemplo, santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q.80, a.1,2; santa Teresa de Jesús, Camino de perfección, cap. 35. La doctrina ha sido confirmada con autoridad por el Concilio de Trento, sess.XIII, c.VIII.

172. Cf. Juan Pablo II, encíclica Ut unum sint (25 mayo 1995), 8: AAS 87 (1995), 925-926.

173. Cf. Propositio 41; Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, 8.15; Ut unum sint, 46; Ecclesia de Eucharistia, 45-46; Código de Derecho Canónico, can.844 §§3-4; Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, can.671 §§3-4; Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, Directoire pour l’application des principes et des normes sur l’oecuménisme (25 marzo 1993), 125, 129-131: AAS 85 (1993), 1087, 1088-1089.

174. Cf. nn.1398-1401.

175. Cf. n.293.

176. Cf. Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, Instrucción sobre las Comunicaciones sociales, en el 20º aniversario de la Communio et progressio, Aetatis novae (22 febrero 1992): AAS 84 (1992), 447-468.

177. Cf. Propositio 29.

178. Cf. Propositio 44.

179. Cf. Propositio 48.

180. Este conocimiento se puede adquirir también en los años de formación de los candidatos al sacerdocio en el seminario mediante iniciativas apropiadas: cf. Propositio 45.

181. Cf. Propositio 37.

182. Cf. Sacrosanctum Concilium, 36.54.

183. Propositio 36.

184. Cf. ibíd.

185. Cf. Propositio 32.

186. Cf. Propositio 14.

187. Propositio 19.

188. Cf. Propositio 14.

180. Cf. Homilía en las primeras Vísperas de Pentecostés (3 junio 2006): AAS 98 (2006), 509.

190. Cf. Propositio 34.

191. Enarrationes in Psalmos 98,9: CCL XXXIX 1385; cf. Discurso a la Curia Romana (22 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 44-45.

192. Cf. Propositio 6.

193. Discurso a la Curia Romana, ibíd.

194. Cf. Propositio 6; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y liturgia (17 diciembre 2001), nn.164-165, Ciudad del Vaticano 2002; Eucharisticum Mysterium.

195. Cf. Relatio post disceptationem, 11.

196. Cf. Propositio 28.

197. Cf. n.314.

198. VII, 10, 16: PL 32, 742.

199. Homilía en la Explanada de Marienfeld, (21 agosto 2005); cf. Homilía en la Vigilia de Pentecostés (3 junio 2006).

200. Cf. Relatio post disceptationem, 6,47; Propositio 43.

201. De civitate Dei, X, 6: PL 41, 284.

202. Cf. Catecismo de la Iglesia católica, 1368.

203. Cf. san Ireneo, Contra las herejías IV, 20, 7: PG 7, 1037.

204. A los Magnesios, 9,1-2: PG 5, 670.

205. Cf. I Apología 67, 1-6; 66: PG 6, 430s. 427.430.

206. Cf. Propositio 30.

207. Cf. AAS 90 (1998), 713-766.

208. Propositio 30.

209. Homilía (19 marzo 2006): AAS 98 (2006), 324.

210. Señala a este respecto el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 258: «El descanso abre al hombre, sujeto a la necesidad del trabajo, la perspectiva de una libertad más plena, la del Sábado eterno (cf. Hb 4, 9-10). El descanso permite a los hombres recordar y revivir las obras de Dios, desde la Creación hasta la Redención, reconocerse a sí mismos como obra suya (cf. Ef 2, 10), y dar gracias por su vida y su subsistencia a Él, que de ellas es el Autor».

211. Cf. Propositio 10.

212. Cf. ibíd.

213. Cf. Discurso a los obispos de la conferencia episcopal de Canadá-Quebec en visita ad limina Apostolorum (11 mayo 2006): L’Osservatore Romano (12 mayo 2006), 5.

214. N.10: AAS 71(1979), 414-415.

215. Audiencia General del 29 marzo de 2006: L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (31 marzo 2006), 16.

216. Propositio 39.

217. Cf. Relatio post disceptationem, 30.

218. Cf. Lumen gentium, 39-42.

219. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 14.16: AAS 81 (1989), 409-413; 416-418.

220. Cf. Propositio 39.

221. Cf. ibíd.

222. Pontifical Romano. Ordenación del obispo, de presbíteros y de diáconos, Rito de la ordenación del presbítero, n.150.

223. Cf. Pastores dabo vobis,19-33; 70-81.

224. Propositio 38.

225. Propositio 39. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 95: AAS 88 (1996), 470-471.

226. Código de Derecho Canónico, can.663, §1.

227. Cf. Vita consecrata, 34.

228. Encíclica Veritatis splendor (6 agosto 1993), 107: AAS 85 (1993), 1216-1217.

229. Deus caritas est, 14.

230. Cf. Juan Pablo II, encíclica Evangelium vitae (25 marzo 1995): AAS 87 (1995), 401-522; Benedicto XVI, Discurso a un congreso organizado por la Academia Pontificia para la Vida (27 febrero 2006): AAS 98 (2006), 264-265.

231. Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunas cuestiones con respecto al comportamiento de los católicos en la vida política (24 noviembre 2002): AAS 95 (2004), 359-370.

232. Cf. Propositio 46.

233. AAS (2005), 711.

234. Propositio 42.

235. Cf. Martirio de Policarpo, XV, 1: PG 5, 1039. 1042.

236. A los Romanos, IV,1: PG 5, 690.

237. Cf. Lumen gentium, 42.

238. Cf. Propositio 42; Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia Dominus Iesus (6 agosto 2000), 13-15: AAS 92 (2000), 754-755.

239. Cf. Propositio 42.

240. Deus caritas est, 18.

241. Ibíd., 14 .

242. Durante la Asamblea sinodal hemos escuchado conmovidos testimonios muy significativos acerca de la eficacia del Sacramento en la obra de pacificación. Se afirma al respecto en la Propositio 49: «Gracias a las celebraciones eucarísticas, pueblos en conflicto se han podido reunir alrededor de la Palabra de Dios, escuchar su anuncio profético de reconciliación a través del perdón gratuito, recibir la gracia de la conversión que permite la comunión en el mismo pan y en el mismo cáliz».

243. Cf. Propositio 48.

244. Deus caritas est, 28.

245. Propositio 48.

246. Discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (9 enero 2006), 28: AAS 98 (2006), 127.

247. Ibíd.

248. Cf. Propositio 48. A este respecto es muy útil el Compendio de la doctrina social de la Iglesia.

249. Cf. Propositio 43.

250. Cf. Propositio 47.

251. Cf. Propositio 17.

252. Acta SS. Saturnini, Dativi et aliorum plurimorum martyrum in Africa, 7.9.10: PL 8, 707.709-710.

253. Cf. Ecclesia de Eucharistia, 53.

254. Plegaria Eucarística I (Canon Romano).

255. Propositio 50.

256. Cf. Homilía (8 diciembre 2005): AAS 98 (2006), 15.