600 muertos por derrumbes en las minas de coltán de R. D. Congo en poco más de un mes
La zona minera de Rubaya se encuentra en manos de los rebeldes del M23 pero el Gobierno lucha por recuperarla para ofrecer a Estados Unidos la explotación de sus minerales a cambio de ayuda militar
Al menos 600 personas han muerto desde finales de enero en la zona minera de Rubaya, en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC). La causa ha sido, en todos los casos, deslizamientos de tierra causados por las fuertes lluvias en las minas. A 400 muertos en dos accidentes los días 28 y 29 de enero, se suman al menos otros 200 la semana pasada.
Sin embargo, aún prevalece cierta confusión al respeto. Así, la Agencia EFE habla de dos accidentes distintos: uno el martes con 200 muertos y otro este fin de semana en Gakombe, con 300.
Fuentes de la Iglesia en el país explicaban a este semanario que en realidad se trataba de una confusión periodística sobre un único caso. Sin embargo, el periodista congoleño Auguy Sadiki, que vive a pocos kilómetros de Rubaya, confirma que se trata de dos derrumbes pero que el balance total de fallecidos es de 200.
Entre ellos no se encuentran solo los mineros, sino familias que viven en los alrededores, declaró a EFE el coordinador de la sociedad civil de Masisi (donde está Rubaya), Telesphore Nitendike. «Más de 40 familias fueron arrastradas por estos deslizamientos de tierra, incluidos los propios mineros. Es trágico lo ocurrido, sobre todo porque las labores de rescate no fueron organizadas por especialistas», agregó.
Falta de organización
«Otro problema es que la búsqueda del último deslizamiento de tierra», el del 3 de marzo, «no ha terminado. Los cuerpos siguen enterrados entre los escombros. Esa es otra tragedia», recordó Nitendike. El líder de la sociedad civil deploró la falta de organización en la zona minera de Rubaya, ubicada en la provincia de Kivu del Norte y controlada por el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23).
La misma zona fue escenario el pasado 28 de enero de otro derrumbe provocado por la lluvia que causó la muerte de alrededor de 460 personas, entre ellas decenas de niños. Entonces, el Gobierno congoleño apenas cifró en 200 el número de víctimas mortales. Los accidentes mineros son frecuentes en el país, donde muchas minas se explotan de manera artesanal y sin seguir las regulaciones y medidas de seguridad.
El Ejecutivo congoleño denunció entonces un «sistema organizado de saqueo y explotación ilegal» de recursos naturales por parte del M23. Subrayó que las autoridades nacionales impusieron «la prohibición de toda actividad de explotación» en la zona por motivos de seguridad antes de que los rebeldes tomaran control de este territorio.
El conflicto del este congoleño se agravó a finales de enero de 2025. El M23 tomó el control de Goma, capital de Kivu del Norte; y, semanas después, de Bukavu, capital de la vecina provincia de Kivu del Sur, tras combates con el Ejército congoleño. Esa zona es rica en minerales como el coltán, fundamentales para la industria tecnológica en la fabricación de teléfonos móviles.
Pago para Estados Unidos
La importancia de las minas de Rubaya se demuestra queda patente por el hecho de que, según la agencia Fides, es una de las áreas mineras ofrecidas por el Gobierno congoleño a la Administración Trump dentro de un acuerdo para prestar ayuda militar a las fuerzas armadas congoleñas (FARDC). A cambio, Estados Unidos podrá tener acceso a minerales estratégicos para su industria militar y civil.
En Rubaya se concentra aproximadamente el 15 % de la producción mundial de coltán, totalmente extraído a mano de los habitantes locales que ganan unos pocos dólares al día. Se calcula que para poder explotar industrialmente el sitio minero se necesitan de 50 a 150 millones de dólares de inversiones.
Sin embargo, antes de ceder su explotación a empresas estadounidenses, Kinsasa debe primero recuperar el control de las minas de manos del M23. La ofensiva para ello está dirigida por los miembros de las milicias progubernamentales de Wazalando y comenzó el 20 de febrero.